Los multirreincidentes y los multimentirosos

Bluesky
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«Un pakistanés con antecedentes que no debería estar libre en España es presumiblemente el autor de la muerte del joven James Gracey. Los padres de la víctima deberían denunciar al Estado, al ministerio del Interior y a la consejería de la Generalitat por tener a criminales así libres para matar por las calles españolas» (Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox, 20 de marzo).

«Me alegra saber que Estados Unidos investigará la muerte de James Gracey. Si lo ha asesinado un español dejo la política, si han sido «los que te dije» subí otro peldaño de radicalización» (Jordi Guirado, concejal de Vox en Sant Cugat del Vallès, 20 de marzo).

«Un país en el que un chaval no puede salir de fiesta sin correr riesgo de que sea su último baile es un estado fallido. Descanse en paz James Gracey» (Javi Martínez Onsalo, Reconquista, 20 de marzo).

La madrugada del martes 17 de marzo el joven James Gracey, nacido en Chicago y estudiante en la Universidad de Alabama, desapareció en Barcelona tras separarse de sus amigos en la discoteca Shoko, en el Puerto Olímpico. Inmediatamente se disparó el aparato del odio de la extrema derecha acusando a delincuentes habituales de la zona de haberlo asesinado. Estos delincuentes, según la mentalidad y los argumentos de Vox y los que beben de su ideología, eran inmigrantes pakistaníes o de países empobrecidos.

Llenaron las redes y los medios de comunicación de la Fachoesfera de estas acusaciones y de denuncias de una Barcelona que, según ellos, es un foco de inseguridad por culpa de los inmigrantes. Este mensaje se difundió por el mundo y se hicieron eco de él medios de comunicación de Estados Unidos y de muchos otros países.

La cartera de Gracey apareció flotando en el mar. Su móvil había ido a parar a manos de un delincuente multirreincidente pakistaní. La policía lo denunció. Él dijo que se lo había encontrado.

La tarde del 19 de marzo, los agentes de la Unidad Subacuática de los mossos de esquadra encontraron el cuerpo sin vida del joven estudiante de Estados Unidos cinco metros bajo el agua en el Puerto Olímpico, cerca de la discoteca de la que salió antes de que se le perdiese la pista. Las imágenes de las cámaras de seguridad de los locales de la zona mostraron cómo Gracey caía al mar sin que tuviera a nadie cerca. La autopsia de su cadáver demostró que no fue asesinado sino que murió ahogado.

¿Qué han hecho los militantes y dirigentes de Vox y de las asociaciones de su mundillo que difundieron la idea de que Gracey había muerto a manos de inmigrantes para robarle el móvil o el dinero? Callar. Han callado. Por las redes aún circulan voces que se niegan a creer la versión policial y que insisten en que el joven estudiante fue asesinado por unos inmigrantes sin escrúpulos.

¿Hay que dejarlo aquí, sin más?

¿Un eurodiputado puede lanzar acusaciones de asesinato que se demuestran falsas en pocas horas y quedar impune?

Un concejal de Sant Cugat puede insinuar que los responsables de la muerte de un joven que se ahogó al caer accidentalmente al mar son «los que te dije» y quedar impune?

¿Pueden los centenares de difusores de odio por las redes sociales divulgar la idea mentirosa de que un chico ha muerto a manos de inmigrantes que delinquen de forma reincidente en Barcelona y quedar impunes?

No debería ser así. Por decencia y por justicia. El Parlamento europeo debería abrir un expediente a Hermann Tertsch y expulsarlo de la cámara. El ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès debería aprobar en su Pleno la repulsa del concejal Jordi Guirado. La justicia debería llamar a declarar a todos y cada uno de los que han difundido la mentira del asesinato de Gracey y sancionarlos económica y penalmente.

Vox y Reconquista convocaron al día siguiente de la desaparición de James Gracey a una manifestación en el barrio de Bonavista en Tarragona para exigir la «remigración» de los ciudadanos que consideran que sobran en nuestro país.

Los que me sobran a mí son los partidos y la gente que en vez de buscar formas de mejorar la convivencia en nuestra sociedad buscan votos y protagonismo revolcándose en el fango del odio y las falsedades. Entiendo que la solución no es enviarlos fuera del país, «remigrarlos». Llevarán el mal allí donde vayan mientras no cambien de forma de ser, pensar y actuar. Aquí son de Vox o Reconquista y en Estados Unidos se esconden tras las siglas de MAGA o ICE. En cada país, el odio tiene sus siglas y sus representantes.

Hay que hacer frente a la problemática de los delincuentes multirreincidentes de forma más eficaz que hasta ahora. Y hay que hacer frente a la problemática de los delincuentes multimentirosos de forma drástica. Nos jugamos la justicia, la democracia y la convivencia.

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