Durante las fiestas navideñas, se calcula que se regalan unos 50.000 animales de compañía en España. Este incremento de adquisición de animales, principalmente perros y gatos, no se nota solo en los puntos de venta, sino también en las entidades protectoras. Según datos del estudio Él nunca lo haría 2022, de la Fundación Affinity, las solicitudes de adopción crecen un 30% durante estas fechas, y cada vez hay más protectoras que deniegan la petición en esta época. Los motivos son el hecho de considerar el animal como un regalo y que las personas que hacen la solicitud no son las que convivirán con este nuevo miembro de la familia.
En declaraciones a EL TRIANGLE, Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud en la Universitat Autònoma de Barcelona, expone los riesgos que comporta pensar en un gato o un perro como un regalo de Navidad o de Reyes.
“Normalmente, cuando haces un regalo piensas que aquello es para una persona en concreto, para el niño o para la niña. Y esto ya va en contra de la idea que habría que tener que es un animal de toda la familia y no de una persona en particular. No es el perro o el gato de tal persona, sino de toda la familia. Hablamos de una responsabilidad compartida porque la vinculación y el día a día de aquel animal será con todos los miembros de la familia”, afirma Jaume Fatjó.
Hay que tener presente que tener un perro en un piso implica, como mínimo, tres salidas diarias a la calle para que pueda hacer sus necesidades, y obliga a prever el tiempo invertido en salidas de un día entero para que el animal pueda comer y orinar, entre otras necesidades. Si todos estos temas no se han hablado previamente con todos los miembros de la familia, pueden aparecer tensiones por la distribución de las nuevas tareas que implica el cuidado del animal.
Jaume Fatjó pide consenso familiar antes de tomar la decisión, y dice que no puede ser una iniciativa impulsiva y poco meditada, si se quieren evitar problemas en el futuro más inmediato: “Hay personas que dedican más reflexión a un coche nuevo que a un animal de compañía. Buscan, piensan, reflexionan y toman la decisión.”
En cambio, en el caso de un ser vivo, este proceso no comporta tanta inversión de tiempo y ni de reflexión: “Toda la familia tiene que hacer la reflexión que quiere compartir la vida con un gato o un perro”. Cómo expone el director de la Cátedra Affinity Animales y Salud de la UAB, “es una convivencia que durará mucho tiempo, y tienes que ver que la ensambladura será buena”. Antes de ir a buscar en la tienda o a la protectora el animal, “realmente tú y la familia tenéis que ver que reunís las condiciones y el estilo de vida para poder convivir con el animal”.
Según el informe Él nunca lo haría 2022, de la Fundación Affinity, cerca del 70% de las entidades protectoras relacionan los regalos de perros y gatos durante las fiestas navideñas con los abandonos de los primeros meses del año. Por lo tanto, la Fundación Affinity hace una llamada de alerta ante el aumento de personas que piensan que regalar un animal de compañía a un sobrino pequeño o a un nieto durante las fiestas es una buena idea. Una decisión impulsiva de este tipo aumenta “el riesgo de abandonar el animal” y “puede hacer aparecer problemas de adaptación a la familia”, que rompen las expectativas previstas inicialmente.
Conscientes de esta realidad de considerar el animal como un regalo o un obsequio original, las entidades protectoras disponen de protocolos de protección para los animales, deniegan la adopción en caso de duda y participan en la campaña Red Flags para romper con esta tendencia al alza a nuestra sociedad. La campaña digital de la Fundación Affinity busca el máximo realismo posible, y por eso, reproduce tres conversaciones telefónicas inspiradas en casos reales. Una de ellas expone el caso de una persona que quería regalar un cachorro a una mujer grande que había perdido su perro anterior, sin tener en cuenta la idoneidad del animal y la opinión de la persona interesada. En otro caso, se trata de un regalo para un niño, donde no se tiene en cuenta que la responsabilidad no podrá ser solo suya, y piden si la protectora se puede quedar el animal hasta la misma noche de Reyes.
Evitar un posible abandono es la voluntad de esta iniciativa de la Fundación Affinity, dada la realidad que se vive constantemente en las entidades protectoras. Desde estos espacios, se hace mucho trabajo de concienciación y de orientación y se busca el mejor animal para adoptar para la nueva familia que lo tiene que acoger. A veces, se piensa que escoger un cachorro es la mejor opción, y en cambio, Jaume Fatjó rompe una lanza a favor de los animales más grandes que hay en las diferentes protectoras. Según Fatjó, “existe el tabú o el malentendido cuando adoptas un animal adulto que el vínculo no será el mismo que si es un animal joven, y esto es totalmente falso. Hay estudios que demuestran que con un perro adulto de protectora con unos minutos de contacto el perro ya empieza a establecer un vínculo diferente contigo. El vínculo emocional se forma a una velocidad rapidísima. Si adoptas un perro, en menos de nada, en muy poco tiempo, el vínculo ya está formado contigo. El vínculo es de la misma intensidad o calidad que con un animal que hayas adoptado de muy pequeño”. Esta creencia no está muy fundamentada y habría que invertirla, porque son muchos los perros y los gatos adultos a las diferentes protectoras que buscan un nuevo hogar donde vivir y una nueva familia donde poder generar un vínculo emocional para toda la vida.
Puedes leer el artículo entero en el número 1559 de la edición en papel de EL TRIANGLE.












