Hay rosas sin espículas

Rosiña se detiene, desorientada, frente a la entrada del hospital. La radio anuncia nuevas restricciones debidas al aumento de casos de COVID-19 en la ciudad. Pontevedra hierve. Su sangre, también. Han sido muchos meses, más de un año, haciendo todo lo que estaba en sus manos por protegerse y proteger a los suyos.

¿Todo?. No puede ser que esa criatura esté ahí. Ella no.

Rose recuerda ahora aquella tarde que compartió con su madre. Entre helados, barquillos y arrumacos, la Nai Rosiña le regaló una frase de las que piden mármol – “sentidiño, rapaza”- y un modesto barquillo de papel hecho de billetes hurtados a sus ahorros, cilindro que Rose inmortalizó en su perfil de Instagram junto con los de galleta. #Nai #mediterraneo #viaxe #Mallorca. Soñó.

Hoy no publica nada. Banda sonora de rítmica respiración para un inmaculado paisaje intubado.

Sa Senyora Roseta respiró aliviada hace unas semanas. El discreto regreso del turismo a Mallorca aligeró losas y desbrozó caminos. Aquella tarde, al hacer caja y bajar la persiana, difundió en un puñado de grupos de Whatsapp la foto de su local rebosante de fiesta, acné y manos que piden otra ronda de birras. “Aquests al·lots ho umplen tot”, emoticono “cara sonriente con ojos en forma de corazón”, pictograma “billetes de dólar”, enviar.

Hoy, mientras despeja de tazas la barra, la radio del office escribe en el aire el número de jóvenes positivos en COVID-19 que ingresaron en Son Espases. Aquel atardecer respiró aliviada, hoy siente un corsé que se lo impide.

Rosamari pausa el sorbo de café y toma aire. “El selectivo pierde por el nuevo descalabro de los valores turísticos. Los valores ligados al sector turismo son los más bajistas a esta hora” dos sentencias que truenan en el boletín radiofónico y tiñen el desayuno. Sus ahorros han menguado últimamente y estas noticias sacuden sus cálculos, los bancarios y los biliares. “¡Malaje de bicho!. ¿No pudo conmigo y ahora va a poder con mi cuenta?”. ¿Tendrá que cancelar sus vacaciones?. Bufido bovino al aroma de café.

Si sus vacaciones en las Rías Baixas no naufragan en números, quiere ver a su amiga, la que vive en la capital. Son muchos kilómetros desde el Sur y quiere asegurarse de que ella esté en la ciudad. Hoy probará a llamarla más tarde, Rosiña nunca le dejó una llamada sin respuesta.

Rosi escribió “Superfuerte!!”- “La jefa a dicho k chapa el local x lo dl virus”- “no van a venir franceses ni alemanes” – “NO puedo creer ☹”- “tia?” -“tia?”- “estas ai???” Tras tres días sin respuesta de su amiga, hoy lo intenta de nuevo: “me as dejado n visto” -“passaalgo?” -“?????” – “mes igual. voy a verte con mi crush” “Jorge te va a encantar, telojurico” “llegamos martes. Besis”.

No sabe si su amiga gallega, Rose, ha leído sus mensajes y la espera. Rose hoy tampoco lee. Rose respira lejos de su teléfono, nada más. Y nada menos.

Algunos microorganismos no tienen capacidad para distinguir fronteras administrativas, edades o saldos bancarios. Este virus, tampoco.

El ser humano debería tener la capacidad de encontrar el sano equilibrio entre pulsión individual, negocio, confort y seguridad. La tiene.

Vamos a demostrar que, a fuerza de evolución, hemos desarrollado más inteligencia que los virus. Sin duda.

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