Profesor de instituto. Escritor de novelas negras ambientadas en el barrio de Canillejas, al este de Madrid, que tratan sobre temas universales, como la desesperanza, la marginalidad… Autor de una docena de títulos, el primero fue Yonqui, que es la historia de un chico de 16 años en los 80 explicada por él mismo. Ahora sale en las librerías Fondo buitre (Alrevés Editorial).
Fondo buitre, conciso, sin apellidos, ¿para explicar qué?
Es mi duodécima novela, un número simbólico, significativo. Por eso, de entrada, quiero hacer un homenaje a mis personajes y a mis lectores. He convocado a todos mis protagonistas de novelas anteriores. Fondo buitre va de un tema que está de gran actualidad aquí, en Madrid. Me imagino que también en Barcelona y en muchos otros lugares. Los fondos buitre compran edificios con vecinos dentro, y acaban echándolos. Después los venden y obtienen unos beneficios muy altos. Uno de mis personajes vive en uno de estos pisos. Cuando ve que lo quieren echar se junta con sus colegas del barrio, que, en definitiva, son una cuadrilla de matados, e intentan luchar contra el fondo buitre.
¿Los fondos buitre sobrevuelan sólo sobre las casas o también (como pone de manifiesto la serie El dinero de los otros) alrededor de cualquier cosa que huela a lucro?
Supongo que su instinto carroñero los conduce allí donde haya dinero. Pero, en Madrid, y ahora concretamente por el centro, compran edificios para dedicarlos a pisos turísticos. Veo que profesores, médicos y gente que tiene la posibilidad de pedir un traslado están abandonando la ciudad, porque los alquileres son carísimos. En Madrid, tomarte un café, una caña o un vino se ha convertido en un atraco. Vas a Soria o a Guadalajara a vivir, que están aquí al lado, y el sueldo te rinde el doble. Los venezolanos están adquiriendo, sobre todo, edificios señoriales del centro. Mantienen las fachadas, pero, por dentro, hacen tiendas de marcas prohibitivas y pisos para ricos.
¿Tienen apellidos, más o menos conocidos, los fondos buitre?
Si, el más conocido es Blackstone, una empresa norteamericana considerada la más grande del mundo. Yo me he inventado uno para el libro, Feldix. Lo que hago es emparentar a su amo con las familias de Madrid relacionadas con la derecha. Tampoco voy muy descaminado, porque el yerno de Aznar es uno de sus principales exponentes.
El caso de Ana Botella, mujer de Aznar y alcaldesa de Madrid: 1.860 viviendas protegidas vendidas en 2013 a 68.000 euros la unidad a Blackstone, juicios, condenas millonarias y, al final, todo revocado…
No seguí especialmente el caso, pero salió en los medios. En definitiva, lo que hicieron es lo que hace esta gente de la derecha: coger dinero público y meterlo en sus bolsillos. Eran viviendas VPO que vendió el yerno de Aznar sacando una pasta por cada piso. Esta gente tiene en nómina a mucha otra gente. Así, los delitos que cometen acaban impunes o, si van a la cárcel, como pasó con Urdangarin, van con todos los lujos. Tendrán que formar una peña en Soto del Real, donde supongo que las celdas deben estar mejor que mi piso. Y lo más preocupante es que la gente, no sólo los ricos, sino gente de los barrios, están votando masivamente al PP y Vox, y no saben muy bien por qué.
¿Concretamente, también en Canillejas, hay mucha especulación?
Aquí en Canillejas, cuando yo vine a vivir, con 3 años, mis padres compraron el piso antes de haber aceras y carreteras. Salíamos al barro, no había farolas. Una vieja aspiración de los vecinos era el metro. Construyeron una estación a dos kilómetros del último bloque, en el campo. ¿Por qué, se preguntaban, si el barrio no está allí? Porque alrededor del metro construyeron Las Rosas, con institutos, centros de salud y toda la pesca. Todo ello, fruto de la especulación, claro.
¿El fenómeno trasciende países y fronteras? ¿Es, digamos, lo que ahora se denomina tendencia global?
La mayoría de los fondos buitre son internacionales con no sólo grandes accionistas, sino también miles de pequeños depositarios… Tienen un poder enorme. Contratan bufetes de abogados que se las saben todas. Está pasando en todos los barrios de Madrid (supongo que en Barcelona debe pasar lo mismo), que los locales comerciales, que eran fruterías, droguerías…, los están convirtiendo en viviendas. De esta manera, se cargan los espacios que eran de uso público, y con ello la convivencia. Se alojan dos o tres familias emigrantes y lo pagan a medias, a un precio desorbitado.
