El Washington Post no hará ningún ‘Watergate’ más

Bluesky
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En 2013, Jeff Bezos, el dueño de Amazon y uno de los hombres más ricos del mundo, compró el diario Washington Post por 250 millones de dólares. Entonces dijo que lo hacía para mantener y expandir uno de los mejores medios de comunicación de Estados Unidos. Cuatro años después el diario adoptó el lema «La democracia muere en la oscuridad» y durante la primera administración presidida por Donald Trump, entre 2016 y 2020, fueron críticos y duros con su gobierno.

Entre 2017 y 2024 llegó a atrapar e incluso superar a The New York Times en tráfico y prestigio. Cuando se acercaban las elecciones presidenciales de noviembre de 2024, sin embargo, las cosas cambiaron. Bezos se alineó con Trump, prohibió que el diario apoyara a Kamala Harris como candidata a la presidencia y preparó un giro hacia la derecha que consumó tras la elección del republicano. Fichó a William Lewis, procedente de la órbita de medios del conservador Rupert Murdoch, despidió a muchos columnistas de izquierdas y los sustituyó por propagandistas de derechas. El último movimiento ha sido despedir a trescientos periodistas, un tercio de la plantilla, cargándose íntegramente las secciones de local, deportes y las corresponsalías internacionales.

Y Donald Trump, contento.

Es el ejemplo más contundente de lo que está pasando en el mundo de la comunicación a nivel mundial. En Cataluña tenemos un representante claro de esta dinámica: El Periódico de Catalunya. Había sido un diario de referencia para los catalanes progresistas y sobre todo para la gente trabajadora. En 2017 se lo quedó Prensa Ibérica, presidido por Javier Moll, y lo giró hacia la derecha progresivamente. Tres años después eliminó la alusión a Cataluña y desde entonces es simplemente «El Periódico». En octubre de 2021, Prensa Ibérica creó un nuevo diario, El Periódico de España, y fichó a un puñado de periodistas procedentes de los medios de la Fachoesfera española. En abril de 2024 dejó de difundir el diario en papel y se limitó a la versión digital. Desde esta redacción carca se distribuye la información de la política española por todos los medios del grupo. El Periódico ha dejado de ser una referencia del progresismo en Cataluña y se ha convertido en El PPeriódico o El PFeijóodico, como os guste más.

El mismo fenómeno o similar se vive en muchos países europeos y del resto del mundo. Magnates que sólo quieren poder y dinero y les importa un rábano la información honesta y de calidad y que la última cosa que querrían son periodistas que cuestionen sus ingresos y negocios se han ido apoderando de los medios de comunicación.

El papel de Bezzos en Estados Unidos o de Moll en Cataluña y España lo juega en Francia el multimillonario reaccionario Vincent Bolloré. En los últimos años se ha quedado con Canal+, los grupos Prisma Media, Lagardère y Hachette, Paris Match y Le Journal du Dimanche, por citar sólo unos cuantos. El magnate Silvio Berlusconi fue uno de los precursores de esta dinámica en Italia.

Es indiscutible que el apoyo de los medios impulsa la carrera de los políticos que se benefician de ello. Quien quiera ganar unas elecciones debe ganar primero la batalla de la opinión. Lo decía Antonio Gramsci y lo ve todo el mundo.

Trump no se anda con chiquitas y pide la cabeza de los comunicadores que no le rien las gracias y amenaza con querellas multimillonarias a los medios que lo critican o no le aplauden lo suficiente. Ha provocado la dimisión del director general de la BBC tras amenazar con una demanda de mil millones de dólares porque la emisora británica editó un vídeo de una intervención suya que parecía que distorsionaba su mensaje. Pidió 10.000 millones de dólares a la CBS porque no le gustó una entrevista que hizo a Kamala Harris. Al final, la CBS le pagó 16 millones para que callara. No ha callado, claro está.

Trump quiere hacer callar a todos los humoristas que lo dejan en ridículo en los late night shows. Steven Colbert se quedará sin programa en la CBS de aquí a unos meses por sus amenazas. Intentó cargarse Jimmy Kimmel en ABC pero no lo ha conseguido, todavía.

Las plataformas digitales están en manos de oligarcas que alimentan la circulación del odio y las ideas de extrema derecha sin contemplaciones. Gramsci no estaba cuando X, Facebook, Telegram, Instagram o Tik Tok se convirtieron en terreno abonado para difundir los ideales más reaccionarios y cuestionar el valor de la democracia, la información correcta y la inteligencia.

Este es el panorama que tenemos. Ningún magnate de izquierdas comprará el Washington Post, El Periodico o Canal+. El Post no destapará más Watergates. El Periódico seguirá persiguiendo sanchistas. Y Canal+ hará campaña por Marine Le Pen y los suyos. Ellos tienen el dinero. Nosotros, la razón. Así las cosas, no me pidáis que me queje porque TVE defiende a Pedro Sánchez y al gobierno progresista frente a la avalancha de la jauría de la derecha y la extrema derecha alimentada por los multimillonarios más execrables.

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