El periodista opositor ruso Rostislav Murzagulov sostiene que el primer ministro húngaro, Víktor Orban, habría recibido como regalo de Putin una lujosa mansión de 7.000 metros cuadrados valorada en unos 82 millones de euros en la zona de Rubliovka, un asentamiento elitista en las afueras de Moscú donde tienen su residencia muchos oligarcas y funcionarios cercanos al Kremlin. La casa le habría sido entregada como recompensa por los servicios prestados como topo de Rusia en la Unión Europea y como posible refugio en caso de tener que huir de Hungría si sufre un resultado adverso en las elecciones previstas para el 12 de abril.
Esta información no ha sido confirmada por fuentes independientes de prestigio, pero adquiere una cierta credibilidad dado que ya hace años que la Unión Europea y la OTAN dejaron de considerar a Hungría como un aliado fiable. El ministro de exteriores de este país, Péter Szijártó, ha sido acusado de hacer llamadas de forma regular a su homólogo ruso, Sergei Lavrov, durante los descansos de las reuniones confidenciales del Consejo de la Unión Europea en Bruselas y de proporcionarle información sobre la posición de otros miembros de la UE sobre cuestiones como la aplicación de nuevos paquetes de sanciones o los parámetros de la ayuda militar a Ucrania antes de hacerse oficiales. La revelación de documentos donde agentes del servicio exterior ruso sugerían escenificar un atentado para desviar la atención sobre la crisis económica que vive el país y generar una oleada de apoyo basada en el miedo y la inseguridad refuerzan aún más la verosimilitud de noticias como esta.
En plena campaña electoral, sin embargo, la oposición prefiere más fijarse en los negocios inmobiliarios del primer ministro húngaro en el interior del país y centra sus críticas en la figura de Lőrinc Mészáros, un humilde instalador de gas de Felcsút, una pequeña localidad que no llega a los 2.000 habitantes donde el primer ministro húngaro pasó parte de su infancia. Desde que Víktor Orban llegó al poder en el año 2010 hasta ahora, Mészáros ha visto crecer su fortuna de forma meteórica hasta convertirse en el hombre más rico de Hungría gracias a haber ganado una cantidad sospechosamente desproporcionada de licitaciones estatales. Su empresa, Mészáros Kft, se ha convertido en contratista casi permanente de inversiones financiadas por la UE y ahora está construyendo un puente sobre el Danubio que conecta Hungría con Eslovaquia, por 92 millones de euros. La misma compañía también se encargó de construir un estadio de fútbol en Felcsut, justo al lado de la casa de vacaciones de Orban.
También es propietario de los principales medios de comunicación del país, con los que ha prestado grandes servicios en Orban como el cierre del diario opositor Nepszabadsag. Recientemente, ha adquirido Hunguest, la principal cadena hotelera de Hungría; así como la mayoría de los campings alrededor del lago Balaton; dos estaciones de esquí junto a la ciudad austríaca de Murau, y el equipo de fútbol croata FC Osijek.
Además, ha obtenido una participación mayoritaria en la filial húngara de la empresa checa de ingeniería de energía nuclear KralovoPolska Ria (KP Ria). Esta empresa es uno de los socios internacionales de Rosatom, el gigante energético estatal ruso que está a punto de construir la central nuclear húngara Paks II, un proyecto del que Mészáros será uno de los principales beneficiarios y el estado ruso ha financiado con un préstamo por valor de 10.000 millones de euros. También tiene intereses en bancos como MBH Bank que ha sido uno de los financiadores de Vox.
Medios como Direkt36, un canal de noticias creado como respuesta a las presiones gubernamentales contra la prensa, aseguran que es el testaferro de Orban y su familia, cuyos activos también han ido creciendo de forma significativa de 2010. Así, István Tiborcz, casado con la hija mayor de Orban, se ha convertido en uno de los empresarios más influyentes del sector inmobiliario, con fuertes intereses en el campo del alumbrado público, donde su empresa acostumbra a ganar buena parte de los concursos a pesar de presentar -y cobrar- unos precios cerca del 60% por encima de lo usual en el mercado. Gyözö Orbán, el padre, se ha convertido en el principal suministrador de material de construcción para las grandes obras públicas del país.
Los opositores aseguran que la posible mansión en Moscú y el repentino enriquecimiento de personajes como Mészáros o Tiborcz explican el funcionamiento de la economía húngara, un capitalismo donde los fieles, los amigos y los familiares de Orban siempre acaban recibiendo alguna porción, cuando no la ración entera.







