El caso de la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Vall-llobrega

Bluesky
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En febrero de 2024, en plena sequía, tuve la oportunidad de visitar la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Vall-llòbrega. El objetivo de la visita era entender su funcionamiento y la capacidad de devolver las aguas depuradas a los acuíferos, en un momento en que sólo se hablaba de instalar desaladoras. El personal de la depuradora me facilitó los siguientes datos técnicos:

  • Se recogen 75 toneladas anuales de toallitas y residuos sólidos no aprovechables.
  • La potencia necesaria para depurar es de 1 kW/m³, mientras que para desalar es de 3,5 kW/m³.
  • El 30% del consumo energético se cubre con el autoconsumo del metano producido, que alimenta dos turbinas de 65 kW.
  • Se producen 3.000 toneladas anuales de fangos aprovechables como fertilizantes, siempre que no contengan metales pesados.
  • La capacidad de depuración es de 5 hm³ anuales.
  • El volumen de agua depurada vertido en el mar es de 600 m³ por hora, equivalente a una piscina municipal cada tres horas
  • Diseñada a principios de los 80 para dar servicio a 166.000 personas, por debajo de los datos actuales de población y servicios en verano y fines de semana.
  • Dispone de dos niveles de tratamiento: depuración biológica y eliminación de fangos, pero no tiene capacidad para eliminar nutrientes ni metales, un requisito imprescindible para regenerar y reutilizar el agua en usos agrícolas, urbanos e industriales.

Cuando hice la visita, la planta funcionaba sólo al 50% de su capacidad porque dos piscinas estaban fuera de servicio por avería. También pude comprobar el estado de corrosión de muchos componentes y la falta evidente de inversiones en mantenimiento.

Durante las lluvias de enero de ese año, la depuradora quedó inundada. Motores, cuadros eléctricos y conducciones enterradas quedaron fuera de servicio y desde entonces, sólo se realiza una separación de sólidos. El resto de fluidos se vierten directamente al mar, de forma visible y perceptible por el olfato, frente a la playa del Castell.

No está claro si las estaciones de impulsión de Calella, Llafranc y Tamariu siguen funcionando. ¿Qué sentido tendría gastar energía para impulsar aguas residuales pendiente arriba si acaban igualmente en el mar sin depurar?

En el pleno municipal del mes de marzo, el grupo de Palafrugell en Comú presentó una moción recogiendo estos datos y pidiendo que el Ayuntamiento se coordinara con el resto de municipios afectados y con el Consorcio de Aigües Costa Brava Girona para encontrar una solución urgente y, a la vez, avanzar hacia la reutilización del agua para usos agrícolas. La misma moción se trasladó a los representantes del Consejo Comarcal y al grupo de los Comunes en el Parlament de Catalunya.

Durante el mes de abril empezaron a circular imágenes y vídeos del vertido directo de aguas residuales al mar. Estas imágenes generaron alarma social y obligaron a responsables del Consorcio y de la Diputación a hacer declaraciones públicas: «Estamos pendientes de que llegue una pieza de 450 kg procedente de Dinamarca que debe permitir reparar el emisario submarino desde donde emergen los residuos visibles«. ¿Es que la prioridad es conducir las aguas residuales hasta la línea del horizonte para que no sean visibles? ¿No debería ser prioritario recuperar el funcionamiento completo de la depuradora para que los líquidos vertidos tengan los niveles de calidad previos a la inundación y, paralelamente, seguir trabajando para aumentar su capacidad de depuración hasta poder reutilizar el agua para usos agrícolas e industriales? Si la depuradora dispusiera de un tratamiento terciario, los vertidos al mar podrían ser prácticamente inexistentes. No harían falta emisarios.

También se ha declarado que, dado que la depuradora está situada en una zona inundable, «se estudian alternativas para una nueva ubicación«. Pero las depuradoras costeras suelen situarse en zonas inundables porque las aguas residuales llegan a ella por gravedad siguiendo las cuencas naturales. El emplazamiento actual está integrado y en equilibrio con su entorno, y los terrenos adyacentes permitirían ampliar su capacidad y modernizar su tecnología.

El problema real es un diseño anticuado y vulnerable, especialmente en lo que se refiere a las canalizaciones enterradas, que no están preparadas para resistir inundaciones que, previsiblemente, se repetirán. Es aquí donde debería concentrarse los esfuerzos y las inversiones. No valen excusas basadas en jerarquías administrativas ni explicaciones que esquiven la raíz del problema. Aunque las competencias sean supramunicipales, los Ayuntamientos tienen la obligación de velar con todas las acciones posibles por el bienestar de su población y éste es un caso que reclama inmediatamente su actuación. En un mundo sostenible no deberían existir residuos y esto debería ser aplicable tanto a los objetos como a los seres vivos procurando reducir los consumos de recursos naturales y aprovechar al máximo los residuos que generamos, preferiblemente cerca de casa, favoreciendo la economía circular e interdependiente de nuestras comunidades.

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