«Miembros de ‘bereziak’ fueron los autores de la muerte segura de Pertur»

Entrevista a Iñaki Martínez

Bluesky
Iñaki Martínez

Abogado, articulista y escritor. Militante antifranquista comprometido y uno de los fundadores de Euskadiko Ezkerra. Formó parte de la comisión de relaciones internacionales de la guerrilla salvadoreña y fue delegado del Gobierno vasco en varios países latinoamericanos. Es autor de Adelle, finalista del Premio Nadal 2015, y de La ciudad de la mentira. Ahora publica Manto de silencio (Alto Autores Editorial).

Manto de silencio: ocultación de la verdad o de la memoria colectiva…

No conocí a Pertur personalmente, pero viví muy de cerca aquella plasmación de su idea de hacer de ETA político-militar un partido, donde estuve embarcado personalmente. Este episodio era algo que yo tenía en la cabeza desde hacía muchísimos años, y me preguntaba por qué nadie se animaba a escribirlo, reconstruyendo lo que pasó, más allá de los muchos artículos y reportajes sobre el tema. Hasta el final de ETA, en 2011, podía haber una explicación a eso: miedo, dejarlo pasar… Yo tenía a mi favor haber sido muy cercano a la atmósfera de lo que había pasado en aquel tiempo, haber participado muy directamente en el proyecto que Pertur teorizó. También porque tenía y sigo teniendo amistad con muchas de las personas que habían convivido con él, empezando por su compañera, Lourdes Auzmendi.

¿La desaparición de Pertur es, de alguna manera, un caso que retrata, paradigmáticamente, a unos protagonistas, su manera de ver las cosas, e incluso una época?

En este caso, es la historia la que empuja al narrador. Me parecía tan poderosa, que había que explicarla. He intentado hacer una novela crónica. Hay una primera parte en la que ficciono parte del contexto político europeo de aquella época, donde introduzco una serie de tramas (la soviética y la portuguesa, por ejemplo), que están basadas, en parte, en la realidad. Hubo relaciones entre ETA político-militar y la Revolución portuguesa, por medio de Otelo Saraiva de Carvalho. Y también, quizás más vaga, con los servicios secretos soviéticos. La segunda parte es más cronológica de lo que pasó con Pertur. Lo que he intentado hacer, al final, es poner en manos del lector una secuencia de hechos.

¿Hay, como en todos los enigmas, diferentes versiones, a veces contradictorias, sobre la desaparición de Pertur?

Sí, a grandes rasgos, hay dos grandes interpretaciones de lo que pasó. La que yo defiendo a través del libro y la, digamos, conspirativa: guerra sucia, aparatos del Estado, la extrema derecha… Mi versión es que algunos miembros de ETA político-militar, que integraban los llamados comandos bereziak (especiales), fueron los autores de la desaparición y de la muerte segura de Pertur. Para ello me baso en una serie de hechos, que son tales, no ficción, que tuvieron lugar unos meses antes de julio de 1976, fecha de la desaparición de Pertur. Son hechos muy convincentes como, por mencionar alguno, el secuestro que sufrió Pertur en julio, en vísperas de una conferencia de cuadros en la que se iba a decidir el rumbo de la organización. Fue obra de los comandos especiales, para impedir su asistencia. También la carta que escribió a Lourdes Auzmendi, que hablaba del ambiente que se estaba respirando en la dirección. El asesinato de Ángel Berazadi fue otra de las causas que abundan en el fin de Pertur. Lo hicieron los bereziak sin autorización de la dirección. Fue una especie de golpe de mano, para intentar imponer sus tesis militaristas. En el fondo, lo que había en ETA-PM eran dos proyectos antagónicos. El de Pertur era que llegaba una democracia y que ETA-PM tenía que hacer el tránsito hacia una vía política, y los comandos especiales acusaban a Pertur de «liquidacionista» de la lucha armada.

La visión de Pertur concuerda con las corrientes de izquierda en el futuro de ETA: Patxi Iturrioz, Eskubi, Onaindia… ¿Y la otra, la de las pistolas, etnonacionalista… de dónde viene?

No se sabe muy bien qué eran, pero, por supuesto, muy animales. Y si con algo conecta su pasado es con la tendencia a «echarse al monte«, fundamentada con datos empíricos. Hace unos años se hizo un estudio sobre la procedencia de la militancia de ETA que ponía de manifiesto que donde hubo más partidas carlinas, en Guipúzcoa y Vizcaya, en el siglo XIX, es de donde surgieron más militantes de ETA.

