El santuario del Born

Bluesky
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Ricard Vinyes es un prestigioso catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona y un destacado especialista internacional en la contextualización y adecuación de espacios memorialísticos que ha trabajado para los gobiernos del País Vasco, Chile, Argentina… El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona lo ha designado responsable de los Programas de Memoria y, entre otros encargos, tiene el de reformular el Born Centro Cultural (BCC), convertido por su antiguo director, Quim Torra, en un mausoleo de la causa independentista.

La historia no es nunca en blanco o negro y Ricard Vinyes lo sabe muy bien. Interpretar la Guerra de Sucesión del siglo XVIII como un enfrentamiento entre Cataluña y España es una burda manipulación, ya que se trató de una conflagración europea con múltiples actores y alianzas. Del mismo modo que lo es la interpretación, en términos simétricos, de la Guerra Civil del 1936-39. Sin ir más lejos, el abuelo del actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se pasó a la «zona nacional» de Burgos, igual que miles de catalanes que combatieron junto a las tropas franquistas.

Los restos arqueológicos del Born, testigo excepcional de la destrucción de esta parte del barrio de la Ribera ordenada por Felipe V para construir la ignominiosa Ciutadella, merecen ser protegidas y dignificadas. Así lo defendí con vehemencia desde EL TRIANGLE cuando el Ayuntamiento socialista preveía la transformación del antiguo mercado en la sede de la futura Biblioteca Provincial de Barcelona.

Su apropiación por parte del independentismo militante es un agravio a la pluralidad democrática de Cataluña y al respeto que a todos nos merecen y que todos tributamos a los heroicos defensores del asedio de Barcelona. Es como si el antiguo pueblo de Corbera (Terra Alta), destruido por los bombardeos franquistas, hubiera sido «secuestrado» por los herederos de los anarquistas y comunistas que participaron en la batalla del Ebro y transformado en un «santuario» exclusivo de estas ideologías.

La historia siempre se tiene que mirar en perspectiva y más si nos remontamos a hechos muy lejanos en el tiempo que no tienen nada que ver con nuestra vida actual. Trasplantar la Guerra de Sucesión a nuestros días –como se intentó hacer con los actos de conmemoración del Tricentenario- y elevar los restos del Born a una especie de Muro de las Lamentaciones de los catalanes es una maniobra que merece el rechazo intelectual. Las piedras ya hablan por ellas mismas y no hace falta que las mitifiquemos.

El nacionalismo hiperventilado es un factor de división y de dolor social que no lleva a ninguna parte. O sí. La prueba más evidente la tenemos en Israel. El pueblo judío fue víctima, durante la primera mitad del siglo XX, de atrocidades abominables que avergüenzan a la humanidad. Pero desde 1948, es el pueblo palestino –que no tiene ninguna culpa de vivir donde vive- quien sufre la opresión y la represión de manos de los herederos de las antiguas víctimas de los progroms y del holocausto.

En su etapa como alcalde de Girona, el presidente Carles Puigdemont ha «mimado» al turismo judío que visita el antiguo Call de la ciudad y ha hecho descarados gestos de complicidad hacia el sionismo, siguiendo la tradición pujolista de considerar Israel como el referente a seguir en el camino de Cataluña. En este sentido, vale la pena recordar que la comisión de Asuntos Exteriores de la Unión Europea acaba de aprobar una declaración tajante en contra del proceso de colonización de los territorios de la Cisjordania ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967, considerándolo el gran factor de desestabilización y violencia que sufre esta zona.

Dejemos que el catedrático Ricard Vinyes elabore una propuesta para la reformulación y desacralización del Born y, una vez presentada, ya expresaremos todos nuestra opinión. Pero no. Los independentistas más acérrimos ya han comenzado una campaña para que este lugar continúe siendo el «Valle de los Caídos» del movimiento secesionista. De la historia tenemos que sacar lecciones para no repetir los errores del pasado, no para reproducirlos fuera de su contexto.

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