La primera temporada de Laporta, decepcionante, acaba en blanco

El ‘milagro’ de Xavi era Pedri, el equipo lo aguantan los jugadores herencia de Koeman, las ‘vacas sagradas’ no se tocan y el entrenador, gastadas todas las excusas, pide más fichajes, cuesten lo que cuesten

El potente e imbatible aparato mediático laportista no ha tardado ni 24 en horas en intentar darle la vuelta al balance inequívocamente pobre de la temporada en blanco, la primera de un nuevo presidente que empezó prometiendo renovar a Messi, luego fichar a Haaland y finalmente ganar la Liga, en otro de esos ataques de entusiasmo y soberbia que han marcado un estreno de mandato dominado por el desencanto, la frustración y el cabreo de muchos socios que no perdonan, ni olvidan, la noche del Eintracht.

Si se añade que tampoco se ha consumado por ahora ninguna de las promesas económica o financiera, tan necesarias, y se ha engañado a los socios asegurando que las obras del Espai Barça, las de verdad, empezarán en junio para jugar en Montjuïc la temporada 2022-23 -afirmaciones que han resultado ser un embuste- el presidente Joan Laporta lleva camino de batir todos los récords de mediocridad, desprestigio e inoperancia.

Todo lo más, un acuerdo con Spotify del que sólo se sabe, fehacientemente, que no es ni mucho menos el mejor del mercado sino más bien lo contrario, inferior a la explotación comercial de la camiseta y otros activos alcanzada por Josep Maria Bartomeu antes de la pandemia.

Ahora necesita que la máquina mediática de vender humo queme todo su combustible, y a toda castaña, para mantener elevado, o al menos que no decaiga, el poco ánimo de una afición que ayer se levantó con la esperanzadora y manipulada noticia -otra producción fantasiosa del diario Sport– del posible fichaje de Lewandowski (foto), el magnífico goleador del Bayern Munich de 33 años, a punto de cumplir los 34. La portada, con el titular ‘Apuesta total por Lewandowski’, es sólo un pedido, un encargo más de Laporta, para ayudar a su amigo Pini Zahavi, el agente israelí con el que el presidente azulgrana comparte una amistad que viene de lejos y con el que fue socio accionista en Malta de una extraña y fugaz empresa, además de aportar su grano de arena a la fuga de Neymar al PSG. Laporta, no lo puede evitar, siente una irrefrenable pasión por todo comisionista que se acerque a cien metros del Camp Nou.

Ahora toca echarle una mano a Pini Zahavi, proyectando desde los medios de Barcelona un interés desesperado por el delantero polaco, que queda libre dentro de un año. El Barça debería pagar un precio elevado por su traspaso, además de bañar en oro a su agente por forzar su salida del Bayern. Más humo.

El propio diario Sport ya había descendido la noticia en su web rápidamente, consciente de la volatilidad de la información. Y eso, a pesar de que su propio director, Lluís Mascaró, le había dado plena credibilidad en su artículo del día: “… en los próximos días la ofensiva de Lewandowski para abandonar el Bayern se intensificará con nuevas reuniones. Y no se descarta, incluso, que el delantero polaco haga pública su intención de fichar por el Barça. El sueño de incorporar un crack, a pesar de la crisis económica, pasa por el compromiso de Lewandowski. Si este sueño se hace realidad, seguro que Xavi lo celebrará como si fuera un título. Y con razón. Porque con los goles de Lewandowski la resurrección sería mucho más fácil”.

Revitalizar este entorno apagado es y será un ejercicio complicado que, tras la euforia, abrazos y celebraciones provocadas por el golazo de Jordi Alba en el descuento del partido frente al Betis, necesitaba recuperar una nueva dosis, cada vez más exagerada, de críticas a Koeman y al pasado, pero también una redefinición del “esto es lo que hay” (“es la realidad que tenemos”, en boca de Xavi) para poner en valor la campaña no tan excelente ni indiscutible de un entrenador como el de Terrassa, con un discurso cada vez más errático e ininteligible.

Ahora, la prensa ha recuperado, como si fueran oro puro, los números menos guapos de Koeman, los que provocaron su destitución y la llegada de Xavi. No obstante, la presunta gran reacción del equipo, tan alabada por la prensa con final de etapa en el 0-4 del Bernabéu, se ha desvanecido con la perspectiva del tiempo, pues Xavi salvó los muebles, al principio con muy poco juego, gracias a los goles de Luuk de Jong y empezó a sacar pecho a partir de que Pedri y Dembélé reaparecieron tras sus lesiones de larga duración y de la inversión de 100 millones en forma de una delantera nueva: Ferran Torres, Aubameyang y Adama Traore.

Todo iba bien o en ascenso hasta que, por el mismo efecto, con la lesión de Pedri, el juego y las excelencias del equipo se derrumbaron. Pedri había obrado una especie de milagro que, por las pruebas, podría haberse dado con cualquier entrenador.

La “realidad” de la que habla Xavi -ahora sí, aunque en ningún caso cuando llegó- es la de un vestuario sin fondo de armario, con ‘vacas sagradas’ a las que Xavi no se atreve a tocar y con una potente “herencia”, como son Araujo, Gavi, Nico, Pedri y desde luego Ansu Fati, la generación última de Bartomeu y de Koeman, si se quiere buscar una paternidad con la misma pasión y eco mediático con la que se ha querido identificar con Xavi los pocos éxitos de esta temporada, al menos mientras ha parecido que podía competir ilusoriamente por la Liga contra el Real Madrid.

La misma “realidad” es la que ha obligado al lobby periodístico de Xavi a replegar velas y desdecirse de cuantos parabienes y elogios infinitos, desmadrados y descomunales había vertido hasta hace un mes y recuperar el lastre del periodo Koeman como un efecto insalvable frente al que Xavi no ha podido hacer nada, pese a sus demostrados talento y sabiduría. Pura hipocresía y manipulación, pues Xavi fue quien tuvo en sus manos la Copa, la Supercopa y la Liga, sobre todo a partir de obtener refuerzos. Además, cayó en la liguilla previa de Champions y, como es notorio, también en la Europa League.

Al final, el balance es de una temporada en blanco y sin más héroes que la nueva generación dejada por Bartomeu y la aportación de un Dembélé que tanto le gusta a Xavi pero que no renovará a la baja, como quiere el club.

Ha sido, en su conjunto, un año decepcionante en el que Xavi ha quemado todas las excusas, demasiadas, para acabar pidiendo más fichajes, de primer nivel, cuesten lo que cuesten. Precisamente, lo contrario del guión de Laporta, que negocia con jugadores que acaban contrato y que ha hecho ya demasiado el ridículo con Haaland y Mbappé. Hoy nadie quiere acordarse de que Laporta envió a Xavi y a Jordi Cruyff a ver a Haaland en persona y convencerlo de venir al Camp Nou. No les hizo ni caso.

Ayer Haaland fichó por el Manchester City, en parte gracias a la venta de Ferran Torres al Barça.

Fichar a Lewandowski parece una broma de mal gusto.

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