Estamos desde siempre en un mundo en continuo cambio, con una gran incertidumbre respecto de que, cuándo y cómo se producirán, sin embargo en los últimos tiempos debido a la gran cantidad de energía incorporada en el sistema tierra, por la acción humana, estos cambios y las incertidumbres asociadas son mayores (https://elcargol.com/index.php/opinio/es-pot-parar-un-camio-de-gran-tonatge-con-frens-de-carro), y los cisnes negros, que están, pero que tardábamos en encontrar, cada vez aparece más fácil y recurrentemente (https://www.cugat.cat/noticies/noticies/).
Los sistemas ecológicos se basan en equilibrios sutiles o no, entre muchos elementos en situaciones y momentos distintos, que finalmente generan respuestas complejas e impredecibles.
Sin embargo, existen fenómenos visibles y bien conocidos, como cuando la demanda de nutrientes, o de agua o radiación, o el conjunto ponderado de los mismos no se compensa, primero el sistema se debilita y al fin colapsa, originando caos y unos nuevos sistemas, mediante transiciones complejas y complicadas (https://cupsantcugat.cat/2026/01/27/col%C2%B7lapse-es-lopinio-de-robert-save/.
En ecología este proceso se denomina transición (ahora también se utiliza en ciencias sociales), y que por ejemplo permite valorar, que, tras el abandono agrícola, ¿se llegará otra vez a un bosque, pero en cuantos años, afectará al tipo de cultivo que, se hacía, será el mismo tipo de bosque que había antes del cultivo…y que ocurrirá si en medio del proceso se desarrolla ganadería extensiva o se genera una gran urbanización de la zona o sus cercanías…?
«Somos como queremos ser«, dijo Martí Pol y no seremos nosotros quienes lo contradigamos, y más desde nuestra absoluta admiración hacia su obra. Sin embargo, dejó de puntualizar el tiempo, la dirección y el camino seleccionado a recorrer para llegar a ser lo que queremos ser.
Así, siguiendo al mismo autor, hay que considerar la cuarta dimensión, el tiempo, ya que como nos dice el mismo en el poema la Casa del libro el ámbito de todos los ámbitos (1980), “De nosotros depende que el paso del tiempo no estropee las señales que hay escritas en las piedras, y que el huésped que los años anuncian no encuentre la casa abandonada, y oscura, y triste”.
En otras palabras, quizás ya hemos sido suficientemente descriptivos respecto de los fenómenos que nos afectan, y ahora hay que ser prescriptivos, hacia los que nos afectarán.
Existe suficiente conocimiento acumulado, por lo que, aunque la incertidumbre puede dar miedo, con conocimiento, trabajo plural y coral, sobriedad y sentido común, se pueden y podrán generar soluciones para mantener sistemas funcionales, aunque seguramente, este funcionalismo no será el que se quisiera, no por condiciones socioeconómicas, que también, sino simplemente para poder desarrollar una vida activa y positiva a nivel individual, social y de paisaje.
Así, seguramente ante la realidad climática, consecuencia del cambio global, y la incertidumbre asociada, quizás son necesarias actuaciones más preventivas, con menos rutinas y/o improvisación, tratando de ser más próximamente prescriptivos, lo que conlleva una valoración de potenciales objetivos, la ponderación entre los mismos, y al fin la elección de los potencialmente más interesantes, y así hacer planteamientos de aplicación y estudio respecto de cómo alcanzarlos en leas mejores condiciones temporales, sociales, económicas…
En este contexto, la modelización será seguramente una herramienta importante para valorar el dónde, cuándo, con qué intensidad potencial, y porque se desarrollará alguna incidencia en el sector agroforestal, lo que permitirá prevención y/o rapidez en la actuación, junto con especificidad, eficiencia y sobriedad en los medios empleados en la lucha contra los estreses ambientales.
¿Pero es lo que realmente se quiere, es la mejor opción ser reactivos ante los cambios, o hay que apostar decididamente por ser activos, desde antes de sus momentos iniciales?
Tener y plantear dudas no es inseguridad, es reconocer lo que no se sabe, algo que nunca tiene que ser excusa para no discutir opciones de cambio, que favorezcan la funcionalidad de los sistemas, en este caso el agroforestal, al fin el territorio .
Quizá sea el momento, de valorar todo lo que se ha hecho y se hace, para conocer el futuro, pero, sobre todo, es tiempo de pensar cómo diseñarlo, y de hacer para desarrollar vías para alcanzarlo. En lenguaje de cacería, hay que decidir entre el acecho o el rececho del futuro.
El ejemplo que aparece a continuación muestra cuáles serán las necesidades de agua por dos territorios vitivinícolas situados en el sur de Cataluña a lo largo del siglo XXI.

Programa de seguimiento y gestión agronómica, para incrementar la resiliencia al cambio climático del sector vitícola catalán en la DOQ Priorat y la DO Montsant. Diciembre 2025. IRTA-INCAVI-METEOCAT-GENCAT
Resultados sin duda interesantes, que ayudan a plantear soluciones, actuaciones de forma reactiva, aceptando a priori todo lo que vendrá, para ir actuando en paralelo, para adaptar el sector a las nuevas realidades de mercado, de paisaje, de clima… (https://www.qcom.es/rober-save/opiniones/el-valor-de-la-sobriedad-y-la-perseverancia_80145_2962_80528_0_1_in.html .
