A Núria de Gispert le baila la silla

La aritmética parlamentaria es muy sencilla e implacable: el divorcio de CiU y la escisión interna que ha sufrido Unió Democràtica (UDC) provocan que, hoy en día, el independentismo sea minoritario en la Cámara catalana. Al empezar esta turbulenta legislatura, la suma de CiU (50 diputados) y ERC (21 diputados) hizo posible la conformación de una mayoría soberanista por el derecho a decidir (tú ya me entiendes). Pero, después de la enrevesada consulta a la militancia de UDC del pasado 14 de junio y la victoria, por los pelos, de las tesis de Josep Antoni Duran Lleida, la federación ha saltado por los aires y 10 de los 16 diputados democristianos han pasado a militar abiertamente en las filas de los «no independentistas».

Son habas contadas: la apuesta secesionista tiene, por ahora, el apoyo formal de los 34 diputados de CDC, 6 de UDC, los 21 de ERC y los 3 de la CUP. En total, 64 de los 135 escaños del Parlamento, 4 por debajo del umbral de la mayoría absoluta. A pesar de que los democristianos que se han quedado con las siglas del partido ya han anunciado que no aprovecharán esta ocasión para «hacer sangre», es evidente que la precariedad política del presidente Artur Mas es dramática.

Pero en esta ruptura quien ha quedado totalmente en falso es la actual presidenta del Parlamento, Núria de Gispert, que ha conspirado abiertamente contra el presidente del comité de gobierno de su partido, Josep Antoni Duran Lleida, y ha perdido la batalla. Además, ha decidido que deja de pagar las cuotas de afiliada a UDC y, por lo tanto, implícitamente, se ha dado de baja del partido fundado por Manuel Carrasco i Formiguera. Formalmente, Núria de Gispert ha pasado a ser una diputada no adscrita integrada -con el permiso de la CUP- en la minoría secesionista del Parlamento. ¡Menudo lío!

A la hora de cerrar esta edición de EL TRIANGLE, reina una incertidumbre absoluta sobre la capacidad del movimiento independentista -partidos y entidades- para confeccionar una lista única para las elecciones del 27-S. Además, planea una espesa niebla sobre el adelanto electoral, piedra angular del arco parlamentario que, con el apoyo de Oriol Junqueras, sustenta la presidencia de Artur Mas.

El día 3 de agosto es la fecha tope para que se pueda convocar el 27-S en clave plebiscitaria. En este supuesto, la X Legislatura ya está prácticamente liquidada y no tiene ningún sentido moverle la silla a Núria de Gispert, segundo cargo de representación institucional de Catalunya. Ahora bien, si Artur Mas decide incumplir la «hoja de ruta» soberanista, posponer las elecciones y agotar su mandato, entonces hay que poner inmediatamente a la orden del día la necesidad de destituir la presidenta del Parlamento. No le salen los números.

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