Así empezó el final del Reus

La renovación de Messi siempre fue una farsa orquestada por Laporta

Joan Laporta, votando en las elecciones que llevaron de nuevo a la presidencia del Barça
Joan Laporta, votando en las elecciones que llevaron de nuevo a la presidencia del Barça

La primera y principal razón por la que Leo Messi no ha renovado, admitida por Joan Laporta, es la imposibilidad de encontrar una fórmula de encajar su coste en los parámetros fijados por la LFP para todos los clubs. No sólo para el Barcelona.

Esto es importante porque, también lo reconoció el presidente, conocía estas limitaciones antes, durante y después de romper con Leo con independencia de la herencia recibida, que esa sí era una información más antigua incluso que las demás. El propio Carles Tusquets, cuando se convocan las elecciones, informó a los candidatos de la realidad y de los posibles riesgos, los cálculos peores, a partir de que se confirmó la imposibilidad de abrir el Camp Nou en toda la temporada 2021, el Museu o las Botigues y la ausencia de turismo a largo plazo. Ya entonces se sabía, fehacientemente, que las pérdidas por la caída de los ingresos podían llegar a los 400 millones. No hacía falta ser un lince. De hecho promovió a través del voto de censura que Josep Maria Bartomeu no pudiera hacer frente a la liquidación de la temporada.

Laporta también negó ningún cambio de actitud de Javier Tebas de última hora. En todo caso, al contrario, Tebas abrió una vía para inscribir a Leo, una vía de ingresos fáciles inaceptable para el Real Madrid, que es quien gobierna la voluntad y las decisiones de Laporta, seguida por el Barça y por un presidente que, voluntariamente, no ha dado un solo paso para prever y evitar el mayor impacto de la Covid y reducir el desequilibrio salarial.

Laporta, confirmado, no hizo nada. Se limitó, como él mismo ha explicado, a ofrecerle a Leo un contrato imposible de 200 millones de euros por dos años mientras sus voceros en la prensa, sobre todo Lluís Mascaró en Sport, proclamaba la habilidad de Laporta para convencer a Leo de cobrar menos de la mitad, un embuste que se había creído el propio Laporta y sus secuaces de la prensa, todos ellos convencidos de su capacidad, ilimitadamente alabada, para mover los hilos de Tebas y al propio Tebas. Ahora se sabe, desde el principio, la oferta a Leo fue una farsa.

Fue al revés, Laporta ha de callar porque Tebas le tiene bien cogido de sus partes con un aval impresentable, irregular, que aceptó para que no saltara todo por los aires a los diez días de ganar las elecciones. Laporta no es dueño su presidencia sin el permiso de Tebas.

El primer paso era, como proclamaban los otros candidatos, plantearle a Messi una renovación muy a la baja, en primer lugar porque no había otra y en segundo lugar porque sólo así el resto del equipo y del club podía admitir un rebaja salarial real y ejercer ante la LFP la presión de la firme voluntad de ajustar la economía del club a la verdadera realidad.

Pero los tres primeros pasos ya fueron en falso y basados en mentiras. Lo era que Messi se rebajaba la ficha (sólo en apariencia y con un contrato lleno de artimañas que no colaba en la LFP) y era igual de falsa la afirmación de Laporta sobre que Tebas le había aceptado una fórmula para eludir la normativa del fair play. La tercera imprudencia, clave, fue no renovar a Messi antes del 30 de junio cuando aún era jugador del Barça porque eso lo cambiaba todo. No hacerlo suponía, intencionadamente y de facto, la renuncia a ese objetivo.

En conclusión, que Joan Laporta, en su línea, ha embaucado a todo el barcelonismo y a Leo Messi, ahora amparándose en una herencia de la que no podrá seguir lamentándose por mucho tiempo. O se da prisa o tampoco podrá inscribir a los nuevos.

Una herencia conocida que no era un obstáculo cuando ganó las elecciones asegurando que gracias a su experiencia, conocimiento y éxitos (¿en la gestión?) la suya era la única candidatura capaz de sacar al Barça del pozo financiero, de renovar a Messi sobre todo y de generar ilusión sobre la base de un cambio que pasaba por borrar toda huella del pasado.

No sólo no ha cumplido nada, sino que, además, ha dejado caer las pérdidas hasta donde se lo ha permitido la auditoria para justificar, como así ha sido llegado el caso, la alevosa y premeditada no renovación de Messi.

El resto de las promesas de la rueda de prensa, con los patrocinadores peleando por entrar en el club y unas expectativas de ingresos nunca vistas se han de poner en tela de juicio a la vista de su pasado. Y de su presente.

Laporta fue quien aumentó los abonos del 2003 para no reclamar a Gaspart las pérdidas y quien fue incapaz de cerrar un patrocinador chino que ya había pactado con Javier Faus pagar una cifra récord por la camiseta. De los errores económicos de Laporta se pueden escribir varios libros. De sus ganancias, al menos para el club -otra cosa son las personales- no existen indicios, referencias ni pruebas. Ni en el Barça ni en el Reus. La desaparición del Reus, en la que tuvo un papel clave, empezó así, prometiendo riquezas y un futuro extraordinario. La historia no perdona.

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