Alerta con las maniobras mediáticas de Piqué

Suplanta la capitanía de Busquets, se desmarca de Koeman cuando le conviene y una de sus empresas representa a Xavi

El jugador del Barça Gerard Piqué

Gerard Piqué sigue siendo, en esencia, un extraordinario defensa, único en la subida del balón, que ha perdido toda su velocidad y capacidad para el uno contra uno a campo abierto, carencia que suple con oficio y mucha inteligencia. Una factura que el tiempo, inevitablemente, pasa cuando juegas tantos años en la primera línea.

Estaba más que justificado, aunque no sea verdad, rebajarse el salario a su edad y con un contrato excesivo en cuanto a longevidad que, cuando lo firmó, desde luego no salió a denunciar en contra de la gestión de Josep Maria Bartomeu. En aquel momento no se le ocurrió, claro.

No tuvo la misma reacción, en cambio, cuando Bartomeu le negó entrar en la puja del Barça Corporate aplicando el código ético que impide hacer negocios con el Barça a los empleados. Desde entonces se convirtió en el mejor aliado de Joan Laporta y veremos si la nueva sociedad creada como Barça Studios no acaba, en parte, controlada de algún modo desde su amplio círculo empresarial.

“Bartomeu debe ser de los peores presidentes de la historia del Barça”, ha llegado a decir quien ha formado parte y ha sido protagonista tanto de los éxitos como el Triplete coronado en Berlín como de todas y cada una de las derrotas en la Champions que han marcado la decadencia inequívoca de un equipo que se ha hecho mayor y mucho menos competitivo.

Entre otros motivos o causas gracias al perpetuo homenaje de la directiva a él y a los de su edad, a base de contratos suntuosos en respuesta a los servicios prestados por esos futbolistas que, indudablemente, han formado parte del mejor equipo de todos los tiempos. Piqué es un claro ejemplo de esta filosofía, seguramente equivocada.

Gerard Piqué no ha sido siempre uno de los capitanes del equipo. Al contrario, su frivolidad, bromas y excesos junto a una personalidad, dentro del vestuario, mucho más voluble y desdibujada de lo que marcan las apariencias, le habían mantenido alejado de la capitanía hasta que casi solo por la edad le ha correspondido. Cuando llegó Mascherano, por ejemplo, le pasó por delante también con motivos de sobra, especialmente por exhibir una conducta ejemplar dentro y fuera del campo.

Ahora, en cambio, de pronto Piqué parece haber tomado el mando que le corresponde a Busquets, poco amigo de comparecencias ante lo que él califica de ‘farándula’ para referirse al circo mediático. Se ha camelado al capitán y también al presidente en un premeditado plan mediático a favor de sus propios intereses y negocios, que no todos dan el rédito esperado como la Copa Davis, la Supercopa de España, el Andorra y en conjunto sus operaciones de la mano de Rakuten, menos visible desde que la filial España está siendo investigada internamente por la central de Japón por presuntas irregularidades.

Eso, al margen de ese pronto por adquirir los derechos audiovisuales de la Ligue 1 donde juega Messi, una audacia acompañada de actuaciones estratégicas en la tele de Ibai Llanos o en La Sotana, medios desclasificados, pero hoy con una popularidad que nada tiene que ver con las esencias del barcelonismo.

De sus andanzas con el presidente, como ‘soplón’ del vestuario por decirlo de alguna manera, las malas lenguas le atribuyen una rebaja de salario más ficticia que real, pero aparentando haber sido el primer capitán en bajarse la ficha, aisladamente, buscando esa medalla por inscribir a Memphis, finalmente para que los socios pitaran a Sergi Roberto por el retraso en cerrar su adaptación a la “vida real”.

También se le adjudica directamente la continuidad de Umtiti, negociada mano a mano con Laporta por parte de Piqué ya que en la práctica es su representante, contra el criterio del propio Koeman.

En los últimos días, coincidiendo con los peores momentos de Koeman, ha sido cuando sospechosamente los medios han coincidido en la alternativa de Xavi Hernández, que ha subido enteros como sustituto, eso sí con la condición de que se le dé tiempo, una o dos temporadas, antes de exigirle resultados.

O sea, que venga para ilusionar con un proyecto completamente nuevo, como si Koeman estuviera aquí sólo pensando en sus cosas y no intentando materializar el relevo generacional que tanto necesita el equipo.

Lo de “sospechosamente” venía a cuento porque una empresa controlada por Piqué es la que ostenta la representación de Xavi, amigo y ex-compañero de Gerard, cuyo discurso ha cambiado radicalmente en unos días que parecen clave para el futuro de este vestuario.

En el punto en que ahora se ha alcanzado, tan crítico y tenso, Piqué salió a dar su versión de los hechos tras el empate ante el Granada (“Es lo que hay”) y luego tras el empate en Cádiz (“No visto la camiseta del Barça para quedar tercero o cuarto»), dos declaraciones aparentemente contradictorias que tienen además mucho que ver con un desmarque evidente respecto del mensaje de Koeman, realista y sincero, dejando muy claro que su equipo llegará hasta donde pueda en la Liga y en la Champions, pero desde luego sin etiquetarse como favorito.

Piqué, sin duda con una intención inequívoca, le ha venido a dar la puntilla a Koeman, poniendo de relieve su pesimismo y de alguna manera ese tono derrotista contra esa bravuconada suya un poco fuera de lugar y de contexto. Ese envite desafiante, diferenciándose del discurso del entrenador como diciendo “yo no voy por el mismo camino”, suena a mensaje coordinado con el presidente desde la plena consciencia de ambos de que el técnico holandés está sentenciado.

Un acto de servicio más de Piqué, sacando de boquilla, ahora y tarde, ese orgullo que, sin embargo, tanto se echa de menos en el campo, no sólo esta temporada, también la anterior y la otra, pues ese equipo que Piqué tanto defiende lleva dos años sin ganar la Liga y sólo ha llevado al ‘Museu’ una Copa del Rey.

El bajón más acusado de ese equipo se produjo coincidiendo con el relevo de Valverde, que fue una petición de la plantilla a Bartomeu, y se agudizó tras la reducción del 12% de las fichas, unilateralmente tomada por la directiva tras la explosión pandémica en el tramo final de la temporada 2019-20.

Para haber salido tan valientemente a reivindicar el prestigio, el valor, el orgullo y el honor de vestir la camiseta del FC Barcelona, Gerard Piqué debería haber recordado antes que su equipo quedó segundo la temporada 2019-20 y tercero la temporada 2020-21. ¿A cuento de qué ese repentino ataque de furia y no antes o en momentos de vergüenza barcelonista?

Parece evidente que, quien quiera que sea el entrenador en los partidos próximos, Koeman debe estar alerta y andarse con cuidado con las secuelas de los giros mediáticos de un capitán venido a más en los postmatch y a menos en el terreno de juego, como si con una cosa quisiera tapar la otra.

Si algo le traía sin cuidado a los barcelonistas después de no ganar en Cádiz era, desde luego, si Piqué está o no molesto o en desacuerdo con el mensaje de fondo de Koeman, y menos aún si no está dispuesto a seguir sin ganar títulos como antes. El problema con esta plantilla es que ya se ha probado casi todo, sin éxito, excepto separar las manzanas podridas del resto.

¿Recuerdan lo que dijo Piqué después del 8-2 contra el Bayern? Que si tenía que dar un paso al lado sería el primero en hacerlo. ¿Era una promesa, un compromiso u otra lección mediática en el ejercicio y demostración de un barcelonismo que cada vez parece tener más de fachada que de cimientos?

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