Laporta llega a otro mercado de verano al límite y sin haber hecho los deberes

Dos años después de haber fantaseado con la falsa venta de Barça Studios, el presidente solo ha conseguido capitalizar el 40% a base de trucos y trampas contables que si finalmente le permiten ir a fichar sujeto a la regla 1:1 el esfuerzo sólo servirá para prolongar la agonía de Barça Vision

Joan Laporta

A pocos días de arrancar la Liga, Joan Laporta necesita obrar ese nuevo milagro, al límite, para inscribir a los jugadores con los que el club mantiene una relación contractual y que, en definitiva, deben integrar la plantilla del primer equipo del FC Barcelona para la temporada 2024-25. Siempre habrá, todavía es mayoría, prensa y palmeros digitales que contemplan este repetido desafío del verano, otro clásico de la pretemporada del segundo mandato laportista, como el gran espectáculo que deja entrever la audacia y la capacidad del presidente para sobrevivir a los callejones sin salida en los que se mete él mismo a causa de esa compulsión y fanfarronería a la hora de fichar, la tracción presidencialista que, por irresistible o porque mueve millones en comisiones para su círculo de agentes, ha arrastrado al Barça a una situación financiera cada vez más crítica e irreversible. Por ese motivo, la única realidad será que, si antes del 1 de septiembre próximo consigue el dinero para inscribir a la totalidad de los jugadores con contrato, incluidos los fichajes, Dani Olmo y lo que venga, aun cuando se escriban odas mediáticas a su coraje y astucia, los estados financieros y el balance económico reflejarán un empeoramiento sustancial como ya han denunciado algunas voces, pocas, sensibles y verdaderamente preocupadas por el destino del Barça.

Todo se reduce, llegado a este escenario aburridamente repetido de agosto, a que Laporta nunca hace los deberes a pesar de tener toda una temporada por delante para resolver los despropósitos que cada año exigen las urgencias y la precariedad cuando se combinan con la necesidad de presentar jugadores y fiarlo todo a que si en la primavera siguiente cae algún título nadie se preocupará, al contrario, por el daño causado al patrimonio y a los ingresos futuros del club que, a fuerza de avanzarlos, lo colapsarán. Ya vendrá otro que lo repare como ya pasó en 2010 cuando se marchó con pérdidas históricas y de récord que ha pulverizado en este segundo mandato.

Es la misma historia de siempre, conseguir como sea el pan para hoy sin medir ni afrontar la irresponsabilidad, como acaba de hacer, de coger parte del dinero de una prima por la concesión del catering del Espai Barça a Armarak para los próximos 25 años y camuflarlo como inversión en el inexistente y vacío proyecto de Barça Visión. Supone, al menos esa es la idea, cubrir los 40 millones (o parte, porque Laporta tampoco se lo explica ni a sus directivos) del impago que se arrastra de Libero, es decir, perderlos para siempre como lo que son, un ingreso extra que debería reforzar los recursos azulgrana y no comprometerlos, a cambio de ir a la regla 1:1, que consiste en empezar a vender jugadores que ya son del Barça para poder fichar e inscribir otros más caros y habrá que ver si mejores. El ejemplo de Dani Olmo es paradigmático si se comparan sus registros con los de Pedri, que era el titular en la Eurocopa, o de Fermín, que el curso pasado, sin ser titular, marcó más del doble de los goles de Olmo en la Bundesliga las dos últimas temporadas.

El espasmo de arruinar el negocio del catering pretende, además, que otros patrocinadores como Spotify y Nike repliquen ese esquema de estafa piramidal y de aparente opulencia fruto de las trampas contables de Laporta.

En el primer verano de su regreso, en 2021, hubo de rehacer los contratos de Gerard Piqué a última hora para poder inscribir a Memphis Depay, Èric Garcia, Kun Agüero y Emerson Royal, este último a cambio de pagar 9 millones y de traspasarlo después en una serie de operaciones muy avanzadas por la anterior junta. Fue en el mercado de invierno cuando, apoteósicamente, Laporta fichó de un plumazo a Aubameyang, Adama Traoré, Dani Alves y Ferran Torres, por el que pagó casi 60 millones para darle a Xavi lo que le había negado a Koeman.

