FRANCO, NI SE TOCA

Laporta se negó a retirar las medallas del Barça al dictador y luego protegió a su cuñado, miembro de la Fundación Francisco Franco

Se puede dudar poco, o nada, de la inquebrantable adhesión de Joan Laporta a la figura de Francisco Franco a la vista de los hechos, notables, que lo ratifican. Ya fue notorio el hecho de acoger en el seno de su junta directiva de 2004 a un miembro de la Fundación Francisco Franco, concretamente a su cuñado, Alejando Echevarria, entre otros motivos porque quien cuidó de que fuera posible el aval del presidente en 2003 fue su suegro, el poderoso y respetado empresario Juan Echevarria personaje destacado del régimen y beneficiario de ese entorno de la derecha más tradicional y al límite de un extremo que sin duda su hijo Alejandro cruzó sin el menor rubor ni preocupación. 

Un año antes, sin embargo, se había producido un episodio incluso más definitorio de la necesidad de Joan Laporta de proteger la figura de Franco, el dictador, del que habría sido un paso intolerable para su entorno familiar como lo fue impedir que el FC Barcelona le retirase póstuma pero imprescindible las dos distinciones que el FC Barcelona le impuso al caudillo a lo largo de la compleja relación del club azulgrana con el gobierno franquista.

A petición de la Plataforma d´Amics de Josep Suñol y este semanario El Triangle, plantearon al club que retirase los honores al dictador. Se suponía que, 28 años después de la muerte de Franco, el presidente con una mayor predisposición a corregir la historia de unos hechos tan impropios y prescindibles para una institución como el FC Barcelona, refugio del palpitar y el sentimiento catalanista desde el 1940 hasta la restauración de la democracia, sería Joan Laporta. Tras salir ganador en las elecciones de 2003 nadie antes había exhibido un talante, como él mismo se definía, tan desacomplejadamente catalanista.

Resultó, sin embargo, que la decisión sobre si el club borraba con ostentación esa imagen popularmente rechazable, fue derivada por parte de la directiva a un Consejo de Notables del Barcelona, ideado por Joan Laporta y formado por una quincena de intelectuales, los cuales, la rechazaron aludiendo y justificando que se trataba de una imposición «en una situación no democrática».

El propio Laporta expresó entonces que “no se puede retirar la insignia a Franco porque no figura en los libros de actas y porque el Barça fue presionado para dársela”. Prefirió no irritar a su familia o simplemente respetar esa parte de la historia barcelonista, opuesta en principio a su aparente ideología republicana y soberanista, pero que consta como un acto de refrendo a la buena relación mantenida en su momento entre el Barça y Francisco Franco.

Más aún cuando, años más tarde, en febrero de 2019, es decir 16 años más tarde, la directiva de Josep Maria Bartomeu decidió retirar las medallas al dictador, no se sabe si exactamente como respuesta a la pulsión democrática de un presidente más bien poco dado a relacionar la política con el Barça. Lo hizo en un comunicado donde constaba que la junta directiva del FC Barcelona había acordado dejar sin efecto las distinciones otorgadas al general Francisco Franco en 1971 y 1974 y todos los efectos honoríficos vinculados a su entrega, “un acuerdo que tendrá que ser ratificado por los socios en la próxima asamblea de compromisarios. Hemos tomado esta decisión tras revisar el caso documentalmente», explicó un portavoz recordando que este caso se arrastraba desde que fue planteado inicialmente en 2003 y posteriormente en diferentes momentos desde hace unos años.

En 1971, el Barça otorgó al general Franco la medalla de oro conmemorativa de la inauguración del Palau Blaugrana. En 1974, la entidad azulgrana le concedió la medalla de oro conmemorativa de las bodas de platino del club, «obligada por una norma no escrita que implicaba que las distinciones de nueva creación» siempre se debían que otorgar por primera vez a Francisco Franco. 

El club aclaró que en este segundo caso, el Barça había otorgado por primera vez la medalla de oro del club, de nueva creación, a la peña barcelonista de Manresa, como organizadora de la primera reunión de peñas barcelonistas en Montserrat.

La Asamblea de Compromisarios de octubre de ese mismo año confirmó  de manera casi unánime la retirada de las distinciones honoríficas al general Franco. De 701 compromisarios acreditados en el momento de la votación de la propuesta, 671 votaron a favor, 2 en contra y 7 en blanco

Fue el cuarto punto del orden del día según el cual la Asamblea debía ratificar el acuerdo de la Junta Directiva del 11 de febrero de 2019 que dejó sin efecto las distinciones otorgadas al general Francisco Franco los años 1951, 1971 y 1974, y todos los efectos honoríficos vinculados a su entrega.

Cabe recordar que la Junta Directiva tomó aquella decisión de acuerdo con el compromiso asumido ante la Asamblea de Compromisarios de revisar nuevamente el caso, a partir de un riguroso análisis histórico y documental. En los años anteriores, la retirada formal de estas medallas había sido una demanda periódica por parte de muchos socios a través de los diferentes canales del Club.

En 1951 el entonces presidente, Agustí Montal Galobart, entregó su insignia de oro y brillantes a Francisco Franco en el transcurso de la final de Copa disputada contra la Real Sociedad. Posteriormente, la Junta Directiva de la época acordó la reposición de la insignia al presidente Montal.

En 1971 la Junta Directiva otorgó al general Franco la medalla de oro conmemorativa de la inauguración del Palau Blaugrana.

Finalmente, en 1974 le otorgó la medalla de oro conmemorativa de las bodas de platino del Club, obligada por la norma no escrita que implicaba que las distinciones de nueva creación siempre debían otorgarse por primera vez a Francisco Franco. En este caso, el FC Barcelona había otorgado por primera vez la medalla de oro del Club, de nueva creación, a la Peña Blaugrana de Manresa, como organizadora del primer encuentro de peñas barcelonistas en Montserrat. A requerimiento de las autoridades de la época, el Club creó una nueva medalla que se entregó a Franco una semana después de los actos de Manresa.

En cualquier caso, el presidente que se negó a hacerlo fue Joan Laporta por razones que tampoco son ningún misterio. Porque le convenía en aquel momento y porque luego estaba para otras prioridades como aprovechar su tiempo en el Barça para cuestiones lucrativas y negocios personales. Una manera, también, de pasar a la historia.

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