¿Qué diferencia hay entre sanidad pública y sanidad privada?

La diferencia entre sanidad privada y sanidad pública es, fundamentalmente, una: dedicarse a la enfermedad o a la salud y a la vida. La privada se mantiene con tu enfermedad, y a la pública lo que le interesa es tu salud. Desgraciadamente, la maldita pandemia nos ha hecho ver a la mayoría de la población, en toda su crudeza, esta realidad.

Los profesionales de la pública no cobran por enfermos atendidos, ni por utilización de tecnologías, quirófanos, hospitales, y los bonos ni por prescripción de fármacos. Además, a la pública le interesa que no estés enfermo, así tiene menos gasto del dinero de todos. Por eso le
interesa tener unos buenos servicios de salud pública, de prevención, vigilancia del medio, promoción de la salud comunitaria y personas responsables de su salud, no medicalizar aquello innecesario.

La atención primaria y comunitaria, además de estas tareas, tiene que tratar con proximidad y empatía todas las patologías de su población asignada y derivar a sus pacientes a la atención especializada cuando haga falta. Para estas tareas, además de los profesionales de la salud pública, la pública tiene que potenciar tratar mejor y poner la atención primaria y comunitaria en el centro del sistema
público de salud como el recurso mejor y más efectivo, más equitativo y más eficiente en la prevención, la detección precoz, la educación y el cuidado de las personas y su salud. Estos agentes de salud trabajan para la vida y su calidad.

A la privada lo que le interesa (sobre todo, económicamente, a profesionales, laboratorios farmacéuticos, industria de tecnología y utillaje, grandes empresas multinacionales que hacen negocio y a los corruptos) es tener muchos enfermos, crónicos si puede ser, polimedicados, pero que duren, que aún no se mueran. Esta es la cruel realidad.

Aparte de esto, el sistema sanitario público (publicoprivat concertado) es una confusión de entidades con formato jurídico de diferente propiedad y gestión distinta, estructuras, condiciones del personal y TIC también diferentes, que hacen muy difícil la coordinación y su control.

Pongamos el ejemplo de la ciudad de Barcelona: en Barcelona en sanidad pública nos gastamos cada año 2.000 millones (de los 9.000 del Departamento de Salud), tenemos 8 hospitales de agudos públicos y concertados públicos. En atención primaria, de los 66 centros 50 son del ICS, 10 más son públicos y 6 privados con lucro. De los 19 sociosanitarios, 3 son públicos, 6 privados sin lucro y 10 privados con lucro. Total, que la sanidad pública en Barcelona destina 220 millones al año a entidades con ánimo de lucro.

De hecho, la privada vive bien gracias a los problemas y las limitaciones de la pública, provocados muchas veces por ineptitud, ideología, recortes, intereses privados o corrupción de muchos políticos que nos han gobernado y de los intereses del capital (el negocio de la enfermedad) o corporativos. Si una empresa privada quiere tener beneficios, con lo que cobra del sector público, tiene que recortar en gastos: pagar mal al personal, escatimar en número de personal, malas condiciones de trabajo, o bien ahorrar en limpieza, comida, mantenimiento, calidad del edificio, etc., porque si no tiene beneficios para sus accionistas cerrará.

También se tienen que dar a conocer, denunciar y mejorar los defectos en la calidad y la eficiencia del sector público. Muchas veces es por carencia de presupuestos adecuados, pero otras causas son la todavía importante burocratización, el centralismo con poca autonomía de gestión de los territorios, los centros y los profesionales y con indicadores muy centrados en la actividad y no tanto en los resultados y la calidad en salud. Aquí habrá que actuar enérgicamente para mejorar el sistema público, de forma que los recursos públicos, que son nuestros, se gasten lo mejor posible.

Por otra parte, el aire, el agua, la tierra, la vivienda, los alimentos, la solidaridad, la justicia y la equidad, los bienes comunes, se tienen que cuidar, porque son la salud y la vida. Hay que poner la salud como valor en todas las políticas públicas y como hegemónica en la cultura de la población, luchando contra el individualismo, las desigualdades, el consumismo, la depredación del medio y los otros factores que hacen
enfermar.

Por todo esto, no queremos gastar dinero público en beneficio de entidades privadas de negocio. Los recursos públicos tienen que ser para la salud, los cuidados y la vida; no tienen que entrar en la dinámica del mercado.

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