«O ens salvem tots o no se salva ningú»

Entrevista a Xavier Soler

Xavier Soler

Doctor en Ciencias Geológicas (UB), ha trabajado como profesor en la UAB. Ha hecho trabajos de campo en ordenación del territorio y recursos geológicos. También es arquitecto naval. Ha escrito una novela, La montaña del cardenal (Editorial La Cepa y la Nansa), y numerosos artículos sobre cuestiones medioambientales. Ahora o nunca (Icaria Editorial) es el título del libro que acaba de editar. Forma parte de Greenpeace.

¿Cómo se puede resumir el panorama medioambiental, después de la cumbre de Glasgow?

No se esperaba que Glasgow fuera mucho más del que ha estado, porque hay una enorme cantidad de problemas geoestratégicos que impedían que esta cumbre acabara con una definición clara de lo que había que hacer. Ya sabíamos, en fin, que sería un poco un fracaso. Las cumbres climáticas han sido un desastre, en general, porque se ha ido evolucionando a peor. No ha existido una línea de compromiso clara de los países. Había intereses particulares y no se ha conseguido tomar ninguna decisión seria, y sí muchas oportunidades perdidas. La situación actual es muy grave, porque nos estamos separando muchísimo, y a gran velocidad, de los objetivos de París.

¿A quién le toca ponerse a trabajar más para hacer frente al cambio climático?

En la cumbre de París, el IPCC dejó claro que necesitábamos controlar las emisiones de los gases de efecto invernadero para conseguir que la temperatura no subiera más de un grado y medio, máximo dos. Dadas las condiciones actuales de consumo y emisiones, nos vamos de cuatro a seis grados, cosa que provocará un caos climático. Esto lo tenemos que tener claro, todos. O reducimos emisiones a nivel global, o esto es imposible de arreglar. Todas las noticias sobre transiciones energéticas alternativas no solucionan el problema. En parte lo agravian. La única solución es un cambio radical de modelo de vida; una reducción del consumo, por parte de la población. Ni los políticos, ni los científicos (que ya han dicho lo que tenían que decir), ni los Estados lo resolverán.

¿Continúa habiendo “primos de Rajoy” que, a estas alturas, continúan negando el cambio climático?

Muchos más de los que creemos, y hasta cierto punto todos somos un poco negacionistas, porque nuestro cerebro se niega a aceptar una cosa que no le conviene en absoluto. Pero, sea como fuere, se trata de cambiar de modelo porque, sencillamente, no se puede seguir con el que tenemos. No podemos vivir del mismo modo que lo estamos haciendo. Cuando hablamos de superar el capitalismo, estamos diciendo una cosa muy gorda. La gente sigue identificándose con el Estado del bienestar, encontrar trabajo, el futuro de sus hijos… Esto lo tenemos absolutamente asumido. Parece que no podamos vivir de una manera diferente. Cosa que sin duda podemos hacer. Pero tenemos que trabajar, afrontar las cosas con responsabilidad, porque no hay ninguna otra salida. Y, además, seguro que viviríamos mejor. El modelo actual se está agotando, la gente no es feliz. El cambio climático también puede ser una gran oportunidad para vivir mejor.

Las mismas Naciones Unidas dicen que el cambio climático supone la violación intergeneracional de derechos humanos más grande de la historia…

La injusticia climática es precisamente uno de los principales problemas del cambio climático. La covid lo ha puesto de manifiesto. De entrada, o nos salvamos todos o no se salva nadie. Tenemos una visión del mundo muy cómoda, en un espacio occidental civilizado, con cultura, tecnología… Nos hemos olvidado del resto del planeta, y esto es un peligro terrible con la globalización. Sencillamente, no podremos seguir viviendo a la manera occidental y dejar que el resto del mundo esté como está. Entre otras cosas, porque, según la ONU habrá mil millones de refugiados climáticos en veinte años, si las cosas siguen como hasta ahora. Una sexta parte de la población del mundo se verá obligada a desplazarse por las olas de calor. Esto hay que pararlo, también planificando la natalidad. En el Tercer Mundo, para vivir una sola persona se pueden necesitar diez hijos: las niñas a la prostitución y los niños a la mina, a seis años. Han sido expoliados, vivimos a expensas de ellos, y ahora resulta que no pueden contaminar. Las sequías, las hambres, las olas de calor, etc., en el mundo pobre son consecuencia de lo que hemos hecho en Occidente.

¿Seguimos aferrados al “campe quién pueda”, pensando que los occidentales, por el solo hecho de serlo, estamos inmunizados?

