«Las cosas han quedado reducidas a salvadores de la patria o enemigos»

Entrevista a Tiziana Barillà
Tiziana Barillà
Tiziana Barillà

Periodista, reggina (de Reggio Calabria) y libertaria. Autora de Utopía de la normalidad. Riace, el modelo de acogida de Domenico Lucano. Antes escribió “Don Quijote de la realidad. Ernesto Che Guevara e il guevarismo”. Junto a otros periodistas, acaba de fundar “El Salto”, un periódico-web, vinculado a la misma cabecera en español.

 

¿Podría hacernos un “fotomatón” de la política italiana hoy?

En pocas palabras: un desastre. A causa de una izquierda muy importante y con una gran historia que, a lo largo de los últimos 30 años ha estado muy empeñada en auto-destruirse, y una derecha, antes moderada y liberal y ahora extrema y xenófoba, que ha conquistado no solo el poder, sino el sentido común.

¿Por qué, esta derecha ha conquistado el poder y el sentido común?

Por la ambigüedad de un partido que parecía popular, anti-casta…, que ha acabado revelándose como un partido de derechas. El Movimiento 5 Estrellas, que ha entregado el país a la Lega, de Salvino. De otro lado, las italianas y los italianos son hoy un pueblo que ha sido erosionado durante veinte o treinta años por reformas devastadoras en la educación, la información y el Estado de bienestar. Desgraciadamente, Italia es hoy un pueblo de ignorantes, pero como tiene una gran historia está convencido de no serlo.

¿Qué ofrece 5 Estrellas para que la gente le vote?

Porque ha crecido mucho, y ha hecho palanca en la frustración y el rencor de las personas. Ahondaron a fondo en el odio contra quienes vivían mejor: la trama, no entendida solo como una clase política, sino integrada también por muchas más cosas, como los poderes fácticos, los de la información y los económicos. En España, la indignación tuvo un recorrido de complicidades. En Italia hubo y hay una simplificación cada vez mayor. Las cosas han quedado reducidas a salvadores de la patria o enemigos. El salvador de la patria es Salvini, el enemigo Lucano, el alcalde de Riace.

Todo esto parece conectar con lo que está ocurriendo en otros lugares de Europa, en EE.UU. y en Cataluña, sin ir más lejos ¿Que subyace en estos discursos compartidos?

Su característica en Italia es la paradoja. Porque el partido nacionalista de hoy es un partido que nació para la secesión de un parte del país, la Liga Norte. Hace unos años trabajé para un periódico de investigación que quería indagar sobre quien en el sur de Italia estaba tejiendo alianzas contra el partido que estaba en contra del sur de Italia. En cada región había un referente. En Sicilia era Casa Pound (en honor de Ezra Pound) formación neofascista muy importante. En otras regiones eran los sindicatos de derechas, un partido que se llama La Derecha, que agrupa un amplio espectro de derechas, que ha encontrado su lugar en él. Gracias a ellos, la Liga Norte desplazó su centro de gravedad de los “terrone” (término despectivo para calificar a los habitantes de la Italia meridional) a los nuevo “terrone”, que son la gente del norte de África.

¿Juega algún papel el miedo en estos movimientos de repliegue nacionalista que pueden estar empezando a contaminar a una cierta izquierda?

Sí, en Italia hay miedo. Un miedo inducido, no por nuestro pensamiento, sino por el Gobierno directamente, hasta en los territorios. Durante años, incluso los alcaldes de centro-izquierda de las grandes y medianas ciudades, han gobernado con leyes sobre seguridad. El Estado policial de hoy en Italia existe porque, durante mucho tiempo, ha adquirido un papel relevante en la opinión la delincuencia, las mafias, la inseguridad… Y esto sí que genera miedo en la gente.

¿Y a este miedo, naturalmente, se le pone cara y se concluye afirmando que “nos roban”?

Todos los informes del Ejecutivo, del Tribunal Constitucional…, dicen claramente que la micro-criminalidad está disminuyendo en Italia. Lo que aumenta es la criminalidad organizada. Pero la política y los medios de comunicación, vinculados a ella desde tiempos de Berlusconi, han convertido la crónica negra en un espectáculo. Y en ella, se identifica el papel del malo con el inmigrante, preferentemente negro. Si todo esto se combina con la ignorancia, nos encontramos con que Italia es hoy el país europeo donde mayor distancia hay entre la realidad y cómo se percibe.