¿En qué consiste el plan de Banderines, personaje de tu relato, contra el fondo buitre?
Banderines vive en el edificio, se reúne con los matados del bar, e intenta desmontar la operación. Es verdad que consiguen movilizar a los antidesahucios, al sindicato de inquilinas… Eso está bien, pero no consiguen pararlo. Entonces, Banderines (que había sido el protagonista de mi novela Cinco jotas), yonqui, muy inteligente, monta un plan para que el fondo buitre se eche atrás. Un plan similar a un atraco, pero con una finalidad diferente. Y se lía la cosa. Empieza por quemarle el coche, con pequeñas argucias, y como el especulador es egoísta y está acostumbrado a hacer lo que le da la gana, no cede. Y al final tienen que ir más allá.
Continuando con ese perfil actual de Madrid que dibujabas, ¿cómo se explica lo de la libertad para tomarse una birra, y cosas por el estilo, de Isabel Díaz Ayuso y su corte?
Es una cuestión compleja. La derecha ha ganado la batalla en las redes, sobre todo entre la gente joven. Por ahí circulan mensajes acuñados por ellos y la gente se lo ha creído. Expertos en técnicas de control mental les han comido el coco. Y la gente no se da cuenta de que han sido abducidos, como cuando se entra en una secta. Pero para salir de la secta hace falta un tratamiento, una terapia… Lo mismo pasa con Trump, Bolsonaro… Sin embargo, ahora hay un cambio. Empiezan a verse tantos perfiles de izquierdas como de derechas, denunciando lo que hace ésta. Ya lo veremos, quizás todavía hay esperanza… Madrid tenía un poso de lucha obrera. Barrios como Carabanchel, San Blas… ahora votan al PP. Hay mucha ignorancia, y si en Madrid ha habido un poco de prosperidad ha sido, sobre todo, gracias al Gobierno central. No olvidemos que hasta hace poco el salario mínimo era de 600 euros y ahora es de 1.200. En mi barrio hay gente que vive de la pensión del Estado y vota a Vox. Esta gente se ha dado cuenta de que no importan los hechos, sino el relato. Lo digo en la novela: el fondo buitre contrata a guionistas. Se encargan de explicar cómo las operaciones especulativas beneficiarán al barrio, porque vendrá gente de clase media y se irán los indeseables.
¿Canillejas, con casi 30.000 habitantes, ahora es una pieza especialmente codiciada para los especuladores, o más bien un melting pot, similar a otras de las grandes ciudades?
Hay de todo. Sigue habiendo gente de la primera generación, la de mis padres, y ahora ya hay hijos y nietos que, más o menos, hemos prosperado económicamente un poco. Es verdad que somos la primera generación que hemos podido estudiar, pero en el fondo no deja de ser un engaño. Hemos salido ingenieros, filólogos… pero seguimos siendo obreros. Hay muchos sudamericanos, rumanos… En el barrio de Las Rosas viven más profesionales autónomos, médicos, profesores, periodistas… Cuando vas por el barrio ves a la peña con ropa de los mercados… Cuando pasas a Las Rosas, hay ropa de Decathlon, pulsómetros… El más marginal sigue siendo San Blas, la parte más grande, donde más VPO se construyeron durante el franquismo. Hay un espacio de marginalidad en el que se mezclan autóctonos y emigrantes. Aunque aquí autóctono es un eufemismo, porque son gente que vino de Andalucía, Extremadura…
¿Fondo buitre y novela negra parece que riman muy bien?
Escribo de lo que me gusta, es mi estilo. Mis héroes son en realidad antihéroes. En la novela, los lectores verán lo que hago siempre: plantear un reto a una cuadrilla de matados. Y entonces se lía la cosa, porque los matados no tienen nada que perder y, digamos, tienen huevos. Una mezcla muy peligrosa. No ven que el reto les viene grande hasta que se meten, y la arman gorda. En mi novela negra no hay investigación. Ni un policía, un guardia civil, ni nada por el estilo. Gente de barrio, politoxicómanos reconvertidos en alcohólicos…
¿Los fondos buitre recurren a la fuerza bruta o son cada vez más refinados?
Se están volviendo muy sutiles, porque se han dado cuenta de que el recurso a la violencia crea problemas. Se gastaban el dinero en abogados. Ahora se acercan a los vecinos de renta antigua, les dicen que les buscarán una vivienda, con una ayuda… 2.000 o 3.000 euros que algunos no han visto nunca juntos. Y eso funciona. Resulta más barato que contratar desokupas.














