República digital bananera

En su libro El 5º poder, Jordi Puigneró imaginó el año pasado una Cataluña digital en forma de república y aseveraba, o será así o no será. Él mismo ponía luz a la oscuridad cuando aclaraba que no se trata del guion de un nuevo episodio de Black Mirror o de una nueva entrega de Matrix. Visto cómo está el patio, cualquier precisión es necesaria. Para afrontar el reto, mayúsculo, el ahora vicepresidente del Govern apuntaba entonces que hay que estar tecnopreparados.

Desde entonces y por el momento, no parece la tecnología catalana preparada para afrontar grandes retos. Puigneró también decía que «hoy las guerras se libran en internet». Pues nosotros ya hemos perdido unas cuantas batallas. Hace poco más de un año se colapsaba la página web de la Generalitat cuando miles de autónomos acudieron a ella para solicitar las ayudas por la covid. Y ahora, un tsunami de vacunados ha colapsado La Meva Salut con la urgencia de descargarse el pasaporte covid, aquel que permite el libre tráfico por bares y restaurantes del país. De por medio, episodios de ciberataques a universidades y errores informáticos en la T-Mobilitat. Así no se ganan las guerras.

El colmo de la desvergüenza es que, ante el colapso de La Meva Salut, Puigneró haya culpado al usuario del revuelo. Habla de un «volumen inesperado de gente» y lo remacha afirmando que «no podíamos pensar que mucha gente que ya se había descargado el pasaporte covid lo volvería a hacer». ¿De verdad que nadie podía prever el alud de solicitudes o de obstáculos que surgirían? Así, la urgencia del certificado covid para entrar a bares, restaurantes, gimnasios y residencias para tratar de frenar el aumento de contagios tuvo que aplazarse una semana para descongestionar el sistema. Tan urgente no sería…

A ver, si no somos capaces de organizar una descarga de certificados o unas solicitudes de ayudas sin que se colapse el sistema, quizá tendremos que aplazar sine die una revolución a la que, desengañémonos, no parecemos preparados tecnológicamente. Todo ello me recuerda la promesa de las estructuras de estado, que debíamos tener listas para afrontar la mañana siguiente al 1 de octubre. ¿Alguien las ha visto? Pues eso. Para optar a la república digital habrá que demostrar al menos ciertas capacidades tecnológicas que, de momento, Cataluña no ha verificado, justo lo contrario. Antes de multiplicar, es necesario aprender a sumar. De momento, nuestra relación con la tecnología me recuerda más a un monólogo de Gila (¿Está la república digital? Que se ponga…) que a una nueva entrega de Matrix.

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