No hay historia muda

Eduardo Galeano publicó “Patas arriba” el 1 de diciembre de 1998.  Un resumen de artículos sobre diferentes aspectos de la vida y la actualidad social y política en los países sudamericanos. La premisa esgrimida a través de su inconfundible estilo entre el ensayo, la poesía y la crónica, es clara: el mundo está patas arriba. Cerca de la frontera mental que no real que suponía el cambio de milenio, Galeano dibuja con precisión y una visión preclara de la realidad el mundo tal cual es “con la izquierda a la derecha, el ombligo en la espalda y la cabeza en los pies”.

Recién termino su lectura con la pequeña brizna de ansiedad que me provoca la certeza de ser incapaz de asumir todos los aprendizajes que se desprenden de cada una de sus palabras. Reflexiones imprescindibles sobre la sociedad de consumo, lo justo y lo injusto, el racismo, el machismo y una gran máxima que se muestra cuando Galeano nos hace entender que la verdadera fuerza que otorga el poder no es otra que la impunidad.

Recién lo término y no dejo de pensar que en 22 años de posteridad a sus sabías letras, lejos de avanzar, aprender, modificar, mejorar o evolucionar seguimos patas arriba, con la salvedad que probablemente ya hemos perdido capacidad de distinguir las patas de la misma cabeza.

Teníamos las pistas para conseguirlo. Hace 22 años, Galeano ya dibujaba el perfil desagradable de un mundo en el que la empresa de pantalones vaqueros “Diesel” osaba publicar en Argentina un anuncio dónde sobre la imagen de un montón de jóvenes atados a diques de cemento bajo el mar rezaba la frase “no serán tus primeros tejanos, pero puede que sean los últimos, al menos deja un bonito cadáver”. Argentina, donde los militares de la dictadura o “Proceso de reorganización nacional” (1976-1983),  llamaban “traslados” a lo que después se conoció como “vuelos de la muerte”, donde aviones de las fuerzas armadas arrojaban a personas contrarias al régimen al Río de la Plata o al mar, tras haberlas drogado. Un plan sistemático de exterminio en el que se calcula hicieron desaparecer a entre 1.500 y 3.000 personas. Entre ellas, varias de las madres de mayo, mujeres como Esther Ballestino, Azucena Villaflor o Maria Ponce de Bianco. Mujeres, madres, activistas que se reunían en la Plaza de Mayo reclamando respuesta a la desaparición de sus hijos e hijas. Algunas de ellas sufrieron el mismo destino, secuestradas, torturadas, y lanzadas al mar desde aviones. Cuando empezaron a aparecer los cuerpos, estaban destrozados por causa del impacto y comidos por los peces. No sé si era a eso a lo que se refería Diesel con “el bonito cadáver”; supongo que todo hubiese cambiado si ellas hubiesen llevado los tejanos adecuados.

A veces hablamos de progreso y sospecho que solo hemos logrado tirar hacia delante. Evolucionar es un arma de doble filo si la finalidad que buscas no pasa por la idea del bien y la virtud de la que hablaban Platón y Aristóteles; el bien como meta del alma humana. “Evolucionar” es, según la RAE, “una serie de transformaciones continuas que va experimentando la naturaleza y los seres que la componen”. Del mismo modo que “progreso” se define como “acción de ir hacia delante”, si bien acepta como segunda acepción “avance, adelanto, perfeccionamiento”.

Galeano habla de los puntos de vista: para el comerciante que solo busca lucrarse -dónde queda el bien común no es un misterio- progresar supondrá vender más trajes para ganar más dinero; para la niña que cose los botones de sus trajes en la India, quizás la palabra no tenga el mismo cariz.

Galeano termina el libro con “una pregunta” y nos interpela: “si el mundo está, como ahora está, patas arriba ¿no habrá que darlo vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?” . Mi respuesta a día de hoy no es alentadora.

Pero no quiero acabar sin dejar en el aire cierta esperanza. Pensando en que, quizás, sea posible un mundo mejor en el que el conocimiento y la reflexión suplan a la prisa, la vanidad y las emociones de usar y tirar. Un mundo empático y respetuoso con el prójimo pero sobretodo con uno/a mismo, porque normalmente somos nuestros primeros agraviados obviando lo realmente importante para alcanzar metas de un progreso banal y fútil.

Os lanzo a modo de resumen del camino que se debería seguir para lograr girar el mundo y recordar dónde estaba su cabeza y dónde sus pies, otra de las frases que contiene este libro imprescindible “¿La historia se repite? ¿O se repite sólo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla? No hay historia muda.

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