Beato Jordi…

Costó doblar la curva de los contagios y poco hacerlos rebrotar. El pico de la impotencia cayó a mediados de abril, por Sant Jordi. Entonces, nos dimos cuenta de que el virus se lo llevaba todo por delante, incluso la sacrosanta fiesta. En un arrebato de orgullo decidimos aplazarla en lugar de suspenderla, y la pasamos a julio. Mal deberán estar las cosas como para no poderla celebrar … Además, los calculadores de coronavirus calculaban entonces que la segunda ola no llegaría hasta septiembre u octubre …

Si bien es cierto que hemos celebrado Sant Jordi, no lo es menos que el santo no ha pasado de beato y la canonización tendrá que esperar, sino a abril del año que viene, a la vacuna. El rebautizado 'Sant Jordi de verano' ha funcionado con desigual éxito, en función de si se celebraba en zona de riesgo muy alto, alto, medio, bajo o muy bajo. Quizás el error ha sido no vender los libros y las rosas en los bares…

Antes no saque el hacha, confieso que soy muy fan de los bares y, desengañémonos, las mejores noticias se esconden en ellos. No obstante, llama la atención que los políticos destinen todos sus esfuerzos a salvaguardar los bares del confinamiento, convirtiéndolos en uno de los pocos lugares sagrados, libres de prohibiciones. En la calle tienes que llevar mascarillas y guardar las distancias, pero cuando llegas al bar se produce el milagro, caen las mascarillas y se relativizan las distancias. Igual las tabernas esconden la vacuna que nos inmuniza del coronavirus… Las películas del oeste nos enseñaban el poder curativo del alcohol, que servía de anestésico para sacar las balas y curar las heridas …

Desde el inicio de la pandemia hemos estado más preocupados en cómo acondicionar bares y restaurantes que colegios, cines o teatros. ¿Alguien se puede creer que es más peligroso, por ejemplo, ir al teatro con las mascarillas y las correspondientes distancias de seguridad, que a un bar? Por todo ello se entiende que la cultura se sienta dejada de la mano de los políticos. Escuchaba el jueves los escritores quejarse con razón de las restricciones en la segunda convocatoria del Sant Jordi de este año. Curiosamente, muchas de estas quejas se pronunciaban desde los cafés.

Así, hasta que no cierren los bares no se podrá dar por inaugurada la segunda ola de una pandemia que, desengañémonos, se encuentra al doblar la esquina. Catalanes, si ves las barbas de los barceloneses pelar, pon las tuyas a remojar. Este artículo lo he escrito desde un bar, ¿desde donde si no?

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