Periodista y escritor. Especializado en conflictos internacionales, terrorismo, emigración y ultraderecha, ha publicado varios libros. Entre ellos, Els ultras són aquí: de Plataforma per Catalunya a Vox y Vox: el retorno de los ultras que nunca se fueron. Ahora, sale en las librerías Aliança Catalana: els nostres ultres (Icaria Editorial).
¿Por qué “nuestros ultras”, los de Aliança Catalana?
Vox venía de franquistas. Era el retorno de los ultras que nunca se fueron, porque estaban escondidos en el PP o diseminados en los grupos de extrema derecha, con sus peleas eternas. En cambio, Aliança nace “de gente de casa”, “de los nuestros”. Es un hijo bastardo del proceso independentista, no en sentido peyorativo, sino como consecuencia, de alguna manera, del desencanto que produjo el fin de la idea de que la independencia estaba muy cerca, cosa que, si cuestionabas, te llamaban tonto.
¿Al parecer, también influyó en su aparición la cuestión de los autores del atentado de las Ramblas y del imán de Ripoll?
Sílvia Orriols, que venía de Estat Català y de las camarillas independentistas enfadadas desde hacía muchos años, tenía como referente a Daniel Cardona. Aquel personaje de los años de la República, ahora idealizado, que se desmarcó de Francesc Macià, porque primero proclamó la República Catalana y al cabo de unos días convirtió la Generalitat en parte de la República española. Orriols estaba en este espacio político, tenía una web que se llamaba “Los intransigentes”, donde se escribía “Castilla” con minúsculas, ignoraba la inmigración… Aprovechó el impacto emocional que provocaron en Ripoll los atentados de 2017. Sus autores eran conocidos, se relacionaban con la gente, iban juntos a la discoteca… Incluso una de las tres fundadoras de Aliança, Margarita Cabello, que era de la protectora de animales, paseando perros se encontraba muchas veces con algunos de ellos. Con los atentados se produce un sentimiento de desconcierto, de que nos han engañado… Si a eso le sumas el personaje del imán…
En cualquier caso, ¿no llama la atención la aparente disociación entre un hecho puntual, como fue el atentado, con la génesis de un movimiento nacionalista de nuevo cuño?
El imán era confidente, se dijo, de la Policía, la Guardia Civil… Entonces, “España nos trata así…”. Las dudas sobre el imán alimentaban la teoría conspirativa de que España quiso activar esto para cargarse el procés. Otra tercera pata del asunto es la concejala de Barrios, Fina Guix, que era la que más hablaba con la gente, y siempre oía lo mismo: “Los moros, esta gente…”. Sabía que no seguiría figurando en la lista electoral y, junto a Margarita Cabello, Sílvia Orriols y su marido, lanzan una candidatura. Para ello, necesitaban 500 firmas, que eran imposibles de conseguir. Orriols recurre al Frente Nacional, que era un partido fantasma, y le pide ayuda.
¿Existen referentes en España, en Europa, de que algún grupúsculo de ámbito local se haya transformado en poco tiempo en un movimiento de alcance y vocación, digamos, amplios? ¿Forma parte del fenómeno de las extremas derechas, como Vox, Le Pen, Wilders…?
Sí, claro, forman parte de lo mismo. En las elecciones alemanas, en las que Alternativa por Alemania quedó en segundo lugar, estuvieron celebrándolo en su sede responsables de Aliança Catalana. Si es así, está claro que comparten ideario. Y, sin embargo, se enfadan cuando se les dice que son de extrema derecha. También otros, como Matteo Salvini, ya se habían fotografiado con camisetas de la estelada. Vlaams Belang, nacionalista flamenco, tampoco esconde su relación con nacionalistas catalanes, sino todo lo contrario.
¿Sílvia Orriols, como una especie de Juana de Arco rediviva, se está fabricando un partido a su medida?
Ella destaca que nació un 9 de octubre, fiesta de Valencia, que conmemora la conquista de Jaume I a los sarracenos, los moros…. También resalta que en Ripoll está enterrado Guifré el Pilós. El día de reflexión de las elecciones catalanas, Orriols dijo ante su tumba: “Aquí empezó todo”. Así, si Barcelona es la Ciudad Condal, Ripoll es la “cuna” de Cataluña. Ella se cree ungida para salvarla. Además, se considera imbatible porque le salen bien las jugadas. Hace unos meses, volvió a perder los presupuestos y recurrió a una moción de confianza, y la perdió. Cuando parecía claro que habría una moción de censura, Puigdemont dice que la dejen gobernar.
