La ley del silencio en Junts menosprecia a los portavoces

Junts lleva meses sin mensaje público. Las elecciones generales del 23-J pusieron el partido en el centro de las negociaciones y, por primera vez en años, en la formación se lo han tomado en serio. Conocedores de que en Junts hay una pluralidad de voces y una disparidad de criterios que a menudo resultan incluso antagónicos, cuando el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont empezó a negociar en serio con el PSOE, Sumar y ERC, al partido se impuso una ley del silencio absoluta. Durante semanas nadie decía absolutamente nada. Ningún dirigente ni portavoz concedía entrevistas, hacía tuits ni convocaba ruedas de prensa.

La irrupción de Puigdemont en el panorama político con su conferencia marcó unas líneas y una serie de mensajes que han servido en las distintas caras del partido para ir repitiendo conceptos y frases como si no tuvieran nada más que decir. Pero los días van pasando, la vida política va evolucionando y el silencio impuesto se mantiene y complica cada vez más la vida a los portavoces del partido. Aquellos que deben dar la cara a Junts, cada día tienen más complicado responder, porque saben que de determinados temas está prohibido hablar hasta que Puigdemont vuelva a dar su opinión o dé instrucciones.

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