Ni ella misma lo esperaba. La mayoría absoluta conseguida por Marta Farrés ha caído como un jarro de agua fría en los sectores más beligerantes con sus políticas de derechas, con este acercamiento a Lluís Matas (Junts) que se ha pasado cuatro años apoyando absolutamente todo lo que proponía la representante del PSC. Lo ha pagado perdiendo un concejal.
A Farrés no le han pasado factura ni su populismo mediático, ni sus propuestas sin consenso de una piscina de olas (Surfcity) en un río Ripoll ya castigado, ni sus enfrentamientos con la PAHC y con otros colectivos que le reprochan su falta de empatía con los más necesitados. Hace cuatro años, había participado en algún acto de apoyo a las familias desahuciadas y prometía hacer todo lo posible para ayudar. La PAHC alerta del aumento de desahucios que se producen en Sabadell. Los datos reales los tiene el propio ayuntamiento y los juzgados, aunque desde enero de este año hasta finales de mayo han llegado a sus asambleas unos 45. Sin embargo, muy poco o nada se ha hecho. Marta Farrés ha girado a la derecha también en este asunto, criminalizando las okupaciones ilegales e iniciando una campaña peligrosa en la que se mezcla el miedo y el estigma. Quizá sus palabras tengan también algo que ver con el aumento de la extrema derecha en la ciudad, segunda fuerza en todos los barrios periféricos.
Sabadell es una ciudad peculiar, donde el potencial asociativo es enorme, donde la participación de la gente es tan importante como exclusivista, cerrada en sí misma, con un nulo interés que sea asimilada por otros sabadellenses. El sectarismo y el clientelismo imperante desde hace décadas hace imposible una cohesión que no es deseada, especialmente por los barrios del centro que no quieren ni oír hablar de descentralización de determinados servicios o actividades culturales. Así pues, estos círculos endogámicos se perpetúan en el tiempo y, por decirlo de algún modo, Sabadell es una ciudad de pequeños pueblos que poco tienen que ver unos con otros. Manuel Bustos, padre político de Marta Farrés, hizo algún pequeño esfuerzo por unificar, por crear complicidades, pero pronto se dio cuenta de que era mucho más fácil y mucho más rentable, electoralmente hablando, dar de comer aparte a estas entidades a las que ya les iba bien esa cerrazón…
Así pues, Marta Farrés ha sido un calco de su antecesor, Manuel Bustos, en este aspecto: control de la mayoría de las asociaciones de vecinos, incluida la Federación de todas ellas, perfil bajo, sin demasiadas promesas, obras y más obras, mucha publicidad, muchas fotos, muchas sonrisas y mucha superficialidad. Y esto es lo que le ha llevado a la mayoría absoluta. La pobreza, los desahucios, la angustia de un banco de alimentos cada vez con menos recursos; todo esto no vende; es más, agota. Y la gente ha votado por ir tirando, por una alcaldesa que pretende que la Navidad sea el referente exclusivo de una Sabadell que se busca desde hace mucho tiempo. El votante sabadellense se conforma con una ciudad limpia, iluminada por la noche y poco más. Y Marta Farrés lo sabe. En las entrevistas publicadas en diversos medios sabadellenses habla de gestionar “el día a día”, sin concretar ninguna acción. Ningún interés, pues, en impulsar culturalmente Sabadell, en poner la semilla de un plan estratégico a veinte o treinta años vista en el que la ciudadanía sea la protagonista.
Es probable que esa posición lo sea también por la mediocridad de los políticos que se presentan a las elecciones. En estas últimas, la abstención ha llegado al 50 %, siendo del 60 % en los barrios más pobres. Y si tenemos en cuenta el censo total, ella ha obtenido tan solo el 22% de los votos de todos los sabadellenses. Farrés prefirió alejarse de la pobreza y pasearse por los ejes comerciales y colgar fotos en las redes. Y le fue bien, esa es la realidad. Hay quien dice que es mérito suyo, pero no hay que olvidar que tanto su pareja como su número dos en el PSC de Sabadell pertenecen al aparato del partido. Muchos creen que esa mayoría absoluta es muy peligrosa porque se va a parecer mucho a la de Manuel Bustos. Otros piensan que Marta Farrés tiene la oportunidad de pasar página por fin y de ser ella misma. La verdad es que ya está intentando acercarse a algunos partidos de la oposición. Que sea para desactivarlos o para aunar esfuerzos, solo lo sabe ella. Los precedentes no son buenos. El trabajo de fiscalización va a ser difícil con una oposición tan fragmentada. Hay más temor que ilusión, pero la esperanza no hay que perderla.






