Independentismo dividido por el 14-F, sin hacer autocrítica

Por el bien de todos, esperamos que la pandemia no haga aplazar las elecciones y haya pronto un nuevo gobierno. Porque en una crisis sanitaria y económica como ésta, es necesario que los gobernantes den mensajes claros y se ganen la autoridad moral para conseguir que la ciudadanía cumpla unas restricciones necesarias. Las discrepancias entre Salud e Interior sobre cómo actuar con la fiesta de Llinars es el último ejemplo de esta división. Continuar más tiempo con un Gobierno en funciones nada cohesionado y sin Presidente, no puede llevar a ningún lado. Pero vista la división del independentismo, y sobre todo la falta de autocrítica de porqué estamos donde estamos, podría darse que al día siguiente de la investidura del nuevo Presidente, sigamos igual.

No sabemos, a estas alturas, cuántas candidaturas independentistas concurrirán a las elecciones. El 13 de enero es el último día para presentar las listas, pero hasta el 19 la Junta Electoral no proclamará las que participarán, tras comprobar la validez de los avales de las fuerzas extraparlamentarias. Esquerra, con Pere Aragonés de candidato, la CUP con Dolors Sabater, y el PDECat con Àngels Chacón, estarán seguro, como fuerzas parlamentarias a las que no es necesario presentar avales. Junts per Catalunya, con Laura Borràs y Puigdemont, han tenido que recoger firmas, que han conseguido con creces, porque técnicamente son extraparlamentarios, al tener los derechos el PDECat. La Ley de Régimen Electoral se modificó en el año 2011, y desde entonces los partidos sin representación deben avalar su candidatura con un número de firmas del 0,1% del censo electoral. Esto significa unas 4.500 por Barcelona y entre 400 y 700 en las otras demarcaciones. Y esta última semana han recogido firmas Primàries Catalunya de Laura Ormella y Jordi Graupera, el identitario o xenófobo, Front Nacional de Catalunya que lidera Albert Pont, presidente del Cercle Català de Negocis, y la Coalició de Represaliades de Roger Español y Tamara Carrasco. Estas tres candidaturas partidarias de implementar ya la DUI, si finalmente se presentan, quitarán votos sobre todo a la CUP y a Junts, pero quizás también a ERC.

También ha recogido avales Marta Pascal del Partit Nacionalista de Catalunya. Candidatura con nulas posibilidades de conseguir los ciento y pico mil votos que se necesitan para obtener representación por Barcelona, ​​y que hace dos semanas intentó un acuerdo de coalición con la lista de Chacón que el PDECat rechazó. El cese de mala manera que hizo el presidente Quim Torra de Chacón en septiembre pasado, después de que ella se negara a dejar el PDECat, puso en bandeja a la hasta entonces consejera de Empresa poder liderar el intento de recuperar un espacio político emocionalmente independentista, pero racionalmente partidario de centrarse en la gestión del día a día, renunciando a cualquier aventura unilateral. Como se dice tantas veces, en política para implementar una nueva idea o un nuevo proyecto, es determinante hacerlo en el momento oportuno. Y Pascal lo intentó demasiado pronto. La reconstrucción de este espacio partidario del retorno a la gestión convergente «con los pies en el suelo» lo liderará Chacón, que al tener los derechos legales que no tiene Junts de cara a las cuotas de tiempo en los Telenotícies, obtendrá mucho protagonismo durante la campaña, entrará en el Parlament, y puede ser decisiva si hay una mayoría alternativa catalanista sin Junts. Se habla mucho de un hipotético Tripartito de ERC, PSC y Comunes, pero podría haber algún otro tripartito o bipartito, con la participación o el apoyo en la investidura del PDECat.

Digo que el independentismo no ha hecho autocrítica de dónde estamos, y hasta que no la haga difícilmente se podrá avanzar. Hacer autocrítica no significa renunciar a nada, si se tienen las mayorías para llevarlo a cabo y el conocimiento de los obstáculos reales que habrá. Y más allá de que hay que ensanchar la base para ser más y hacerlo mejor, es necesario que se reconozca que la hoja de ruta de los 18 meses no podía ir a ninguna parte, sobre todo porque se falsearon e ignoraron las condiciones necesarias para llevar a cabo un proceso de ruptura o separación de un estado, que es mucho más fuerte que quien quiere irse. Por eso yo soy mucho más crítico con las falsedades que decía Raül Romeva, bastante conocedor de otros procesos de independencia y del derecho internacional, que con las promesas de independencia rápida de los antiguos convergentes.