Esta es una visión cortoplacista de nuestro mundo. El primer error es pensar que la tecnología nos salvará. Con la mejor tecnología no pararemos la erupción del volcán de la Palma, ni el calor acumulado en los océanos, ni el dióxido de carbono de la atmósfera… Tenemos una idea de la tecnología completamente falsa. Todos somos vulnerables. El que piensa que está en el mundo occidental y que con esto se salvará, se equivoca del todo. El cambio climático es un problema absolutamente de todo el planeta. Afecta a todo el mundo y cambiará nuestros hábitos de vida. Si no partimos de esta concepción y empezamos a resolver los desequilibrios, esto irá mucho más rápido, y puede acabar con violencia.

La violencia contra los emigrantes ya está aquí, de la mano de partidos xenófobos, de extrema derecha…

Están sacando un rédito político de la situación, como los que tienen el dinero en paraísos fiscales por no pagar impuestos. Quieren que todo siga igual, pero se equivocan, porque de esta crisis también saldrán perjudicados ellos. De momento, ya no se pueden pagar indemnizaciones medioambientales, ni hay compañías de seguros que quieran hacerse cargo de los riesgos. Vivas donde vivas, serás una víctima. En los EE. UU. están sufriendo temperaturas de 54 y 58 grados, y en Australia superiores a 50. Y ya no hablamos del Tercer Mundo.

¿La consecución de los derechos humanos no está siendo zarandeo, cuestionada, por la emergencia climática?

Es un tema delicado, porque mucha gente tiene interiorizados los derechos humanos como un tema personal, de libertad individual, para salir adelante y ser feliz. Evidentemente, una parte de esto nos ha permitido civilizarnos, salir de un estado de salvajismo y progresar. Pero también hay algo que se ha convertido en literatura. A los partidos políticos se los llena la boca hablando de derechos, pero a la hora de la verdad no se protegen estos derechos o, al menos, no se hace bastante para que los derechos se conviertan en hechos. El derecho principal es el derecho a la vida, más allá de la cultura, la educación… El derecho a sobrevivir, porque estamos masacrando el Tercer Mundo. Lo que pasa es que hemos inventado muchas palabras que no están en la naturaleza: libertad, justicia, democracia… Aun así, esto no nos ha hecho más resistentes. Un vegetal puede vivir de la luz del sol, directamente. Cosa que nosotros no podemos hacer, y nos hemos situado como reyes de la creación. El antropocentrismo lo llevamos adentro. Nos creemos que nos han dado un planeta para explotarlo y destruirlo.

¿Cuándo hablamos del derecho a la salud, al agua potable (la cual les falta a 1.100 millones de personas), a la alimentación…, y se contrasta con una realidad que va a peor, entre otras cosas por el cambio climático, no está fallando algo?

En las religiones primitivas se respetaban las piedras, el agua…, pero cuando de la religión se ha hecho un ejercicio de poder, ha perdido sentido. Los populismos dividen el mundo entre buenos y malos, cosa que no es así, porque el bien y el mal van juntos. Sin embargo, esto no lo queremos escuchar. Por el contrario, nos gusta creer que somos víctimas de un sistema que nos está llevando al desastre, sin pensar en la responsabilidad de cada cual en el asunto. Las petroleras, el sistema financiero, Franco… Siempre víctimas. Esto tiene una terrible fuerza y se ha utilizado muchísimo. Esta es una parte del drama de nuestra civilización, y es lo que ha pasado en Cataluña. No podemos hacer estos discursos simplificadores de buenos y malos, porque no es verdad. Aquel que dice que con Franco nos iba mejor, hasta cierto punto es verdad, porque era la justificación por no hacer nada, porque teníamos alguien malo, muy malo, encima.

¿O sea que, además de obligarnos a hacer frente a factores objetivos, el cambio climático supone una lucha política, ideológica, cultural…, contra la contaminación, digamos, intelectual?

Justamente esta es una parte gravísima del problema. Cuesta entender que se siga votando mayoritariamente gente como Bolsonaro o Trump, que son un ejemplo de lo peor del género humano. Esto es lo que nos tenemos que hacer mirar. Y hay una cosa de la cual no hemos hablado, que es el miedo. El miedo tiene una enorme fuerza y es el que está llevando la gente a refugiarse en estas falsas seguridades de los populismos, a prometer cosas que se sabe que no se cumplirán… Pero lo peor que nos puede pasar es que perdemos absolutamente la esperanza.

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