Los promotores abren pisos colmena ilegales en Barcelona

Las celdas de Haibu 4.0 no tienen licencia de actividad y sus asentamientos son ilegales
Piso colmena

¿Oportunidad inmobiliaria, especulación o solución al tema de la vivienda? La start-up, con sus microhabitáculos, pone en jaque la normativa municipal. Mientras Colau los tacha de especuladores, Haibu argumenta que son una solución, siempre temporal al problema de la vivienda. La colmena Haibu, ilegal eso sí, está a punto de abrir sus puertas.

En las sociedades distópicas de las películas de ciencia ficción de los años 70 siempre había dos elementos comunes: la población comía capsulas de todos colores y dormía en unas celdas donde apenas tenía espacio para darse la vuelta… Las capsulas aún tendrán que esperar un poco, pero las colmenas de habitaciones ya son una realidad que puedes encontrar en algunos puntos de Barcelona, en concreto los que tiene montados Haibu 4.0, una start-up de la ciudad, en Gracia, Les Corts y el Paralelo. Son habitáculos de 2,4 metros cuadrados en los que puedes dormir, enchufar el móvil y poco más. Microespacios que ya son una realidad pero que han topado de frente con la negativa del Ayuntamiento de Barcelona a darles una licencia que los permita entrar en el apetitoso y competitivo mercado inmobiliario de la ciudad.

El empresario detrás del invento es Marc Olivé, promotor inmobiliario, que piensa poner, sí o sí, los pisos colmena en funcionamiento “Estamos en la nueva era del cambio de la vivienda. Se tiene que cambiar el modelo porque no funciona. Y seguiremos adelante, aunque se a costa de que el ayuntamiento nos ponga trabas, multas o nos ilegalice. Si nos cierran una colmena, abriremos otra”.

Olivé asegura que estos pisos colmena son una solución, “siempre transitoria, eso sí” a los problemas de vivienda que padece una ciudad como Barcelona, sbre todo para gente con pocos, muy pocos recursos. “Una persona que está viviendo en un cajero, un coche o que comparte un piso en lo que se llama cama caliente… pues no hay argumentos en contra. Estas habitaciones son la solución”. La masificación turística que amenaza con convertir Barcelona en otra Venecia y que expulse a los residentes tampoco ofrece un panorama muy halagüeño, y los micropisos, las infraviviendas se van perfilando en un horizonte, esperemos que aún muy lejano. Según la legislación vigente el mínimo para considerar un piso habitable, que incluya cocina y baño, en Barcelona, es de 36 metros cuadrados, que dista de los 24 metros cuadrados de Valencia pero también de los 40 de Murcia. Haibu 4.0 ofrece habitáculos de 2,40 metros cuadrados, el más pequeño, que ofrecen una cama individual, una luz y poco más. El coste de 220 euros al mes incluye la luz, el agua, la wifi y el mantenimiento de las zonas comunes. El baño y la cocina, sin fogones solo con microondas y horno, son compartidos, al igual que la sala de ocio y la de trabajo. Una especie de celdas monacales, parcas y austeras, en las que no hay cabida para objetos personales “cogemos pisos y locales con un mínimo de 200 metros cuadrados en los que 50 de dedican a habitaciones para dormir, y el resto 150 metros cuadrados a zonas comunes.  Sacrificamos espacio personal por espacio comunitario”, asegura Olivé, “tienes más espacio que en un hostel, pero evidentemente no es un piso”.

Ayuntamiento y asociaciones por la defensa de una vivienda digna han puesto el grito en el cielo al considerarlo infraviviendas que “lo único que harán será amontonar a la gente, y eso es ilegal” argumentaba Colau en rueda de prensa. Un paso más allá ha ido la teniente de alcalde de urbanismo Janet Sanz quien ha asegurado que precintará cualquier piso que no cumpla con los criterios de habitabilidad digna. Como respuesta Haibu 4.0 ha instalado uno de esos minúsculos y claustrofóbicos habitáculos en la plaça Sant Miquel, a la entrada del ayuntamiento “nos quedaremos aquí, para que Colau vea como es una de nuestras habitaciones”, asegura Olivé, “ya llevamos meses de mails arriba y abajo para pedir una licencia que se adapte a nuestro modelo de negocio, porque no somos ni un hostel ni un albergue ni un hotel. Haibu está dirigido a personas que lleven, como mínimo 8 años en la ciudad y que sean residentes, por tanto, los turistas no podrán alquilar una habitación”.

Desde la start-up se posicionan como una solución a todas esas personas que están pasando por un bache económico, bien sea por pocos ingresos o por que los hayan desahuciado del piso o la habitación en donde residían “como mínimo tienen que tener unos ingresos de 450 euros”, argumenta el gerente de la empresa “y es una solución temporal para seis meses o un año, para que la gente pueda volver a levantar cabeza, que ahorren un poco y puedan salir adelante, pero parece que esto no le importa al ayuntamiento”.  Estos pisos colmena, en realidad habitaciones realquiladas en un local, no difieren de otros sistemas que funcionan, con grandes reservas, en Japón o Hong Kong donde la escasez de vivienda es considerable. Sin ir más lejos en París se alquilan los trasteros de las terrazas, antiguas viviendas de portero, de unos 9 metros cuadrados, de manera legal y en Nueva York conviven los enormes penthouses con vistas Central Park con los minúsculos apartamentos de Carmel Place, viviendas de 24 metros cuadrados. Sin movernos de Barcelona es fácil encontrar en el barrio de La Barceloneta los quarts de casa, antiguos pisos divididos en 4 subviviendas, de unos 28 metros cuadrados. En este barrio hay unas 5000 viviendas de este tipo, los precursores de una gran colmena, que fácilmente se pueden encontrar en el mercado por 200000 euros y destinados, casi en exclusiva, al mercado extranjero

¿Es Haibu 4.0 una solución a la desaforada especulación inmobiliaria o es un gran negocio disfrazado de buenas intenciones? Colau, antigua activista de la vivienda, se niega en redondo a conceder licencias a estos habitáculos, acusándolos de infraviviendas y a los promotores de especuladores que están aprovechando un nicho de mercado, y nunca mejor dicho. A pesar de la supuesta bonhomía del proyecto, la verdad es que si en un local puedes meter a 25 personas a razón de 220 euros por habitación, aunque descuentes la luz, el agua y los gastos… los números salen más que bien. 
 

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