En aquel momento delirante y surrealista del mercado de invierno de la temporada 2021-22, el grito de guerra fue “¡Que tiemble el mercado porque hemos vuelto!”, proclamado en boca de un Laporta envalentonado que acabó aquella primera temporada sin un título del que presumir, con la necesidad de devolver los préstamos de Aubameyang, Adama Traoré y Dani Alves y la advertencia inequívoca de Javier Tebas de que el FC Barcelona “no puede fichar a Lewandowski” en junio de 2022.

En el mercado de la temporada 2022-23, LaLiga no le aceptó la palanca de la venta de los derechos de tv de la Liga por 25 años a efectos de margen salarial, por lo que hubo de inventarse la de Barça Studios, origen y causa de la entrada en barrena de la economía azulgrana, convertida hoy en esa amenaza que, de tan permanente y manida, ha acabado formando parte de la rutina y de la normalidad. Básicamente que, como el Barça de Laporta sigue gastando más de lo que ingresa, habiendo devorado 1.000 millones de beneficios netos en palancas, LaLiga solo le deja gastar en nóminas y amortizaciones la mitad o el 60% como mucho de lo que pueda obtener de traspasos, de ahorro en salarios o del aporte de un negocio asociado a la explotación comercial del equipo como, supuestamente, lo debería hacer Barça Studios.

Así fue como Laporta, con la colaboración necesaria, aunque tramposa, de dos inversores (Orpheus Media y Socios.com) embaucó a los socios y a LaLiga con un asiento contable de 200 millones con los que pudo firmar a Lewandowski y unos cuantos jugadores más entre el mercado de 2022-23 y el de 2023-24.

Sin embargo, al destaparse que ninguno de los inversores estaba realmente interesado en el negocio de Barça Studios, evolucionado a Barça Visión como marca comercial de Bridgeburg Invest, la sociedad de la que el FC Barcelona posee el 51% y de la que ha vendido presuntamente el otro 49% por 200 millones, es cuando Laporta se ha visto empujado a arriesgarse aún más en mantener vivo ese proyecto de cartón piedra, pues ni Orpheus Media y Socios.com pusieron más de 10 millones cada uno apalabrando con Laporta la reventa y recuperación de esa inversión en cuestión de meses. La fantasmada prosiguió con la entrada en el negocio de Libero Football Finance AG, que también prometió poner el dinero y luego se dio a la fuga.

Laporta, además, la lio aún más gorda el año pasado, pues no se conformó con dejar colgados 40 millones, sino que se dio un ingreso contable -no en tesorería- de 208 millones por el valor de equivalencia del 51% de Bridgeburg Invest. El drama actual se reduce, por tanto, a simular qua Armarak y otros patrocinadores compran el resto de las acciones, abonando los 60 millones más vencidos el 15 de junio pasado y comprometiéndose a pagar el último plazo de 60 millones el 15 de junio de 2025. Para simplificarlo, Laporta ya se ha gastado los 408 millones de Barça Studios y lo que necesita ahora es reponerlos haciendo creer al resto del mundo que la compañía Barça Vision será capaz de rentabilizar esa enorme inversión.

El problema añadido es precisamente que la matriz Bridgeburg Invest no factura apenas 400.000 euros, no acredita actividad regular ni conocida ni cumple el plan de negocio fantasioso, papel mojado, que se creyó el auditor y LaLiga dándole alas a Laporta para hacer el gamberro de esta forma cada verano. Por tanto, si al final el presidente se sale con la suya, será solo a base de cambalaches y de desnutrir aún más la carcomida estructura económica que sigue fuera de control tras las sucesivas huidas del CEO, de la directora financiera y del vicepresidente económico. No lo habrá hecho bien, solo habrá prolongado la armonía y maniobrado en las sombras para impedir que se destape el pastel de Barça Studios y el valor de la compañía, al derrumbarse, provoque pérdidas irreparables.

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