Renacimiento de la Euroregión

Las elecciones del 24-M nos han dejado un mapa político muy interesante que abre el abanico de posibilidades geopolíticas de Catalunya, hasta ahora limitado a una fatigosa y estéril «partida de frontón» entre el bloque soberanista y el Gobierno central del PP. Muy posiblemente, en las próximas semanas tendremos gobiernos de progreso, articulados por los socialistas o con su participación, en las comunidades del País Valenciano, Aragón y las Islas Baleares, acabando con la implacable hegemonía del PP.

Esta es una situación inédita en la historia democrática del Estado español. Tres de los cuatro territorios de la antigua Corona de Aragón estarán gobernados por fuerzas políticas –el PSOE, Podemos, Compromís, Més…- que aspiran programáticamente a una reformulación federal de la Constitución y que manifiestan, en su ADN, una voluntad de empatía y de entente con Catalunya. Es decir, nuestros vecinos más inmediatos, con quienes nos unen lazos muy profundos –genealógicos, culturales, económicos…-, se declaran, de entrada, amigos nuestros.

En tiempos de Pasqual Maragall en la Generalitat ya se produjo una coyuntura parecida, al coincidir con las presidencias de Francesc Antich en las Islas Baleares y de Marcel·lí Iglesias en Aragón. Fue entonces cuando el proyecto de la Euroregión recibió un fuerte impulso institucional y político, con la participación activa de los socialistas Georges Frêche al frente de la región Languedoc-Rosselló y de Martin Malvy en la de Mediodía-Pirineos.

Según las previsiones más razonables, Ximo Puig (PSPV) será el nuevo presidente de la Generalitat valenciana, Francina Armengol (PSIB) del Gobierno balear y Javier Lambán (PSOE-A) de la Diputación General de Aragón. En espera de las próximas elecciones regionales francesas y de la fusión del Languedoc-Rosselló con Mediodía-Pirineos, los socialistas Damien Alary y Martin Malvy continúan presidiendo estas instituciones.

Es decir, el proyecto de la Euroregión –»congelado» por el presidente Artur Mas, en detrimento de la apuesta soberanista– está en condiciones de renacer con fuerza en los próximos meses y más si CiU pierde las anunciadas elecciones del 27-S. Con la novedad que ahora se podrá contar, por primera vez, con la complicidad y el interés de la Generalitat valenciana.

¿De qué estamos hablando? Los territorios articulados por la futura Euroregión ampliada –País Valenciano, Islas Baleares, Aragón, Catalunya, Mediodía-Pirineos y Languedoc-Rosselló- concentran una población agregada de 20,5 millones y, en caso de materializarse, se convertiría en uno de los polos demográficos, políticos y económicos con más peso de la Unión Europea, con Barcelona en el epicentro. En este sentido, el corredor mediterráneo de alta velocidad es la «calle mayor» de este espacio euroregional que sintetiza y actualiza, en clave del siglo XXI, el espíritu de la antigua Corona de Aragón.

Bruselas ampara y promueve las agregaciones regionales. Es una manera de superar las viejas fronteras y abrir paso a las nuevas realidades y dinámicas socioeconómicas. En la actualidad, en Europa hay más de 60 entidades de esta tipología y la Euroregión Pirineos-Mediterráneo, creada en 2004, es, sobre el papel, la más grande. Pero ni el PP ni CiU se han interesado en su promoción.

La paradoja post 24-M es chocante. Tres territorios que rodean a Catalunya –País Valenciano, Aragón y las Islas Baleares- han dicho, implícitamente, en las urnas que se quieren implicar con nosotros, que quieren que colaboremos juntos, que no quieren que nos «marchemos». La antigua Corona de Aragón tiene su plasmación en la Euroregión Pirineos-Mediterráneo, donde Catalunya ocupa la rótula vertebradora.

Nuestra historia no empieza ni acaba en 1714. ¡Venimos de lejos y vamos más lejos todavía! Ahora tenemos la oportunidad única de potenciar el proyecto euroregional. Tengámoslo claro: la independencia rompe los lazos y nos enemista con nuestros vecinos y hermanos. No podemos ser miopes. Tenemos que ver claro, en cada momento, qué horizontes tenemos al alcance y qué caminos resultan más pragmáticos y beneficiosos para la gente y para el «catalan dream».

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