Laporta prepara en el Barça el 125º aniversario que el Reus nunca podrá celebrar

También crea una comisión de la memoria histórica. En 2003 promovió una parecida para evitar la retirada de las medallas a Franco por orden de su suegro y su cuñado, Alejandro Echevarría, miembro de la Fundación Francisco Franco.

Joan Laporta ha puesto el cronómetro en marcha de la cuenta atrás del 125 aniversario del FC Barcelona, para lo cual decidió aprobar con todos los honores, pompo  y parafernalia una Comisión de la Memoria Histórica “con el objetivo de recuperar, estudiar y promocionar la dimensión deportiva, social y democrática de la entidad a través de su historia, uno de los motores del ‘más que un club’, por todos los canales que nos permiten las tecnologías de nuestros días”, según reza el comunicado oficial, en el que además se ha nombrado como Comisionado -no como Comisionista- de esa efeméride a David Carabén, un ilustre laportista de nueva generación, hijo de Armand Carabén, gerente del club en la época de Agustín Montal cuando fichó a Cruyff.

Al hilo de esta buena nueva que, si todo fuera tan bien como se presume, se celebrará con el Camp Nou cerrado (2024) o medio en obras y el equipo jugando en Montjuïc, debe recordarse la última vez que el actual presidente reunió a un grupo de notables, historiadores y asesores especiales, para valorar la retirada de las varias medallas otorgadas por el FC Barcelona al dictador Francisco Franco según mandaba el régimen. 

Contrariamente a la propia promesa de Laporta, el presidente que fue elegido en 2003 y por él mismo autoproclamado como “un presidente desacomplejadamente catalanista e independentista”, la resolución de los historiadores, convenientemente instruidos, seleccionados y recompensados, fue que el Barça no tenía por qué remover ese pasado ni adoptar la decisión institucional de retirar esas condecoraciones y distinciones. 

La conclusión de los especialistas fue ridícula y vergonzosa: no había nada que retirar porque nunca fueron entregadas, un argumento insolvente y grotesco pues existen incluso imágenes de la entrega por parte de Agustí Montal al Generalísimo.

En octubre de 2003, sin embargo, Joan Laporta hubo de frenar y negar escandalosamente la petición presentada por la Plataforma d´Amics de Josep Sunyol y el semanario EL TRIANGLE, que recogió 3.000 firmas para sostener esa reivindicación, por la sumisión y obediencia debida a su suegro, Juan Echevarría, empresario beneficiario de la dictadura, y sobre todo a su cuñado Alejandro Echevarría, miembro de la Fundación Francisco Franco como más tarde se destapó.

O sea, que Laporta no sólo defendió y blindó los homenajes del barcelonismo a Franco, sino que, además, nombró directivo a un destacado y activo miembro de la Fundación Francisco Franco. Era el precio que estaba obligado a pagar por el aval generosamente puesto por su suegro, imponiendo también la vigilancia y custodia de sus intereses a cargo de su hijo Alejandro, el mismo que ahora se ocupa de elegir los proveedores de seguridad del Camp Nou.

Está por ver si esa Comisión de la Memoria Histórica remueve y borra esa vis franquista de Laporta o si se atreve a borrar que fue el presidente Josep Maria Bartomeu quien finalmente adoptó la decisión institucional de retirar las medallas concedidas a Franco en octubre de 2019. Cualquier cosa es posible.

Por otro lado, el club que no podrá nombrar una comisión de la memoria histórica ni celebrar su 125 aniversario es el Reus, club catalán extinguido, liquidado y desaparecido en 2019 como consecuencia de la pésima gestión de Joan Laporta y de ese equipo que ya ahora ha vuelto a reunir en el Barça en el plano ejecutivo. A saber, Pere Lluís Mellado, que fue consejero y secretario del Reus (en el Barça, jefe del área jurídica), Joan Sentelles, gerente (en el Barça al mando de Operaciones, Compras y Seguridad), y Bryan Bachner, que fue el director del club chino del Reus, director de la empresa de Joan Oliver, la propietaria, y ahora director de la oficina de Hong Kong del Barça. 

Por su parte, Xavier Sala-i-Martín (vicepresidente de la Fundació Barça) y Rafael Yuste (vicepresidente primero) formaban parte del accionariado del Reus, ya sepultado.

El Diari de Tarragona ha aprovechado la actualidad azulgrana, tan movida, para resumir en un reportaje de qué modo, frío, insensible y calculador, se diseñó el final del Reus. “Laporta, Piqué, Rubiales y la crisis del Reus Deportiu. Nos toca de cerca, con el saqueo del Reus Deportiu por el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, y sus amigos”, dice el titular de un análisis de lo ocurrido en tres actos.