¿A quién acaba beneficiando este estado de cosas? ¿Al capitalismo, en general? ¿Al capitalismo mafioso? ¿A Salvini y su entorno?…

Beneficia a esta trama a que me refería. Como si se hubiese creado una alianza estrecha entre agentes diferentes que han concluido que pueden encontrar fórmulas que les convienen a todos ellos. Esto tiene tres pilares: el capital, el poder financiero europeo, la extrema derecha europea (que obedecen a la UE, pero fingen no hacerlo) y la criminalidad organizada.

Esta variable de las mafias es algo que no se suele tener muy en cuenta, a la hora de analizar las cosas ¿Puede considerarse relevante su papel?

Es la punta de toda la pirámide. Pongo un ejemplo para entender el porqué. En Italia muchos emigrantes irregulares son como oro molido. Justo enfrente de Riace, están Rosarno y San Ferdinando, dos pueblos famosos en el mundo porque en sus campos agrícolas trabajan personan es régimen de esclavitud. Desde hace años, hay una ley en el Parlamento que nunca acaba de aprobarse en contra de la explotación y los explotadores en la agricultura. En un triángulo de complicidades, cada parte busca satisfacer sus intereses. Las mafias explotan a los trabajadores, el capital y sus multinacionales compran por muy poco dinero lo que producen estos y la ultraderecha hace propaganda.

Las empresas agrícolas americanas necesitan mano de obra barata y abundante, procedente de la emigración. Sin embargo, Trump la limita, con lo que teóricamente atenta contra los intereses de las empresas ¿Es esto así ¿Solo son apariencias? O quizás ¿También se están agudizando eso que conocemos como contradicciones inter-capitalistas?

Simplificando, se podría decir que esta paradoja, estas contradicciones, tienen los días contados. Pero estamos en una encrucijada. Pueden estallar guerras o lograrse una victoria. Depende de nosotros.

¿El “nos roban” se refiere, sobre todo, a las personas emigrantes, o también hace alusión a los empresarios que deslocalizan sus actividades?

En Italia, las deslocalizaciones tienen mucho que ver con grandes fábricas, como la Fiat, pero la explotación va más allá. Ahora, por ejemplo, con los call centers, que se están deslocalizando en lugares como Albania, donde el gobierno albanés está subvencionando el aprendizaje del italiano, para promover los empleos en este sector. También ha invertido mucho en banda ancha internacional. Siempre hay un gran explotador, y un pequeño explotador que le ayuda y se beneficia. En cualquier caso, el fenómeno de las deslocalizaciones tiende a agotarse, entre otras cosas por el abaratamiento de la mano de obra en Italia, como consecuencia de los recortes.

Volviendo al replegarse, tan a la mode ¿Dónde están sus límites? ¿En el Estado-Nación? ¿En otros espacios territoriales, como Cataluña? ¿En el municipalismo?

El fin cantado de este recorrido es la soledad. El individualismo. Hemos caído en una trampa, también en Italia. Mucha gente en Italia asocia el sentirse europeísta es ser un siervo de los burócratas de Bruselas. Existe una locura que casi me avergüenza decirla, que se mueve como una serpiente en el pueblo italiano, que se llama “Teoría de la substitución étnica”. La extrema derecha quiere impedir la llegada de los emigrantes, diciendo que hay unos poderes fácticos muy fuertes que quieren ocupar nuestro territorio y nuestra cultura y destruirlos. Por eso, el eslogan de la ultraderecha es “Stop invasione”. Hay una parte de la izquierda radical, que llamamos rojo-parda, que ha caído en esta locura. Son la parte más anti-europeista de Italia, que converge con la extrema derecha.

¿La clave que explica este “soberanismo”, como así se denomina el neo-nacionalismo en Italia, no es en definitiva el racismo?

Por supuesto. La confusión existente no ha surgido de la nada. Es algo querido, provocado. El “soberanismo”, se vende como soberanía popular contra los bancos Y la gente no tiene instrumentos culturales, ni tiempo para para pensar. Porque la mayoría de las italianas y los italianos tienen una vida de mierda. Hace unos años, una pintada rezaba: “Emigrantes, por favor, no dejadnos solos con los italianos”.

 

 

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