José Elías admite que avalar a Laporta ha sido una gran operación de marketing

Audax Renovables ha sido puesta en el mapa y ha obtenido grandes y beneficiosos réditos mediáticos y de publicidad, según él

José Elías, presidente de Audax Renovables, se ha convertido en el popular y más recurrente personaje del actual entorno del FC Barcelona por la sencilla razón de que sin su dinero Joan Laporta no habría podido avalar y tomar posesión del cargo.

Cuesta de entender, sin embargo, el propio planteamiento y las explicaciones de unos y otros cuando, a menudo, se trata de disociar el aval prestado a un miembro de la junta de la influencia, notoriedad y peso de Audax en el propio club azulgrana y en su toma de decisiones. “Es un aval -explica esta semana en varios medios – que presto yo a título personal junto con Eduard Romeu, que es el vicepresidente, que somos los que en todo caso nos jugamos algún dinero personal. Quiero matizar esto: Audax ha puesto cero euros y no tiene ninguna contrapartida, más allá de la repercusión en los medios y la campaña de marketing que nos ha salido realmente barata y ha estado muy bien porque, por otro lado, nos ha puesto en el mapa”.

Es decir que por un lado pretende dejar a Audax fuera de la operación Barça y al mismo tiempo, por otro, la considera del todo beneficiosa para su empresa y, de hecho, el principal objetivo de esa alianza. “Pueden estar muy tranquilos -dice- porque Audax no ha avalado a Joan Laporta ni al Fútbol Club Barcelona. Audax, en todo caso, se ha beneficiado del impacto mediático de una campaña de marketing muy buena, que nos ha puesto en el mapa y nos ha puesto en boca de mucha gente, pero obviamente Audax ha avalado cero a la campaña de Joan Laporta y al Club Barcelona”.

Sin el menor rubor ni vergüenza alude indistintamente al poder mediático del club azulgrana y del fútbol para justificar lo que sin duda ha sido su mejor inversión en publicidad. “El Fútbol Club Barcelona, el Real Madrid o algunos equipos son capaces de hacer magia a nivel mediático y el estar en boca de la gente”, afirma, convencido de que si él y su socio Eduard Romeu, vicepresidente económico del Barça y vigilante de los intereses de Audax en el club, son capaces de explicar acertadamente su maniobra será algo “positivo para la compañía y para los negocios que tenga que hacer la compañía, sobre todo en el exterior. En estos días, que han sido bastante movidos para para mí y para Eduard Romeu, he llegado a recibir mensajes de Panamá y de otros países como Colombia y de otros países donde no nos conocían y nos dicho “estáis en la en la candidatura del FC Barcelona” y eso nos ha puesto en el mapa, lo que nos puede facilitar mucho cuando vayamos a negociar con empresas, sobre todo en el exterior para posibles proyectos de renovables o de plataformas de comercialización”.

En las entrevistas, cuando no se trata de hablar para medios deportivos especializados, José Elías aclara que “Audax no se juega nada y que, en todo caso, Audax lo que va es a recoger réditos comerciales y de marketing. Sin duda alguna la asociación con la marca y con los valores del Barça y del fútbol creemos que nos pueden beneficiar”.

No deja dudas respecto de su escasa, por no decir ninguna, implicación con el FC Barcelona, entidad de la que no sería, de hecho, todavía socio a falta de aclarar esa cantinela de que sólo lleva unos meses de alta. Si no posee un vínculo consanguíneo con alguien que le haya permitido ser socio de pleno derecho, José Elias sólo podría haberse inscrito como socio compromiso, una figura que no le permite tener voz ni voto en el club hasta que al tercer año de paso por este estado se le reconocería la condición de socio. Para ser directivo debería acreditar, además, posteriormente, cinco años de antigüedad.

Tal es su desconocimiento del FC Barcelona y de lo que significa que cuando la directiva fue a tomar posesión del cargo el pasado día 17 de marzo, al llegar al Auditori 1899 estuvo buscando su nombre entre las sillas reservadas para los cargos y autoridades. Primero creyó que su ausencia se debía a un error imperdonable de algún empleado hasta que miembros de la propia Comisión Gestora le explicaron que, en realidad, él no pintaba nada allí, apenas era un invitado del todo excepcional, atípico y fuera de lugar completamente, el típico advenedizo que sólo tiene mucho dinero para intentar comprar una plaza en el palco.

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