Más prosa y menos poesía

Un sábado en plena ola de calor con mucha gente en la playa o en la montaña fue el día escogido por Pedro Sánchez para hacer una profunda remodelación del gobierno español, con efectos en Cataluña.

La agenda catalana, tan presente en las primeras páginas, queda diluida. La principal preocupación es la recuperación económica, muy maltrecha por la pandemia. La intención de Sánchez es aprovechar estas próximas semanas para seguir con la distensión. Por eso, es más que probable que antes de la reanudación de septiembre, cuando después de la Diada se reunirán tanto la Comisión Bilateral como la Mesa de Diálogo, el gobierno español dé claras muestras de diálogo con la aprobación de traspasos pendientes desde 2018, retire algunos recursos de inconstitucionalidad al TC y haga efectivas inversiones públicas reclamadas desde hace tiempo.

Por eso, Sánchez ha decidido que Miquel Iceta no tiene que ser la persona que esté en el foco de las negociaciones con Cataluña. Un problema es la mala relación personal que mantiene Oriol Junqueras con Iceta y del que hay muestras con las declaraciones públicas del líder de ERC respecto al dirigente socialista.

La negociación política con Cataluña, no obstante, está ahora en manos de dos sherpas: Félix Bolaños (ministro de Presidencia) y Óscar López (jefe de gabinete del presidente del gobierno español) por delegación del propio Sánchez. Del primero se conocen sus dotes para negociar y llegar a acuerdos. Del segundo, se dice que es federalista y propenso a buscar pactos, también. La elegida para capitanear las reuniones bilaterales es una castellana-manchega que estuvo junto a Susana Díaz frente Pedro Sánchez en las primarias del PSOE y que la líder andaluza perdió. A pesar de todo, las opiniones tanto de Iceta como de Salvador Illa serán las que marcarán el ritmo de Isabel Rodríguez al frente del Ministerio de Política Territorial en la cuestión catalana.

Por cierto, Iceta podrá poner en práctica el federalismo desde el Ministerio de Cultura y Deporte. A pesar de que las competencias las tienen los gobiernos autonómicos, Iceta podrá dejar claro con su política que España es un estado pluricultural y plurilingüístico.

Mientras que los traspasos de competencias pendientes caen en el ministerio de Rodríguez, las inversiones públicas están a cargo de Raquel Sánchez, que ha dejado la alcaldía de Gavà para ser la responsable del ministerio de las inversiones. La ministra tiene encima de la mesa la ley de vivienda, pero también las infraestructuras, como autovías, ferrocarriles o puerto y aeropuerto. Como alcaldesa que ha sido hasta hace nada, Sánchez sabe que la ciudadanía quiere hechos tangibles y cada vez está más lejos de promesas vacías, donde la política apela a los sentimientos. Más razón y menos corazón. Más hechos y menos palabras. O, dicho de otro modo, más prosa y menos poesía.

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