El primero, “Laporta y sus amigos saquean el Reus Deportiu. El equipo de la capital del Baix Camp era un club modesto de la Segunda División B de la Liga española. Unos de los más antiguos de Cataluña. Las cosas empezaron a torcerse en 2013, cuando los socios se dejaron llevar por las mentiras de Joan Laporta y sus socios (…)  Después de su salida del Barça, en 2010, Joan Laporta, el economista mediático y vicepresidente económico del Barça, Xavier Sala-i-Martín; el responsable de la vicepresidencia deportiva, Rafael Yuste; y el director general del club, Joan Oliver, crearon la sociedad Core Store SL con un capital social de 50.000 euros. Según el Registro Mercantil la sede social estaba en el despacho de Joan Laporta y el objeto social era prestar servicios de consultoría deportiva y la gestión de clubes de fútbol. En 2013, Core Store SL era propietaria de CSSB Limited, una empresa que compró el 57,11% de las acciones del CF Reus. El resto del capital social del club estaba controlado por Gaupau SL, una empresa de Joan Oliver. 

Los cuatro amigos se hicieron con el club del Baix Camp al más puro estilo de ‘Bienvenido Mr. Marshall’. Muchas promesas de inversiones que nunca llegaron al club (…) Pronto muchos se dieron cuenta que, por el  contrario, se estaban desviando los recursos del club hacia las empresas de Laporta, Oliver, Laporta, Yuste y Sala-i-Martín. 

Su ‘modus operandi’ es muy conocido en el mundo del fútbol profesional. Primero, se incorporaron al CF Reus muchos jugadores jóvenes de la mano del comisionista Jorge Mendes, íntimo amigo de Laporta. Después, los ingresos de tesorería de la sociedad anónima deportiva (SAD) por los derechos de emisión de los partidos que pagaba La Liga se desviaron hacia una SL que tenían en China y, también, a un club de aquel país, el equivalente a Segunda B española. Al poco tiempo, los jugadores dejaron de percibir sus salarios y, al final, el club se declaró insolvente (…) 

Durante seis años, los cuatro personajes se dedicaron a saquear las cuentas del club hasta abocarlo al concurso de acreedores con un pasivo superior a los siete millones de euros. Después de algunos intentos fallidos para deshacerse del club, en 2019, el Reus fue expulsado de La Liga por no pagar el sueldo a los jugadores y al resto del personal”.

Según explica el periodista Agustí Segarra Blasco, en el Segundo Acto, “Piqué desembarca en Andorra. El año 2018, los socios del FC Andorra decidieron en asamblea extraordinaria convertir la entidad en una sociedad anónima. Después acordaron vender el club a Kosmos, empresa propiedad de Gerard Piqué. El Kosmos liquidó la deuda de 600.000 euros del club y el capitán del Barça se convirtió en el propietario del club. En aquellos momentos, el FC Andorra era un club modesto de la Primera Catalana que arrastraba una deuda importante. Piqué tenía prisa para hacer del Andorra un equipo emergente del fútbol español y le pidió a Luís Rubiales, flamante presidente de la RFEF, un trato preferente para situar al club en las categorías superiores”.

Y finalmente titula así el Tercer Acto: “Rubiales regala a Piqué la vacante del Reus Deportiu en Segunda B”.  En su visión, “a raíz de la nefasta gestión de Joan Oliver, en 2019, el Juez de Disciplina Social de LaLiga expulsó al Reus del fútbol profesional. Después de 110 años de existencia, el señor Laporta y sus socios acabaron con el Reus Deportiu. Su plaza de Segunda B quedaba vacante. Fruto de esta situación insólita, la RFEF la sacó a concurso. Se interesaron por la plaza vacante algunos clubes como por ejemplo el CE L’Hospitalet o el Zamora CF, que ya habían estado en Segunda B junto con otros que nunca habían militado en esta división, como por ejemplo el Alcobendas Sport (…) 

El artículo 194 del Reglamento general de la RFEF indica que «el derecho a ocupar las vacantes será determinado por la RFEF, ponderando las circunstancias concurrentes, por el orden siguiente y atendiendo los criterios siguientes», además del hecho que el mejor candidato era «el equipo de Tercera División de la misma Federación de ámbito autonómico al que pertenece el equipo descendido por impago». 

Todo el mundo sabía que el club que cumplía mejor estas condiciones era el CE l’Hospitalet. No obstante, para sorpresa de todos, el equipo escogido fue el FC Andorra. Las presiones de Gerard Piqué sobre Luís Rubiales se materializaron (…) El caso del Reus Deportiu no es más que un buen exponente de la deriva del fútbol profesional actual. Este drama evidencia que en el fútbol sobran los prepotentes, los conflictos de intereses y las malas prácticas; mientras se echa de menos la ética, la honestidad y la transparencia”.

El documento periodístico genera, además de una crítica lapidaria, la sensación de inquietud ante la amenaza reiterada de Joan Laporta de que “lo volveremos a hacer”. ¿Hacer desaparecer también al Barça? Desde luego son los mismos.

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