Energía renovable o muerte

El año pasado, parlamentos, gobiernos, ayuntamientos, empresas y sindicatos aprobaron declaraciones alertantes sobre la emergencia climática. La Tierra y los seres vivos que lo habitamos nos hundimos. Y como no podremos abandonarla, estamos condenados sin remedio si no taponamos las vías de agua cada vez más amplias.

La OMS dice que 9 de cada 10 personas respiramos aire contaminado y que cada año 8 millones de personas mueren prematuramente por la contaminación provocada sobre todo por la quema de combustibles fósiles. 4.000 de estas corresponden al Área Metropolitana de Barcelona.

En palabras de Jeremy Rifkin: «Estamos ante la amenaza de una extinción, y la gente ni siquiera lo sabe». Especialmente en Cataluña que ocupa uno de los últimos lugares en el aprovechamiento de energía renovable a pesar de que la tenemos aquí, es más barata, inocua e inagotable.

La última excusa es el impacto visual en el paisaje. Es decir, el médico nos anuncia una enfermedad mortal inminente que ya afecta a una parte importante de nuestro cuerpo; añade que tenemos un remedio en forma de apósito, pero lo rechazamos por el impacto visual en nuestra figura y preferimos morir. En el resto de España y otros países de nuestro entorno actúan de forma diferente y ocupan una parte de su territorio. Aquí preferimos ir a la cola, a pesar de que sabemos que esta ocupación sólo sería un 2% de la superficie de Cataluña.

Susana Alonso

Los que dicen que bastaría con poner paneles fotovoltaicos en las cubiertas de Cataluña deberían hacer números. El único estudio conocido, elaborado por Barcelona Regional, calcula sólo los tejados del Área Metropolitana de Barcelona. Se ha extrapolado a toda Cataluña, y si las contáramos todas, supondrían 24,3 TWh (terawats/hora). Ahora consumimos 45 TWh cada año. Pero en 2050 tendremos electrificado todo el sistema energético sustituyendo petróleo, gas y uranio, y necesitaremos 104 TWh, y con los tejados sólo tendremos el 24,3%. El resto lo tendremos que generar en parques eólicos terrestres y marinos e instalaciones fotovoltaicas sobre el terreno. Faltará todavía una quincena de TWh más si queremos generar hidrógeno verde -uno de los vectores energéticos imprescindibles para nuestra industria y para almacenar energía.

Si el Parlamento de Cataluña aprobó hace ya 4 años que tenemos que tener un sistema 100% renovable, no tenemos alternativa: o la generamos aquí o la tendremos que traer de fuera a través de líneas de alta tensión. Y tenemos que recuperar terreno: al ritmo del año pasado -unos 50 MW año-, en 2050 sólo tendremos instalados 1.500 MW sobre tejado, que aportarían menos del 3% de los 104 TWh que hemos dicho antes que necesitaremos. En lugar de eso, deberíamos instalar 645 MW anuales (trece veces más). En cambio, dos partidos que apoyan al nuevo Gobierno de la Generalitat han firmado una moratoria de un año para la instalación de grandes parques fotovoltaicos y eólicos.

Más y mejor: es necesario cambiar el modelo, hacerlo más democrático y provechoso para los territorios que contribuyen más.

Primero: reformando la ley urbanística para que todos los municipios dediquen una parte de su territorio a generar energía renovable.

Segundo: que los ayuntamientos, las cooperativas y las comunidades energéticas de empresas o vecinos tengan estímulos públicos para participar en la generación, gestión y propiedad de la energía. Necesitaremos cerca de unos 100.000 millones de euros para hacer la transición energética. Es un esfuerzo gigantesco que no se podrá hacer sólo desde las pequeñas y medianas empresas o desde el sector público, pero éste tiene que asegurar con su presencia en el sector que prevalecerá el interés general.

Tercero: las ocho comarcas más pobladas no podrán generar la energía que necesitan, mientras que las otras 32 podrán ser excedentarias. Proponemos que estas tengan, para implantar nuevas actividades productivas, bonificaciones fiscales, preferencia en el acceso a ayudas públicas así como un canon como en los años 80 tenían las provincias generadoras de energía.

Volvamos al título: la emergencia climática es grave y en los países mediterráneos como el nuestro, aún más. Las personas que se oponen al desarrollo de las renovables en nombre de los impactos visuales al paisaje tienen que pensar que el impacto en las vías respiratorias de los seres vivos es letal, y que si dejamos que aumente la temperatura, no quedarán seres vivos ni paisaje. Sólo miseria y devastación. Aún estamos a tiempo, pero cada minuto que pasa tenemos menos.

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