La firma del pacto entre PSOE y Junts per Catalunya (JxCat) ha supuesto un alivio para el líder socialista Pedro Sánchez, pero al independentismo ha desatado la caja de los truenos. Los sectores más radicales han puesto Carles Puigdemont en la picota y lo acusan de venderse a España. La situación es especialmente delicada, hasta el punto que ya hay quinielas para buscar un sustituto a quien se ha considerado como el máximo líder del procés independentista hasta ahora. Y las acusaciones de “traición” empiezan a aflorar en círculos que hasta ahora apoyaban sin fisuras al expresidente.
Una de las reacciones que evidencian más esta situación es la de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), que en un comunicado dice: “Nos parece una tomadura de pelo plantear un acuerdo político que se quiere llamar ‘histórico’ a través de la simple reproducción de las posiciones de inicio negociadoras de las partes. Un acuerdo serio especificaría los acuerdos de las partes y en ningún caso unas meras posiciones de inicio. El precio que paga el llamado independentismo es muy serio: la presidencia de un Gobierno español liderado por un PSOE que aprobó el 155 para liquidar el autogobierno catalán. Una redacción de intenciones y posiciones negociadoras no merece pagar este precio”. En las redes, la ANC asegura que “un acuerdo serio e histórico especificaría los acuerdos de las partes, y en ningún caso unas meras posiciones de inicio”. En un escrito presentado en el Parlament, la organización soberanista pedía el levantamiento de la DUI, que se vote en la cámara el rechazo a los pactos “con el Estado español” y “que se arrecie en el Parlament el compromiso con el 1-O y con la voluntad de independencia allí expresada”.
Su posición crítica coincide con la otros sectores soberanistas, que acusan Puigdemont de dejar plantado el independentismo. “Es un pacto de rendición. Tenía razón la cúpula del PSOE, cuando decía en privado que iba a Bruselas a firmar la rendición de Puigdemont. Su carrera política se ha acabado”, asegura un activista crítico del Consell de la República. Sostiene que, después de hablar con otros colegas, han llegado a la conclusión que Puigdemont ha claudicado por intereses personales. “El pacto subscrito está lleno de vaguedades. Habla mucho de los posicionamientos de cada una de las partes y que, en la próxima legislatura, Junts propondrá la celebración de un referéndum de autodeterminación o que propondrá una modificación de la LOFCA, o que se hará una ley de amnistía. Pero no especifica qué pasa si estos requisitos no salen adelante, porque deja la puerta abierta que la otra parte, es decir, el PSOE, rebaje estas peticiones sin consecuencias. Todo lo que se dice en el documento son futuribles”, añade el activista.
“Humo, humo y zanahoria”
Un amplio espectro soberanista se ha posicionado en contra del acuerdo, que ha sido acogido con “desilusión”. La pincelada de la ANC abunda en las tesis de los críticos del Consell: “Renuncia a la unilateralidad y a hacer efectiva la independencia (…) El texto acordado remarca con claridad que ‘la resolución tiene que ser negociada y acordada y por tanto corresponde intentarlo a los actores a los cuales las urnas les han dado esta posibilidad’. Dejar en manos del PSOE una resolución al conflicto significa perpetuar el conflicto y postergar sine die su resolución. Más que un acuerdo es una rendición”.
Víctor Terradellas, que en otros tiempos había estado valedor de Puigdemont, es ahora implacable con él: “De todo lo que había dicho y prometido Carles que haría, nada de nada. Para reír mucho y comer muchas palomitas, qué vergüenza! O, como dice muchísima gente y periodistas de renombre como Estefania Molina, se ha rendido hasta la médula”. No puede evitar también meter el dedo en el ojo a su antiguo amigo: “Doy la razón a Joan Tardà dando la bienvenida a Carles. Ha firmado una mesa de diálogo. Ni ha cobrado por avanzado ni ha firmado nada histórico. Vamos a la parte más baja de un pacto”. Joan Tardà había ironizado en RAC1, dirigiéndose a Puigdemont y a Junts: “Vosotros sí que sabéis, y no como los ‘botiflers’ de Esquerra”.
En los círculos puigdemontistas se examina la situación desde un prisma muy diferente: “Reconocimiento del conflicto; amnistía y descriminaliltzación; negociación de tú a tú; inicio el noviembre del 23; cero renuncias; Parlamento = voz del país; hitos nacionales y materiales a corto; ok a habla de referéndum; mediador internacional… Y si incumplen, retiramos los votos. Toca remar fuerte, pero el camino es histórico”, defiende el diputado Salvador Vergés, de Junts. Importantes voces críticas desmienten esta afirmación, porque una vez nombrado presidente, Pedro Sánchez puede negociar con otros grupos su abstención para salir adelante iniciativas legislativas. En una de las plataformas que habitualmente apoya Puigdemont, un conocido activista le recriminaba: “No, Salvador, ha hecho un discurso como cuando uno pierde las elecciones pero todavía no quiere que lo veamos. No ha sido valiente”.
El mismo Salvador Vergés contestaba a esta queja: “No. Si incumplen, retiramos los votos y no se les aprueba nada en el Congreso. A efectos prácticos, dejan de poder gobernar; necesitarían a PP o Vox”. Una buena parte de los activistas, hasta ahora partidarios de Puigdemont, no acaban de creerse la tesis de Vergés, que es el oficial de Junts. “Sí que estáis avalando la legislatura, yo no estoy de acuerdo con lo que tú nos quieres hacer creer”, remachaba un independentista. Otro participante en la conversación añadía: “Así, ¿entiendo bien lo que dicen y por tanto das fe que he entendido bien lo que ha dicho y hace Puigdemont?”, comentario que daba motivo a otro interlocutor a sentenciar: “Para decirlo claro, es otra bajada de pantalones… el único que aquí gana es Pedro Sánchez, incluso el PSOE pierde como partido…”, afirmación que fue aplaudida por varios de los contertulianos.
