2015, este año sí, pero ¿qué?

Tal y como está polarizada Catalunya, la expresión «2015, este año sí», interpretada en clave política, puede tener dos lecturas contrapuestas. La expresión se asocia con el Barça. «Este año, sí» se entiende como que esta temporada los azulgranas jugarán de maravilla y conseguirán muchos títulos. Históricamente, esta interpretación representa un agravio comparativo respecto de otros clubes, especialmente el Espanyol, pero ya están acostumbrados. Para un perico, «este año, sí» no significa nada especial.

En un país donde nos hemos pasado los 365 días del año discutiendo sobre si debemos crear un Estado independiente de España o no, «este año, sí» tiene una lectura especial. Para los independentistas significa que 2015 será el año de la proclamación de la segregación catalana. Pero las encuestas demuestran que hay una mitad del país que no quiere esta independencia. Entonces, ¿qué?

Lo que para algunos es el éxtasis final de su vida para otros es una equivocación monumental. Veremos qué pasa.

Una de las ventajas de 2015 es que no será el tricentenario de 1714, con lo cual es de esperar que el debate sobre los pros y contras, el acierto o la insolidaridad asociados a la independencia sea más serio y profundo.

Pero hay un contingente considerable de gente que quisiera interpretar el «Este año, sí» de una forma diferente. Su ilusión sería que durante el año nuevo se discutan cuestiones que afecten más directamente el día a día de las personas y no coninuar varados en la discusión sobre un hipotético futuro más o menos dependiente de España.

Probablemente una cosa no quita la otra. Pero lo que no puede ser es que una cosa tape a la otra.

Mi deseo para el 2015 es que, ningún día de este año, ningún consejero del gobierno de la Generalitat pueda hacerse la pregunta que se autoformuló el de Territorio y Sostenibilidad, Santi Vila, no hace ni un mes: «Si este país no hubiera hecho un relato en clave nacionalista, ¿cómo habría resistido unos ajustes de más de 6.000 millones de euros?».

Y no tanto por la trampa que supone exhibir el relato nacionalista con el fin de que la gente digiera los ajustes, como para que en 2015, haya elecciones al Parlamento de Catalunya o no las haya, sean normales o plebiscitarias, mande quien mande, enterremos de una vez por todas la estúpida, injusta, inmoral y asesina política austericida de 2014 y precedentes.

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