Para llevar a cabo un proceso de ruptura territorial hay que analizar y tener en cuenta cuatro aspectos. El primero, tener claro cuál es el marco legal vigente que nos liga al estado con el que se quiere romper. Por eso todas las comparaciones con las vías bálticas o eslovenas estaban fuera de lugar. Porque las repúblicas soviéticas y yugoslavas eran jurídicamente, repúblicas hermanadas con derecho a la separación, lo que no es el estado autonómico español. En segundo lugar, hay que saber qué dice el derecho internacional y Naciones Unidas que, guste o no, diga lo que diga el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, sólo da el derecho a la autodeterminación a 17 territorios coloniales como Nueva Caledonia o el Sahara. Y Romeva y muchos otros líderes independentistas decían que el derecho internacional nos favorecía, añadiendo que la sentencia del Tribunal de la ONU sobre la DUI de Kosovo afirmaba que hacer una declaración Unilateral era legal y tenía que ser aceptada. Y lo que dijo el Tribunal de la ONU en su dictamen -no era ninguna sentencia- era que, sin entrar a valorar la ejecución de la declaración de independencia, el hecho de que el Parlamento de Kosovo lo aprobara, aquella declaración no vulneraba nada, dejando claro que no se pronunciaban sobre el su ejecución, dado que nadie les había pedido que se pronunciaran. Fue una salida salomónica. Y si hubiera dicho lo que Romeva y otros decían que había dicho, ahora Kosovo sería un estado reconocido por la ONU. Pero lamentablemente todavía no lo es al tener el veto de Serbia y Rusia.

En tercer lugar, hay que tener claro qué apoyos internos se tienen. Y a diferencia de muchos otros procesos de independencia como el de la India, o incluso de luchas no-violentas de desobediencia civil como la de Luther King, aquí sólo se tenía el apoyo de la mitad de la población. Luther King y Gandhi hicieron lo que hicieron con el apoyo mayoritario de los suyos, no con la mitad de los afroamericanos o de los ciudadanos de la India en contra. Y por último, hay que saber qué apoyos externos se tienen. Y como vemos por ejemplo con el Sahara, que tiene el derecho internacional totalmente a favor, dado que los apoyos que tiene Marruecos son superiores a los que tiene el Polisario, la realidad es que el Sahara lo tiene muy mal para conseguir la independencia, y que tal vez, en este situación de debilidad internacional, según lo que haga sólo conseguirá, como les ha ocurrido tantas veces a los palestinos, ir a peor.

Este análisis de las condiciones a tener en cuenta, el independentismo catalán no lo hizo. Y al no alcanzarse la independencia exprés que se había prometido como segura, es probable que el 14-F haya mucha abstención de votantes independentistas. Lo que propone el sector mayoritario de Junts y el Consell de la República de Puigdemont de implementar el 1 de Octubre, que también pide la ANC y candidaturas como Primàries o la de las Represaliades, pocos votantes lo creen factible. La llamada a ensanchar la base para ser más y hacerlo mejor mientras nos centramos en la pandemia y el día a día que hace ERC, también se entiende por quienes creían en el independentismo mágico, como una renuncia. Y la propuesta de Dolors Sabater y la CUP de entrar en el gobierno y hacer un nuevo referéndum, es un oxímoron, dado que el referéndum que dio el mandato ya se hizo hace tres años.

Sólo se podrá salir de este enroque si desde el independentismo se reconoce que se falsearon las condiciones reales y los apoyos. Pero también es necesario que desde el Gobierno de Pedro Sánchez, se dé respuesta a la problemática de los presos con los indultos o la reforma rápida del delito de sedición. Si unos y otros no lo hacen, continuaremos con el enroque, y desde el independentismo surgirán nuevos líderes que prometerán una independencia que «si vamos unidos, está muy cerca».

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