La administradora del foro resolvía la cuestión de manera categórica: “Si hubieran bloqueado la investidura, como nos habría gustado a todos, Junts habría subido como la espuma de cara a las próximas elecciones. Si Puigdemont ha preferido este acuerdo, es porque tiene una mirada más amplia que unas simples autonómicas”. Aquí es donde ya empiezan a circular afirmaciones que ponen en entredicho la solidez ética de Puigdemont: “Otra manera de explicarlo: si en el Europarlamento sale otra vez el eurodiputado Puigdemont y se puede jubilar allá, está todo arreglado… Todo el resto es humo, humo y zanahoria”.
La pregunta clave
El desencanto se condensa en una pregunta que se hacen los activistas del Consell de la República: “Nos obligaron a hacer una votación en el Consell, salió que no queríamos apoyar la investidura… ¿Por qué lo hizo? Estos se piensan que nos chupamos el dedo”, y las críticas aumentan. Hace meses, al expresidente le preguntaron qué haría en caso de que el Consell votara por una opción. Él prometió que haría caso a lo que dijeran los militantes del Consell antes que cualquier otra cosa. “Puigdemont negociaba como partido de Junts y no como presidente del Consell de la República. No nos confundamos, por favor”, defienden los suyos. Pero algunos de sus soldados afirman ya sin miedo y dando un paso adelante que han dejado de respetarlo “como político”. Puigdemont es ya, para sus rivales, un “cadáver político”. Una original esquela empezó a correr por los foros soberanistas el mismo 9-N. El muerto es JxCat. “Ha muerto en Bruselas víctima del ‘botiflerisme’ y de su traición. Sus fieles seguidores lamentamos la confianza incondicional que hemos mantenido con su líder Carles Puigdemont. No os volveremos a votar. D.E.P.”, dice la esquela.
Los detractores de Puigdemont se cuentan por centenares o por miles. “Quizás su decisión de apoyar Pedro Sánchez será buena para iniciar una nueva etapa”, aventuran desde círculos críticos del Consell. En otras palabras, se necesita un nuevo líder que sustituya el expresidente. La ANC es la entidad que más beneficio puede sacar, y su presidenta, Dolors Feliu, ya ha confeccionado una intensa agenda de reuniones territoriales durante las semanas próximas para vender la necesidad de hacer una lista cívica que se presente a las próximas elecciones autonómicas. Espera irrumpir en el Parlament con un puñado de diputados que pongan en el disparadero los grandes partidos soberanistas. Pero, especialmente, quiere restarles peso político y ponerles en evidencia. En algunos ámbitos se acusa a Dolors Feliu de “empezar a hacer campaña por la lista cívica de cara a las elecciones autonómicas de marzo del 25”. Esto es cierto, y con toda probabilidad llevará a cabo este proyecto si antes no hay un pacto explícito para que no se presente porque esto atomizaría más el voto independentista.
Pero ante la lista de la ANC, cada día tiene más fuerza la opción de otra candidatura independentista articulada alrededor de Sílvia Orriols, que capitalizaría el descontento de los sectores más radicales. Según cálculos oficiosos realizados por expertos, podría conseguir un abanico de entre 5 y 10 diputados, cosa que significaría un terremoto en la composición parlamentaria y, sobre todo, en el bloque independentista.
Orriols tiene varios puntos débiles: por un lado, su discurso que roza la xenofobia y que incide poco en las cuestiones nacionales. En unos meses, esta carencia se podría enmendar, dotando de más contenido nacional los mensajes de la alcaldesa de Ripoll. Por otro lado, tiene una débil implantación territorial. “Alianza Catalana tiene potencial, pero en estos momentos no está preparada para soportar un crecimiento muy grande. Orriols tendría que dedicar mucho tiempo, esfuerzos y personal a limar su proyecto, porque las perspectivas son buenas. Sería la competencia de la ANC, pero podría superar sus expectativas, porque la Asamblea recogería activistas y dirigentes de Junts que ya están medio quemados o quemados del todo en algunos sectores, pero a Alianza podría aterrizar el nuevo activismo independentista que necesita Cataluña. Clara Ponsatí, Albano-Dante Fachín, Jordi Graupera y compañía son más de lo mismo, gente que vive de su retórica pero sin verdadero poso político. Mucho ruido por nada. En cambio, Orriols podría articular un movimiento de calado político que recoja todo el espectro que ha estado junto a Puigdemont, aunque para lo cual se tiene que desprender de algunas connotaciones de extrema derecha”, dice un analista que ha estado próximo a Puigdemont hasta ahora.
En esta guerra irrumpe también en la pantalla un manifiesto apoyado por Endavant y varias plataformas en el cual se rechaza “el pacto de ERC y Junts con el PSOE, un pacto autonomista que busca enterrar las aspiraciones y la movilización independentistas”. Este rechazo se debe al hecho que las cesiones socialistas, “como la amnistía, el catalán en el Congreso o el reconocimiento como minoría nacional ni pararán la represión ni nos harán avanzar en nuestra liberación nacional y social. Este pacto legitimará y reforzará el régimen en el cual nunca se verá reconocido nuestro derecho de autodeterminación”. Por lo tanto, llama “a mostrar el rechazo popular a este pacto y a articular un movimiento de resistencia para continuar con la lucha por la autodeterminación y la independencia”. En resumen: todos contra Puigdemont.
*Puedes leer el artículo entero al número 1552 de la edición en papel de EL TRIANGLE.













