El Ministerio del Tiempo debería actuar contra Camuñas

El Ministerio del Tiempo es una de las mejores series que se han hecho nunca en España. Su argumento gira en torno a los viajes a través del tiempo en relación con la historia de España. El Ministerio del Tiempo es una institución gubernamental secreta que depende directamente de Presidencia del Gobierno. Sólo monarcas, presidentes y un número exclusivo de personas saben de su existencia. El paso hacia otras épocas se realiza a través de puertas vigiladas por las patrullas del ministerio. Su objetivo es detectar e impedir que cualquier intruso del pasado llegue al presente -o viceversa- para cambiar la historia para su beneficio. Lo cuento porque entiendo que las patrullas de este ficcionado ministerio ya tardan en actuar de oficio contra Ignacio Camuñas, ex ministro de la UCD del primer gobierno de Adolfo Suárez. El hombre, cobijado por la entusiasta mirada del líder del PP actual, Pablo Casado, negó la mayor el otro día en un acto del PP en Ávila, afirmando que el gobierno de la II República fue el responsable de la Guerra civil, que no hubo ningún golpe de Estado en 1936 y que es falso que la derecha fuera la culpable del conflicto bélico. Un hat-trick negacionista digno de la alabada serie. Recordémoslo, El Ministerio del Tiempo busca impedir que cualquier intruso del pasado llegue al presente para cambiar la historia para su beneficio. Camuñas es un ser del pasado que viene al presente e intenta cambiar la historia en beneficio propio. Como un trilero haciendo desaparecer la bolita, Camuñas quiere hacer desaparecer el golpe de Estado. Un fraude.

Camuñas en Alemania tendría problemas. En cambio, en España su descaro es vitoreado y ancha es Castilla campa feliz. Hecho que nos recuerda que España sigue atrapada en el tiempo. La muerte tardía del dictador, acompañada de las prisas por volver a empezar, sin levantar polvo, y transitar rápidamente hacia un mundo mejor, forzaron a cerrar tarde y mal una las épocas más oscuras de la historia de España, el franquismo. Así, es fácil encontrar nostálgicos del régimen en posiciones clave, como la judicatura, la defensa… Si a esto le añadimos este escalofriante revival político del franquismo, léase Vox, que empuja a la derecha teóricamente más homologable (PP) hacia extremos poco edificantes, pues llegamos a una situación de estrés francamente preocupante. Una situación que provoca que, sin necesidad de tabla ouija, invoquen y aparezcan fantasmas como Camuñas.

En contraposición, celebro y aplaudo la nueva ley de memoria democrática impulsada por el gobierno de Pedro Sánchez. Una nueva normativa que, entre otros aspectos, debería permitir la disolución de la Fundación Francisco Franco, la resignificación del Valle de los Caídos, el impulso de las exhumaciones o la creación de una fiscalía de sala para la investigación de violaciones de derechos humanos.

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