Estados Unidos, a la deriva

Donald Trump pasará a la historia por haber sido el 46º presidente de Estados Unidos, pero también como personaje singular. Contra todo pronóstico en el año 2017 asumió la presidencia del país más importante del mundo. Si fue sorprendente que ganara las elecciones, una vez se ha visto cómo actúa, aún se entiende menos.

En lo que ha resultado ser un maestro es en el uso de los modernos medios de comunicación y de las redes sociales, como Twitter, Instagram, Facebook o YouTube. También hace un amplio uso de los teléfonos móviles y de su presencia en la televisión. Se mueve como pez en el agua, pero no siempre respetando criterios morales.

Su campaña populista estuvo llena de fake news, uso de piratas cibernéticos y procedimientos fraudulentos. Después se ha sabido que en la campaña electoral hubo interferencias de empresas rusas que hicieron una sofisticada campaña en favor de Trump, ya que Vladimir Putin no quería que ganara Hillary Clinton. También que la empresa inglesa Cambridge Analytica usó ilegalmente informaciones personales y direcciones de millones de electores para enviar mensajes que le beneficiaban.

Durante la campaña electoral prometió que bajaría los impuestos a los más ricos y a las grandes empresas, reduciría las importaciones y haría grandes inversiones, lo que llevaría a que la economía aumentase por encima del 4% del PIB. También frenaría la inmigración, deportaría los inmigrantes ilegales, de los que hay 11,3 millones, y levantaría un muro en la frontera con México, anularía la reforma sanitaria realizada por Barack Obama que beneficiaba a la población más pobre, o que, en ocho años, eliminaría la elevada deuda pública. ¿Cuáles han sido los resultados hasta ahora? Muchas de las propuestas se han tenido que suavizar y algunas ni se han podido aplicar.

Es cierto que, gracias a bajar los impuestos, aumentar las inversiones, a un mayor gasto público y en una coyuntura favorable, la economía americana ha tenido un buen crecimiento y una bajísima tasa de paro. Pero la deuda, que era de 19 billones de dólares, ahora ha subido a 21,7 billones y el déficit anual se acerca al billón de dólares. Tanto el déficit como el endeudamiento resultan insostenibles. Como los vientos están dejando de soplar a favor y el largo período de dinero fácil y barato se está acabando, ahora su populismo deberá cotejar con la realidad.

La desaceleración económica empieza a hacerse notar y en la Bolsa hay nerviosismo por lo que parece que podría ser el inicio de una próxima recesión. El populismo, cuando no puede cumplir las promesas hechas, siempre busca culpables. Según Trump, uno de los culpables desaceleración económica es Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, por haber subido el tipo de interés.

A nivel internacional, Trump desprecia a los países amigos y muestra su admiración por China, Rusia, Arabia Saudí o Brasil. Se retira, sin más, de importantes acuerdos internacionales como el del cambio climático de París, del de uso de armas nucleares con Rusia, del pacto con Irán por el control de la energía nuclear, o decide retirar al ejército de Siria dejando colgados sus aliados.

Desgraciadamente, los ciudadanos americanos pagarán las consecuencias de haber elegido un presidente que está sembrando el caos en la gobernabilidad del país. Trump improvisa decisiones, destituye al que no le da la razón y quiere gestionar el país como si fuera una empresa privada. Pero su manera de gobernar también tendrá consecuencias para todos los ciudadanos del mundo. Está desentendiéndose de importantes acuerdos internacionales tomados por los anteriores gobiernos, distorsiona las relaciones internacionales e impulsa descaradamente la American first, un proteccionismo que frenará la economía mundial.

Trump pasará a la historia como una persona vanidosa, superficial, narcisista, egoísta y con un estilo llamativo y amenazador. Un hombre que hace política a base de Twitter según la emotividad y el estado de ánimo del momento. Pasará a la historia como un personaje histriónico, que ha hecho perder el liderazgo mundial a su país, ha destrozado la política de respetar los pactos y que ha perdido el respeto y la confianza de sus amigos. Dejará la economía hipotecada, un país dividido y frustrado, nostálgico de un pasado mejor. Será una pesadilla a olvidar

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