Víctor Font se ha vuelto a poner el guante de seda para atacar formalmente a Joan Laporta por una gestión que, desde todos los puntos de vista, arroja un balance decepcionante y que ha arrastrado a la institución a una situación crítica, en especial en el ámbito económico. También son alarmantes, según su propio análisis, episodios de una enorme sospecha de componendas y de tráfico de influencias, como el relacionado con el pago de los intereses del aval que a Laporta le permitió tomar posesión del cargo el 17 de marzo de 2021. Las informaciones aparecidas ayer mismo confirmaban que una sociedad licenciataria del club, en concreto ISL Futbol Limited Liability Company, empresa estadounidense especializada en marketing deportivo con sede fiscal en Charlotte (Carolina de Norte) y oficina central en Miami (Florida), ingresó 350.000 euros en una cuenta del Banc Sabadell -diciembre de 2021- a través de la cual se abonó el coste del mantenimiento del aval.
La cuenta, como ya había publicado el diario Sport meses atrás, se abrió a nombre de los directivos avalistas, Joan Laporta, Rafael Yuste, Antonio Escudero, Elena Fort, Juli Guiu, los dimitidos Eduard Romeu y Jordi Llauradó, Josep Cubells, Ferran Olivé, Josep Maria Albert, Xavier Barbany, Miquel Camps, Alfons Castro, Josep Ignasi Macià, Aureli Mas, Xavier Puig, Àngel Riudalbas, Joan Solé, Joan Soler y Francesc Pujol, que aportó garantías a la causa aunque no pudo acreditar la antigüedad como socio requerida por los estatutos, de cinco años, para figurar como directivo.
El caso es que ISL Futbol recibió, poco después, el encargo de la junta de organizar dos de los partidos amistosos de la gira de verano de 2022 del primer equipo, así como el beneficio de un margen cada vez más amplio para explotar, como licenciataria del FC Barcelona para las Barça Academy en los EEUU, la posibilidad de abrir nuevos centros de formación bajo la metodología de la Masía y la promoción de campus de verano de costa a costa en el territorio norteamericano. La novedad aportada por El Periódico en las últimas horas sobre lo que ya había trascendido es la prueba documental de esa transferencia de 350.000 euros.
En esa misma cuenta, abierta el 15 de marzo de 2021, se registraron otros dos ingresos de terceros, uno procedente de JBM Investments 2014 SL, propiedad del empresario israelí Morris Moshe Benisty (750.000 euros) amigo y exsocio de Laporta, y otro de Capital Planet SL (700.000 euros), cuyo administrador único es Xavier Laporta, hermano del presidente del FC Barcelona. Con ese saldo se realizó el pago de costes financieros del mantenimiento del aval, importe que se había negado a afrontar la totalidad de los directivos cuando, contra el acuerdo inicial de Laporta de hacerlo mancomunadamente y a partes iguales, se vieron extorsionados por Laporta tras ganar las elecciones el 7 de marzo de 2021. Ese volteo de los acontecimientos fue el causante de la renuncia de Jaume Giró, quien en principio debía ser el vicepresidente económico.
Para Víctor Font, sin embargo, este es un asunto “sobre el que los socios necesitamos una explicación, lo mismo que de otros muchos temas”, dijo, relativizando la posibilidad de iniciar o de participar en un voto de censura contra la junta actual. “No se puede descartar nunca esa posibilidad”, añadió con la boca pequeña, dejando muy claros sus planes, que no pasan, desde luego, por realizar una oposición activa, de denuncia y de permanente exposición en los medios, como hizo contra Josep Maria Bartomeu desde más de dos años antes de la presunta convocatoria de elecciones. Mucho menos pasar a la acción directa con un voto de censura, como también apoyó en otoño de 2020 “porque con Bartomeu se cruzaron líneas rojas”.
En este punto de la entrevista, concedida a Catalunya Ràdio en un extraño formato, breve y con un guion premeditadamente ajustados a contenidos breves y limitados, el entrevistador le planteó si el pestilente caso de esa cuenta adulterada por aportaciones ajenas a las de los directivos no era también una línea roja. En esa encrucijada, Font reaccionó con su habitual cobardía y sumisión, remitiéndose a la rueda de prensa de análisis del curso que convocará dentro de unas semanas. Tras lo cual, como siempre, se irá de vacaciones.
Víctor Font, en definitiva, volvió a alertar sobre el riesgo de desperdiciar recursos futuros como el signing bonus de Nike y la venta de jugadores, para subsanar el descubierto contable de Barça Studios a un mes del vencimiento del segundo plazo de 60 millones que, sumados a los 40 millones prometidos en agosto de 2023, sería de 100 millones sin contar el impacto en la memoria económica que decida el auditor ante la evidente devaluación de una compañía propia que Laporta ha utilizado como un truco contable desde hace dos años.
La conclusión es que el barcelonismo, otra temporada más, no tendrá quien lo defienda de la masacre del laportismo, entre otros motivos, porque también la credibilidad de Víctor Font como alternativa ha ido descendiendo en paralelo al extraño comportamiento de Xavi Hernández, que era su gran baza electoral hasta que el técnico de Terrassa lo dejó tirado viendo que Laporta iba a ganar las elecciones. Donde Font podría afianzarse y recobrar el tirón social que lo llevó a ser el segundo candidato más votado en las elecciones de 2021 es en el ámbito del atropello de los derechos de los socios y del galopante descontrol de la economía del Barça.
Pocas horas después de ese acto de contención por parte de Font, la directiva salió al paso de la noticia publicada por El Periódico con un comunicado en el que la junta de Laporta admitía haber tratado los 350.000 euros de ISL Futbol Limited Liability Company “en forma de préstamo sin otra compensación”.
Solo entonces, con retraso tras haber perdido la oportunidad de tomar la iniciativa, Font vio la oportunidad de repuntar esa popularidad descendiente con una nota de su plataforma Sí al futur en la que exigió una explicación pública detallada de los movimientos de esa cuenta por parte del compliance del club, Jorge Atienza, para que “explique la naturaleza de los pagos y medidas que va a tomar su departamento para validar que directivos recibieran un préstamo por parte de un proveedor del Club, a qué directivos se realizó el préstamo y en qué condiciones”.
La maniobra de Font, según se mire, puede considerarse más defensiva que atacante. ¿No tendría más sentido haber exigido la comparecencia del presidente ante un hecho tan extremo, sobre todo después del reconocimiento por parte de la junta directiva? Por la tarde, además, empezaron a circular informaciones que apuntaban a nuevas revelaciones de la prensa en las horas siguientes sobre esa cuenta tan abierta a aportaciones de terceros y sobre su destino.
La cuestión es sí, de verdad, Víctor Font quiere ponerse en serio a reclamar una gestión digna y transparente o volver a representar ese papel superficial, permisivo y desconcertante, pues ningún excandidato ha dispuesto de tantas razones, motivos y escenarios tan favorables para liderar la reconstrucción del club de la que tanto se harta de hablar.











