Una oportunidad de país

Cataluña es la única comunidad que no tiene una ley electoral propia. Esto, por sí solo, ya es una anomalía democrática. Desde 1980, los partidos mayoritarios no han tenido interés en hacer una nueva y, mientras tanto, se usa la ley española con una disposición adicional en el Estatuto.

El primer interesado en seguir con el statu quo fue Jordi Pujol. Convergència i Unió sacaba réditos electorales de la actual norma, en la que Barcelona está penalizada, como en cierto modo Tarragona, mientras que Lleida sale muy beneficiada. El voto rural, donde Pujol sacaba los mejores resultados, está sobredimensionado. Y esto lo sabe todo el mundo.

Solo ha habido dos intentos durante el último mandato de Pujol y otro durante la presidencia de Pasqual Maragall. Incluso, entonces se pusieron sobre la mesa de una ponencia parlamentaria diferentes modelos: desde la división por comarcas a la circunscripción única pasando por el sistema alemán de dos listas. Convergència i Unió era necesaria para aprobarlo y nunca lo permitió poniendo todas las trabas imaginables.

Ahora parece que desde Esquerra se quiere reactivar la elaboración de una ley electoral catalana. Por eso, la portavoz Marta Vilalta ya ha anunciado que los trabajos se harán en una ponencia conjunta, que es la forma de trabajo parlamentario más lento pero más equitativo cuando se trata de las grandes leyes.

De momento, se trata de una propuesta de ERC. Habrá que ver si los socios de gobierno de Junts per Catalunya participan para aceptarla o bien para detenerla, pues el grande beneficiado de la actual norma es el partido de Carles Puigdemont.

La oposición tendría que aprovechar los trabajos de esta ponencia, pues pueden aflorar discrepancias de fondo entre los dos socios de gobierno. El PSC tenía muy avanzado su modelo, así como también la antigua ICV (ahora dentro de En Comú Podem), mientras que ERC también presentó su propuesta. Estos textos pueden servir de base, adaptándolos al siglo XXI, donde las nuevas tecnologías tendrían que formar parte del corpus normativo.

A pesar de todo, hay quién vive una realidad paralela. El ex presidente de la Generalitat, por su parte, ha convocado sus propias elecciones al Parlamento del Consell per la República, en las que votan los asociados y que pretende representar a todos los catalanes. Incluso, de una manera esperpéntica ha creado un boletín oficial como si se tratara del Diario Oficial de la Generalitat, con el escudo y la grafía parecidas.

Con esta apuesta por un Parlamento votado por los socios de una asociación privada de derecho belga parece alejarse de hacer viable una ley electoral catalana.

Cataluña puede perder, una vez más, una oportunidad de país. Ya es imprescindible una ley electoral propia. Incluso llega tarde.

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