Estoy viva

«Estoy viva». Yevgenia envía este mensaje breve después de un silencio que se inició a los pocos días del inicio de la invasión rusa de Ucrania. No explica mucho más, sólo que en su pueblo, ubicado a pocos kilómetros de la frontera con Bielorrusia, la situación ha sido tranquila. Allí sólo se instaló una batería desde la que se bombardeaba Kiev e Irpin. Durante la retirada le robaron el coche.  «Los rusos se llevaron todos los 4×4 que había en el pueblo». Se siente tremendamente afortunada. No es paramenos. El diputado ucraniano Alexander Rzhavsky fue asesinado por un soldado ocupante por negarse a servirle un vaso de vodka. Pocos días antes de la invasión sostenía en sus redes sociales que «la histeria con el ataque ruso es muy exagerada».

La retirada del norte de Ucrania es la prueba del fracaso de Putin en su intento de quedarse con parte del país e imponer un régimen títere, similar al de Bielorrusia. Un fracaso que ha levantado una severa purga. El coronel general Sergei Beseda, jefe del 5º. Servicio del Servicio Federal de Seguridad (FSB), puesto bajo arresto domiciliario al igual que su adjunto, Anatoly Bolyukh, pocos días después del inicio de la guerra, ha sido trasladado a la cárcel de alta seguridad de Lefortovo de Moscú, un paso previo a su juicio por cargos relacionados con los informes deficientes que el principal servicio de seguridad nacional proporcionó sobre Ucrania antes de la invasión. Vladislav Surkov, hasta hace poco todopoderoso asesor de Putin ha sido puesto bajo arresto domiciliario y podría correr la misma suerte.

Surkov fue el cerebro de la intervención militar rusa en Ucrania de 2014 y en la de Siria en 2015. También tuvo un papel destacado en las relaciones con las repúblicas de Osetia del Norte y de Abjasia. Aparte del fracaso militar que vive el ejército ruso hay otra razón por su caída en desgracia: su relación con el magnate Mikhail Jodorkovsky, hoy crítico con Putín y exiliado en Suiza, de cuya mano inició su carrera como jefe de relaciones públicas.

Putin nunca creyó que esa guerra se alargaría. Le habían prometido una operación rápida e indolora que no se ha producido. Esta purga es una advertencia para los miembros de su entorno y, también, una forma de afianzar su autoridad. Su popularidad es inmensa, más del 80%, y cualquier opinión que se aparte mínimamente del discurso oficial sale cara. La veda de las delaciones está abierta. Alumnos denuncian a sus maestros, hijos denuncian a sus padres, incluso se denuncian conversaciones escuchadas en la mesa vecina de un restaurante. El último represaliado ha sido el actor Konstantin Raikin, despedido de su cargo de director artístico de la Escuela Superior de Artes Escénicas de Moscú por expresar su opinión contraria a la guerra.

Putin necesita urgentemente una victoria antes del 9 de mayo para fortalecer su posición. En esa fecha se celebra la derrota de Hitler en la Gran Guerra Patria, nombre con que los rusos conocen la II Guerra Mundial. De ahí que los esfuerzos militares se centren ahora en las provincias de Lugansk y Donestsk, pero sobre todo en consolidar el territorio costero conquistado para unir a Crimea con Rusia. Una Crimea ampliada hasta reproducir la antigua gobernación zarista de Tavrida que desborda la península para ocupar parte de la zona costera del sur de Ucrania. La caída inminente de Mariúpol consolidaría ese espacio. El ejército ucraniano prácticamente da por perdida la ciudad .Los combatientes que todavía quedan resisten como pueden en dos grandes fábricas de las afueras.

Los últimos defensores de Mariúpol son combatientes del Batallón de Azov, formado mayoritariamente por militares de ideología nazi a la que se ha incorporado buena parte de la legión extranjera de voluntarios que decidieron ir a luchar en Ucrania al inicio de la guerra. Esta unidad ha tenido un papel más que destacado en la guerra que se libra desde 2014 en el Dombass y hoy tiene un amplio reconocimiento social en Ucrania.

Su derrota permitirá a Putin presentarse como combatiente victorioso contra el nazismo. La unión de Crimea con el territorio ruso y un eventual control de Lugansk y Donestsk le mostrarán como defensor de los derechos de los rusófonos de estas provincias, que según la propaganda rusa han sido segregados y asesinados por los sucesivos gobiernos ucranianos. Su liderazgo quedaría afianzado.

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