¿Aliança Catalana es, en definitiva, una extensión del neoliberalismo de Junts, como lo es Vox del PP?
Efectivamente, en Junts hay una corriente conservadora liberal muy fuerte. Josep Anglada tenía 3.000 votos en las municipales de Vic. Después, en las catalanas, 2.000 dejaron de votarlo para votar a CiU. De este espacio, más conservador y de orden, se desprenden corrientes como Aliança Catalana. Eso no quiere decir que en el nacionalismo conservador haya un sustrato racista. Lo que sí que hay es mucha gente independentista que se ha sentido engañada. Aunque Aliança pesca de todas partes, su principal caladero de votos es el de los independentistas cabreados.
¿Esta vuelta al pasado de Aliança, en la figura de Daniel Cardona, que coincide con la de otros personajes, como el ucraniano Stepan Bandera, también nacionalista, constituye un gesto de radicalidad?
Nadie conoce a Daniel Cardona, que es una figura olvidada. Pero Orriols reivindica aquella época en la que estuvo a punto de conseguir la independencia. Cardona es una figura de los años 20, que desfilaba uniformado, pero era de orden, contrario a la quema de conventos, o a que se mataran empresarios, como pasaba en los pueblos. A principios de los años 80, Estat Català, que estaba legalizado como partido político, organizó algunas campañas de corte nacionalista radical, como una que reclamaba parar la emigración, referida a los andaluces. Jordi Pujol avisó al entonces líder de Estat Català, Josep Planchart, para que acabara con aquello. Pujol estaba entonces muy interesado en lo que Paco Candel denominó Los otros catalanes. Es decir, la gente que venía a trabajar a Cataluña.
¿Aliança Catalana ha venido para quedarse o constituye más bien un fenómeno pasajero, como las nubes de verano?
Para quedarse. A no ser que alguna cuestión de mucho calado, como los aranceles de Trump, acabe afectándoles, es previsible que tengan un largo recorrido, y con tendencia a crecer. Vox está haciendo equilibrios con el tema de los aranceles. Aliança cometió un error cuando decidió no poner la fotografía de Orriols en la papeleta de votación en Barcelona. Tampoco las enviaron a los domicilios… Ahora, con diputados en el Parlamento, disponen de más posibilidades para obtener créditos bancarios. Si se hubieran repetido las elecciones autonómicas, las encuestas daban entre 7 y 12 diputados a Aliança. Y en las próximas elecciones no será extraño que consigan e incluso superen estas previsiones.
¿Aliança Catalana responde más bien a un fenómeno rural, de pueblos, o se trata de algo más transversal, de todo el territorio y con un componente de clase más homogéneo?
En la ciudad de Barcelona, con un dos y pico por ciento, no entraron, pero en la provincia sí. En Berga, pasaron del 10%, y en muchos otros lugares, como Manresa, Vic… también. No entraron, claro está, en el área metropolitana de Barcelona. Para eso les faltaron 2.800 votos para llegar al 3%.
¿Provoca muchos dolores de cabeza Aliança en las filas de Carles Puigdemont?
Sí, por descontado. Pasa como con Vox en el PP. Muchos peperos viejos, que hace diez años iban a las manifestaciones en contra del aborto, ya no cuentan. Pero sus votantes de entre 18 y 30 años se han pasado a Vox. Aliança tiene, sobre todo, mucho votante independentista convencido, de 50 años hacia arriba. También la votan jóvenes, pero menos.
¿Qué se puede decir del comportamiento de Aliança Catalana en su función opositora en el Parlament?
Al parecer, se registra una gran sintonía entre Vox y Aliança en el Parlament. Ambos sufren las consecuencias de un cierto cordón sanitario. Y eso quizá une. Cuando, en la calle, colocan alguna paradita, ambos deben estar escoltados por los Mossos. En este sentido, se puede constatar que, además de ilegales, estos ataques son contraproducentes políticamente. Representantes de Aliança y Vox coincidieron, evidentemente, en la fiesta de Alternativa para Alemania. Pero resulta que luego los separan sus nacionalismos respectivos. Aliança se declaraba partidaria de Le Pen, hasta que dijo que Puigdemont era un delincuente y que, si llegaba a la presidencia, lo expulsaría de Francia. En Perpiñán, el alcalde de Agrupación Nacional ha eliminado la subvención a la escuela en catalán. Ahora parece que Aliança se entiende bien con Geert Wilders.













