Es descarado, cansado y hace asco. Mucha. La envidia, mirarse de reojo, las desconfianzas y los intentos de taparse entre consejeros del gobierno de JxCat y ERC están llegando a puntos inauditos. Y es que en la escena política se ha instaurado ya tanto la idea que las elecciones catalanas pueden llegar en cualquier momento, que los equipos de los consejeros intentan de todas formas que sus patrocinados salgan en todas las fotos en positivo posibles, y si puede ser chafando la guitarra a los del otro partido socio, mejor.

Así, como que el ejecutivo catalán tiene pocas cosas de qué presumir, cuando hay una convocatoria pública de alguna medida positiva siempre va el consejero del ramo, cosa natural. Pero el ambiente preelectoral y la competencia interna hacen que, si el consejero es de ERC, se deje caer uno de JxCat por allá, o si es de JxCat aparezca también uno de ERC. Incluso pasa cuando son el presidente o el vicepresidente los que encabezan la delegación del gobierno. Es tan descarado que incluso envían consejeros que a menudo no tienen ninguna competencia ni relación con el tema en cuestión. Se trata de figurar por figurar y, sobre todo, que no figure el otro solo.