La presidencia de Joan Laporta es la peor herencia que deja Bartomeu

Su incapacidad para la gestión lo convierte, dadas las circunstancias, en una nefasta solución para el Barça

El FC Barcelona inicia, bajo la segunda presidencia de Joan Laporta, la más larga travesía del desierto de su historia. Un camino elegido voluntaria y democráticamente por sus socios en unas elecciones que han convertido a Joan Laporta en la peor herencia de Bartomeu.

La atracción fatal del barcelonismo hacia un personaje inevitablemente catastrófico se veía venir y se ha repetido, como en 2013, esta vez coincidiendo con la más frágil de las encrucijadas para un club condenado de antemano a tiempos de penuria, desatención y su conocida tiranía social, además de la ruina absoluta.

La combinación terrible de su voracidad y necesidades financieras personales y su demostrada incapacidad para la gestión, mucho más en la adversidad actual, garantizan esa recaída a los infiernos.

Es la secuela de aquel mandato (2003-2010) sostenido futbolísticamente primero por la mano de Sandro Rosell, forjador del Barça de Ronaldinho, y luego por la explosión del mejor equipo de la historia del fútbol, fruto de la Masia y de un esmerado trabajo de laboratorio y de formación, previo desde luego a su llegada.

A Laporta le tocó reinar coincidiendo con el despertar de una generación única e irrepetible con Valdés, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta, Busquets y Messi, la estructura de un equipo capaz de conquistar cuatro Champions y dos Tripletes a lo largo de una década bajo tres presidentes, el propio Joan Laporta, Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu.

También contó, de salida, con la proverbial contribución de Javier Faus, hoy presidente del Cercle d’Economia, en la recuperación económica hasta que, como Sandro Rosell y otros directivos, entre ellos Josep Maria Bartomeu, dimitieron en 2005 en reacción a las atrocidades presidenciales. El club acabó entonces en manos de un tándem predestinado a la mayor debacle contable de la historia, Ferran Soriano y Xavier Sala-Martín.

Esta vez, sin embargo, no hay ninguna magia detrás suyo, por más que el socio quiera imaginarla, ni tampoco recursos para suplir esa maravillosa generación si no es con mucho tiempo, paciencia y cierta estabilidad.

La victoria del candidato sin programa ni relato, que ha basado toda su estrategia en el recuerdo los títulos conquistados bajo su anterior mandato, sin más argumento que “lo volveré a hacer” -lo que también puede considerarse una amenaza- aboca al club a un escenario real que nada tiene que ver con esa recurrente referencia al pasado.

No hay, en puertas, ninguna generación de oro sino el ocaso de Messi, es decir, todo lo contrario de aquel glorioso despertar, una deuda colosal y una masa salarial que ha prometido, siguiendo su costumbre, mejorar para seguir teniendo a los jugadores comiendo en su mano.

Claro que, en el fondo, como una perversa jugarreta del destino, lo retoma donde lo dejó, con 1.200 millones de deuda, sin ingresos de explotación derivados de las competiciones y enormes sumas de nóminas por pagar a jugadores con casi 35 años, renovados por mucho tiempo y con fichas superiores a 20 millones de media.

El estado financiero del club que hereda de Bartomeu, aprovechable para esa campaña suya consistente en oponerlo a los títulos de su época, no deja de ser el envenenado boomerang que ya va viniendo en su contra.

Como desafortunado gestor que ha acreditado su incapacidad para gobernar cualquier cosa, desde su familia a sus negocios y por supuesto el Barça, que dejó endeudado en 2010 y con un rastro de 47,6 millones de pérdidas, al barcelonismo le aguarda un espectáculo dantesco de decisiones exclusivamente favorables a sus propios planes de recuperación personal.

Se dedicará, como antes, a su vida de cinco estrellas con cargo al club y a ganar dinero, gracias a sus activos, tipo Uzbekistán, Can Rigalt, Viladecans, Ibrahimovic, Keirrison y Henrique. Habrá, seguro, otro despertar de negocios con los agentes de jugadores más ambiciosos del mundo.

Joan Laporta accede al cargo teniendo su propio bufete de abogados inoperativo debido a que el Registro Mercantil lo ha clausurado junto a otras ocho sociedades en las que figura como administrador, apoderado o socio. Otra prueba inequívoca de sus escasas habilidades para mantenerse sin la muleta del Barça como ha hecho desde hace 23 años.

De nuevo aspira a salir multimillonario de esta nueva etapa como en 2010, sin que le importe el destrozo que previsiblemente pueda causar en el club.

El socio del Barça así lo ha elegido consciente o no con un voto de fatales consecuencias, por desgracia predecibles.

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