Jorge Fernández Díaz disponía de un singular ángel de la guarda -Marcelo, le llamaba-, que entre otras servidumbres le aparcaba el coche. Así lo contó sin vergüenza en su día bajo la mira atónita del país. El fervor religioso de quien fue ministro del Interior sobrepasa los márgenes del juicio. Definitivamente, parece que Marcelo le ha abandonado, el ángel ya no le guarda y desconozco quién le aparca el coche. Era un secreto de dominio público que durante la larga travesía del procés el vallisoletano había encargado informes falsos para descarrilar el periplo independentista, lo que llaman operación Catalunya; hasta treinta y cuatro informes falsos, recuentan los medios. Ahora se ha confirmado que el miembro supernumerario del Opus Dei consignaba el abuso, con sobres -el PP tiene un serio problema con los sobres…- sin remitente, al presidente Mariano Rajoy.
Como este país está anestesiado contra las diez plagas de Egipto y apenas siente dolor, quizás no calibremos la magnitud de lo que se nos revela: las cloacas del Estado se inventaron informes contra gente relacionada con el independentismo y otra gente que, a menudo, ni siquiera tenía nada que ver, lo que se llama guerra sucia -como si las guerras pudieran ser limpias…-. De Xavier Trias a Josep Lluís Trapero, pasando por Sandro Rosell o Sol Daurella. Sin importar las secuelas, el fin justificaba los medios, y el fin era tomar un atajo -sucio- para acabar con los delirios indepes.
La paradoja del caso que ahora nos ocupa y preocupa es que la amnistía pactada por los independentistas y el PSOE, que tanto demoniza al PP y que busca hacer tabla rasa con las desmedidas del procés, a ambos lados, puede acabar salvando también a Rajoy y Fernández Díaz de sus despropósitos. Un oxímoron que crea urticaria entre el independentismo más terco. El precio para salvar al soldado Carles Puigdemont puede ser el de salvar a la vez a M. Rajoy y compañía, y viceversa.
Tarde o temprano, Rajoy y su fervoroso ministro del Interior tendrán que comparecer de nuevo en el Congreso -aunque Rajoy se burla de la comisión. El pacto de investidura del PSOE y Junts así lo indica. En teoría estarán obligados a no mentir, lo dice el reglamento, pero también la santa madre Iglesia. El octavo mandamiento dice: «No darás falso testimonio ni mentirás», y Fernández Díaz lo sabe. Pues eso.







