Una presidenta de la Generalitat musulmana

Posiblemente la mejor noticia de los últimos meses ha sido el acceso a la alcaldía de Londres de Sadiq Khan. Hay que ponerla junto a la liberación, el sábado, de los tres periodistas españoles secuestrados desde hacía diez meses. Felicidades y ánimos a Antonio Pampliega, José Manuel López y Angel Sastre y a sus familiares y amigos.

Ya va bien que la capital inglesa tenga un alcalde laborista en vez de conservador, europeísta en vez de euroescéptico y que se trate de una persona surgida de la clase trabajadora más sencilla. Pero es sobre todo novedoso y esperanzador que Khan sea musulmán y haya llegado a la alcaldía tras una campaña plagada de insultos y falsedades contra su confesión religiosa por parte del candidato conservador, Zac Goldsmith.

Que una capital europea, de 8,6 millones de habitantes, tenga un alcalde musulmán visualizará que la práctica de esta religión no es incompatible con la democracia y el respeto por los derechos de las mujeres y el conjunto de los ciudadanos.

Que Sadiq Khan sea el nuevo alcalde de Londres es una extraordinaria noticia para los que creen que la sociedad sana se construye a partir de las aportaciones de gente diversa, abierta al diálogo y la voluntad de construir un futuro mejor para todos.

A menudo, los medios de comunicación sólo exhiben el lado negativo de la realidad. Hay uno de positivo. A veces queda disimulado entre la acción ensordecedora de los que gritan más o son más violentos.

La comunidad musulmana es la que más sufre la acción de estos últimos. El triunfo de Sadiq Khan puede contribuir y ser muy bueno para el diálogo entre culturas y comunidades en Europa. Y sobre todo puede serlo mucho para la propia comunidad musulmana.

A ver si cunde el ejemplo y algún día tenemos en Cataluña un presidente musulmán. ¡Una presidenta, mejor!

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