JxCat pasa de la ecología

Está visto que la ecología política (aquella que partiendo de la ciencia y de la conciencia ciudadana desemboca en la influencia política para transformar la penosa realidad) no es –y quizás no será– admitida en el banquete independentista que JxCat, el partido liderado por Carles Puigdemont, celebró el primer domingo de octubre. Cómo que esto es así (y de momento no parece que vaya a cambiar), la organización política Alternativa Verda, referente del movimiento ecologista en Catalunya, fundada en 1983 en la Bisbal d’Empordà, envió urbi et orbi, coincidiendo con el congreso de fundación de JuntsxCat, un comunicado en que hacía saber que Els Verdes-Alternativa Verda le retiran su apoyo «mientras no haya un cambio de actitud sobre los temas que consideramos capitales de la transición energética y ecológica».

La cosa viene de lejos, de cuando Jordi Pujol (entre 1980 y 2003, como presidente) hacía, deshacía y rehacía con FECSA (nucleares), con pantanos, regadíos y trasvases (Ebro, Rialb, Tarragona, etc.), con vertederos industriales (Tivissa, etc.) y, en fin, con incineradoras, autopistas y montajes urbanísticos y de ocio (Port Aventura, etc.). Pero para no ir tan atrás, situémonos en las elecciones al Parlament del 21 de diciembre del 2017, las del 155, cuando medio Gobierno ya estaba en la prisión y unos cuántos, con el presidente Puigdemont, en el exilio. Este lanzó una candidatura «transversal» (es decir, más allá de los adeptos postconvergentes de siempre) y es por eso que dos miembros de Alternativa Verda (Santiago Vilanova, portavoz del partido, y un servidor) ofrecimos la posibilidad de presentarnos en las listas, para influir, desde nuestra visión y acción ecologista, en la acción política del movimiento independentista. Se nos aceptó, pero ahora consideramos, visto cómo han ido las cosas estos últimos tres años, que los dos íbamos de relleno, para hacer ver, por parte de quienes confeccionaban las listas, que también se acogían elementos considerados, como mínimo, como «incorruptibles» y que, difícilmente, podían salir elegidos.

No se trata de hacer un memorial de agravios personalizado, porque en todos los partidos hay tensiones a la hora de hacer las listas, y nosotros –y más siendo independientes– no fuimos una excepción. Se trata de hacer ver, a los dirigentes de JxCat y a la sociedad en general, que el resto de miembros del equipo que refundó, en 1999, Els Verds-Alternativa Verda (entre los cuales, además de los dos mencionados, la psicóloga Pilar Sentís, el músico Rafael Subirachs, el periodista Xavier Borràs y el escritor Andreu Carranza) hemos continuado trabajando –fuera del Parlament y en condiciones adversas, como hace 40 años- para poner la crisis ecológica, climática y social en el centro de la política. La respuesta recibida ha sido cero. Lo sabe perfectamente el portavoz de Els Verds-Alternativa Verda, Vilanova (Olot, 1947), periodista y escritor de muy larga trayectoria, que ha movido cielo y tierra en la ANC, JxCat y la Crida per la República para introducir los valores de la ecología política, hasta que, viendo que todo era muy complicado, ha tirado la toalla.

De aquí viene la redacción de este comunicado, entre la decepción y un último hilo de esperanza, donde expresamos –como hicimos en enero de 1977, cuando nos constituimos como Col·lectiu de Periodistes Ecologistes de Catalunya– nuestra desolación, en estos momentos de máxima crisis, al ver como nuestro mundo político y gubernamental no atiende como sería preciso los numerosos conflictos ecológicos, energéticos y territoriales que hay en Catalunya: el urbanismo a la Costa Brava, los polígonos industriales y logísticos en el Baix Penedès y en la Cuenca de Òdena, las operaciones urbanísticas en el Baix Llobregat (Castelldefels-Gavà), etc., la mala política de residuos, la cuestión nuclear (con la ampliación del permiso de explotación en Vandellòs y el año que viene, quizás, en Ascó), la implantación del 5G (con graves problemas para la salud y el medio ambiente, cómo han denunciado un centenar largo de científicos europeos y americanos) y, en fin, la contaminación de los suelos y capas freáticas y la comercialización de tóxicos perjudiciales para la agricultura.

Y, también, el tema eólico, dejado, desde hace 20 años, en manos de las grandes empresas energéticas, que han sembrado las comarcas rurales (sobre todo las del Ebro, con un 40%) de parques con poca o nula concertación con ayuntamientos y grupos opositores. Eso sí: en la televisión y en los periódicos nos dan el gustazo de ver como se pelean con grandes palabras vacías, todos de acuerdo, también, en no saber o no querer señalar los responsables finales de tanto desorden humano, territorial y ambiental.

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