Sin embargo, no parece suficiente para encarar la incertidumbre asociada a muchos pasos, situaciones y acciones asociadas al futuro, y al camino para llegar.
Sin duda es muy difícil representar y considerar eficazmente los intereses de las personas que todavía no han nacido, y sociedades, sectores, negocios, que no sabemos si estarán, y más aún hacerlo pensando en un mundo, que, de una manera simple, algunos que los diseñan ya no existirán, y algunos que vivirán, ahora no están.
Y, sobre todo, como escribió Marti Pol, “no olvides que tu tiempo es ese tiempo que te ha tocado vivir, no otro, y no desiertes, orgulloso o cobarde, cuando te sientas llamado a tomar parte, como todo el mundo, en la lucha, pues tu sitio, sólo tú lo puedes llenar”.
Es decir tenemos la responsabilidad ponderada por la edad, por la vida vivida que da experiencia, y por la juventud que da fuerza, de pensar el futuro, teniendo en cuenta lo que han dicho pensadores como Primo Levi, “ante el desconocimiento respecto del futuro sólo están las opciones de la esperanza y la de la incertidumbre”, o el intelectual anarquista del siglo XIX Piort Kropotkin «las desesperadas no se sublevan, porque la revolución es un acto de esperanza«, ponderándolo por lo que exclama el poeta Joan Margarit «no me interesan ni los sueños ni la esperanza porque son mentira«, y por tanto, el diseño del futuro nos permite imaginarnos este potencial nuevo tiempo, y nos ayuda a pensar manteniendo nuestra edad y experiencia en las consecuencias de nuestras acciones e inacciones del presente.
Nos hace considerar cómo las decisiones que tomamos hoy afectarán a la vida de los que aún no han nacido, preguntándonos, ¿cómo será y cómo quisiéramos que fuera el mundo, qué decisiones habrán sido acertadas o no para conseguirlo?
Es un acto intelectual, de conocimiento, de responsabilidad, de sentido común, pero sobre todo es un compromiso, que nos fuerza si o si, a plantear esta desconocida realidad, para entonces desarrollarla desde el presente, es como una modelización inversa, puesto que es justo lo contrario a construir el futuro a partir del pasado.
Esta generación de futuro tiene que hacerse considerando visiones complejas (bienestar social, funcionalidad ecosistémica, salud global, reducción de litigios, sobriedad como vía por la justicia distributiva…), junto a visiones más simples (soluciones tecnológicas de todo tipo, viajes casi impensables en relación con el tiempo,…).
Posiblemente estas dos visiones respecto del futuro tienen una relación con las edades de los proponentes, ya que en los jóvenes puede estar limitada por consideraciones personales sobre sus propias vidas futuras, mientras que, en los mayores, que saben que es poco probable que estén presentes en ese futuro, pueden pensar más libremente sobre lo mejor para la sociedad, sin que los intereses personales enturbiaran su juicio. Esto conduce a menudo a propuestas más radicales e innovadoras para un cambio positivo.
Es y debe ser, sin duda, un enfoque colaborativo, que según diferentes pensadores como Richard Buckminster “el mejor camino para predecir el futuro, es diseñarlo”, siguiendo tres pasos concretos
Diseño Presente: El enfoque convencional de la planificación, en el que una persona piensa en el futuro desde su perspectiva actual. Si bien este proceso incluye la previsión para mirar hacia delante y la retrospectiva para mirar atrás, su capacidad de diseño tiene limitaciones inherentes y se utiliza principalmente para establecer una clara comprensión de las realidades actuales en lugar de diseñar el futuro desde perspectivas presentes.
Diseño Pasado: Este proceso va más allá del simple estudio de la historia, puesto que implica la creación activa de historias alternativas. Al examinar las decisiones de las generaciones pasadas, implica imaginar visiones y caminos alternativos que podrían haberse tomado. Se consideran tres tipos de evaluaciones: el agradecimiento por las decisiones de las generaciones pasadas, la evaluación crítica de lo que podría haberse hecho de manera diferente y el reconocimiento de las decisiones que ya no son relevantes. Al crear estas historias alternativas, contribuye a desarrollar nuestra capacidad de pensar más allá de las narrativas históricas convencionales e imaginar distintas posibilidades.
Diseño Futuro propiamente dicho: donde los proponentes se convierten en personas futuras imaginarias y crean «historias futuras«, con caminos detallados desde el presente hasta el futuro que prevén, incluidos los pasos y transiciones necesarios para alcanzar estas nuevas visiones. Durante este proceso, los participantes tienden a encontrar más puntos en común y muestran mayor disposición a llegar a compromisos que cuando discuten las mismas posibilidades futuras desde la perspectiva de su yo presente.
Este diseño de futuro, absolutamente necesario para construirlo resiliente por el mayor número de personas, es simplemente un intento de organización del sistema tierra… y más allá.
Lo que es una pequeñez, un error, un reto…es el debate histórico entre acecho o rececho de la caza, que aplicado a la generación de futuro, lisa y llanamente se puede reducir a, ¿nos conformamos con lo que venga, o tratamos de promover lo mejor por la mayoría de todas partes?
Sin duda hay que responder con libertad, pero es necesario que incluya el compromiso, parece complejo, complicado, duro…pero simplemente es la vida. Disfrutémosla, para que la disfruten, y así hasta el más allá.