¿No llama poderosamente la atención que, 50 años después de los hechos, el caso Pertur siga interpretándose como un enigma? ¿Quizás porque todavía hay interés en que no se aclare, en que siga envuelto en un manto de silencio?

Los grandes sospechosos, a los que no pongo nombres y apellidos para evitar problemas judiciales, se han juramentado para mantener este manto de silencio. Hay un dato importante en este tema, que no he plasmado en el libro, pero que ha surgido después, en las presentaciones, que es la pregunta sobre si estoy seguro de lo que planteo. Seguro no puedo estar, porque no tengo la verdad judicial encima de la mesa, pero tengo la convicción y los datos suficientes para que el lector saque sus propias consecuencias. Es un juego de verosimilitudes. Por un lado, está la versión que se defiende en el libro, y por otro, la que se basa en datos muy poco sólidos, por no decir inexistentes. Hay un dato revelador, que llama la atención. ETA, sobre todo ETA militar, si se ha caracterizado por algo a lo largo de tantos años ha sido por homenajear y conmemorar las muertes de sus caídos. Sólo hay que ver las manifestaciones que sigue haciendo Bildu, con los grandes retratos al frente. Pertur no está nunca. No forma parte de su tradición. Cuando el 23 de julio se homenajea a Pertur en el Peine del Viento de San Sebastián, ellos no están nunca. Pertur es considerado un traidor a la causa, aunque no lo digan. Ahora, con la publicación del libro, que está teniendo bastante eco en Euskadi, estoy a la espera de que se haga mención en sus medios afines.

¿Consideras que, si el proyecto de Pertur de participar en el juego democrático se hubiera abierto paso, las cosas no habrían derivado en la catástrofe que supuso la continuidad de la ETA de las pistolas?

Es una pregunta difícil de responder, pero, en cualquier caso, no se puede ser muy optimista sobre el escenario que habría podido surgir con una ETA-PM convertida en partido, cosa que, de alguna manera, acabó pasando. Allí estaba la otra ETA, que ya había borrado la política de sus siglas. La violencia estaba instalada, formaba parte del ADN de la organización. Digamos que, simbólicamente, sí que habría supuesto algo. De hecho, por eso lo mataron. Para cerrar la vía a otra manera de ver y de hacer las cosas. Todos los que lo conocieron hablan de Pertur como de una persona con una capacidad de convicción muy poderosa, capaz, sin duda, de haber llevado a la organización por otros rumbos.

¿Respecto a las tesis conspirativas de la desaparición de Pertur, no cabe preguntarse también qué ganaban la extrema derecha, las cloacas del Estado… con la muerte de Pertur? ¿Si, por el contrario, Pertur hubiera representado la continuidad de la lucha armada, quizás…?

Así como la versión que yo defiendo está basada en hechos muy tangibles, que nadie puede negar, la otra intenta fundamentarse en cosas como que «un periodista dijo a otro periodista que se había publicado en un diario italiano que un arrepentido de la extrema derecha había dicho que habían secuestrado a Pertur…».

¿Qué se puede decir de la investigación que el juez Fernando Andreu llevó a cabo sobre el caso?

En el año 2008 abrió un procedimiento a instancias de Lourdes Auzmendi y de la familia de Pertur. Entonces habían pasado más de 30 años de su desaparición. El cadáver, como se sabe, no apareció nunca. Tomó declaración a Antxon y a Pakito (entonces en la cárcel), no en Apala, porque estaba en Cuba. Ellos fueron los últimos que vieron a Pertur, y a quien asocia con su desaparición. También a personas que vivieron el contexto de enfrentamiento político y personal que había en aquella época. Acusar de secuestro y asesinato basándose, ni siquiera en indicios, sino en sospechas, no es suficiente para un proceso judicial. Entonces Fernando Andreu optó, como habría hecho cualquier juez, por cerrar la causa. Había la posibilidad de que hubiera habido otros hilos asociados a la muerte de Pertur, como los mencionados servicios secretos, pero no parece ser el caso. El asunto es muy de proximidad, y las cuestiones personales influyeron mucho. En Francia, donde también se hizo una investigación, porque los hechos tuvieron lugar en su territorio, concluyeron diciendo que había sido «una revancha». En este expediente se deja también constancia de que Miguel Ángel Apalategi (Apala) y Francisco Mugika Garmendia (Pakito) reconocieron ser las últimas personas que vieron con vida a Pertur.

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