La prensa de Laporta y el ‘lobby’ de Xavi disimulan la crisis

Apartar a Dembélé perjudica notablemente a un equipo que también ha vuelto a perder a Ansu Fati ante un mes de febrero de enorme exigencia

Como no existe una prensa independiente, sino un entorno mediático domado y acrítico, la directiva de Joan Laporta ha sido capaz de ocultar a los ojos de la afición y del mundo una crisis deportiva galopante, manifiesta y significativa. Sobre todo, porque desde la llegada de Xavi se habían asegurado nuevas y mejores expectativas, un cambio benefactor a todos los niveles, el regreso al estilo ganador de siempre, el fin del presunto derrotismo y sobre todo de habían exclamado consignas inequívocas como “somos el Barça y sólo sabemos ganar”, por parte de Xavi, o “¡Hemos vuelto!” en boca de Laporta, como amenazando al resto del mundo del fútbol. 

La ausencia absoluta de humildad, la gestión exclusivamente mediática y la reveladora realidad de que Xavi también puede equivocarse, y mucho, han conducido a una situación sino crítica sí que delicada ante un mes como el de febrero con partidos que han de marcar la temporada.

Ni después de caer en la Supercopa ni tras la eliminación copera en San Mamés, inapelable, hubo vídeo castrista de Laporta, cuyo aparato de comunicación sí puso en circulación la extraña e inadecuada ‘felicitación’ al equipo en el vestuario caliente de Riad tras el baile blanco a la defensa del Barça en el tercer gol del Madrid. Se hizo el silencio a la espera de nuevos acontecimientos. 

Desde la llegada de Xavi, por desgracia para el club, el equipo ha sido eliminado sin ningún argumento en su defensa de la Champions League, ha perdido el tren de la Liga, no tuvo ninguna opción en la Supercopa y tampoco, o menos aún, en el KO copero frente al Athletic. La secuencia hasta este domingo pasado dibuja una trayectoria errática desde el partido afortunado de Mallorca (0-1), también el de Linares (1-2) sin juego, igual que ante el Granada (1-1). 

Luego se quiso vender la derrota ante el Real Madrid como un episodio épico cuando, verdaderamente, el equipo de Ancelotti se acomodó a dejarse dominar y contragolpear letalmente. Cuando el Barça quiso repetir ese mismo esquema de dominio y control del juego frente al Athletic el resultado fue el contrario: quien superó al Barça en todos los registros de fútbol, presión, ataque, defensa y goles acabó siendo el Athletic. 

El ‘lobby’ periodístico, fanatizado y protector de Xavi pase lo que pase, hace el resto para ocultar que su esperado y pre-aplaudido estreno ha empeorado las cosas en lugar de mejorarlas como parecía estar escrito en las estrellas.

Un aspecto sí había cambiado fundamentalmente en el que, con toda probabilidad, ha sido el mayor error de la gestión de Laporta, secundado por Mateu Alemany y el visto bueno del propio entrenador, prescindiendo del mejor delantero del equipo como era Ousmane Dembélé. A nadie puede sorprenderle que, en esa versión depredador contra todo aquel capaz de hacerle sombra mediática y robarle protagonismo, el presidente haya colgado en su despacho, a modo de trofeos, las cabezas de Messi, Griezmann y Dembélé. 

Lo que sí deja estupefacto es que la totalidad de la prensa, haciendo caso de las consignas dictadas desde el club y tragándose las filtraciones que han convertido a Ousmane en una especie de monstruo ‘come-niños’, se haya alineado a favor de la decisión, no deportiva sino exclusivamente directiva y mediática, de impedirle jugar, de castigarlo con no convocarlo e intentar que antes del final del mercado, el 31 de enero, acepte irse a reforzar un equipo de Champions hasta el verano. Increíble y alucinante si así acaba siendo.

Ha sido, sin duda, una decisión precipitada, incoherente y perjudicial para el equipo, pero también para la imagen y el prestigio del club. Que Dembélé no aceptara renovar de momento con las condiciones ofrecidas por el FC Barcelona entra dentro de la normalidad y de una negociación en la que el jugador francés cuenta con ofertas de grandes clubs de cara a la próxima temporada que, según su parecer y el de su agente, mejoran por ahora las puestas sobre la mesa para su continuidad en el Camp Nou. Ofertas que, legítimamente, puede considerar que están por debajo de esos halagos del presidente Laporta (“Es mejor que Mbapé”) y de Xavi (“Puede ser el mejor del mundo en su puesto”).

Por alguna razón, seguramente para justificar tirar la casa por la ventana el próximo verano para fichar a Haaland, Laporta forzó de pronto la situación exigiendo la firma de su nuevo contrato antes del cierre del mercado de invierno, una pretensión sinsentido pues el futbolista tiene contrato hasta el 30 junio y el equipo necesita un delantero desequilibrante de sus extraordinarias condiciones para romper los partidos y generar superioridad.

Además de la presión, repentinamente urgente, desde la junta y el aparato laportista se ha desplegado una campaña cruel e hiriente contra el delantero francés con el propósito de criminalizarlo y convertirlo en una especie de enemigo público del Barça. Las redes sociales, los altavoces laportistas y hasta algún ex-futbolista del Barça han llegado a insultar a un futbolista con contrato en vigor con el FC Barcelona y en buena condición física.

Cualquier opción de recuperarlo parece imposible. La pregunta ahora radica en saber cómo actuará Laporta si no se alcanza un acuerdo en breve con Araujo o con Gavi, dos futbolistas con los que ya lleva tiempo negociando. En el caso del central uruguayo parece que el Real Madrid estaría detrás de esa falta de prisa en llegar a un acuerdo. En su conjunto, situaciones de cierta normalidad en las que las partes suelen jugar una partida de ajedrez, a veces larga a veces corta.

El refrendo mediático generalizado a esta medida autoritaria y poco reflexiva por parte de la directiva, staff técnico y entrenador ha facilitado enormemente que no se haya extendido una crisis que a nivel deportivo resulta evidente y puede calificarse de aguda, pues además ha coincidido con la nueva baja médica de Ansu Fati, víctima también del exceso de responsabilidad que se le puso encima cuando renovó como una gran estrella y se le dio ese dorsal ‘10’ tras la patada de Laporta a Messi. 

El jugador, que viene de arrastrar una lesión con varias intervenciones quirúrgicas frustradas a lo largo de un larguísimo y tortuoso año, ha acumulado recaídas como esta última con amenaza seria de quirófano.

En este sentido, la revolución impuesta por Xavi a su llegada, que implicó el total desmantelamiento de la estructura de los servicios médicos, el apartamiento del jefe de los servicios médicos, Ramon Canal, y de los responsables de la preparación física y de los fisioterapeutas, no ha evitado el carrusel de bajas musculares y de recaídas que ya sufría el equipo esta temporada, un motivo más de preocupación, especialmente por el peso y la importancia que, en este momento, supone para la delantera la doble ausencia de Ansu Fati y de Dembélé. Al equipo, además, se le añade un conflicto interno, desagradable, imprevisto y capaz de añadir tensión y nervios en el entorno a lo largo de los próximos días hasta que se resuelva el caso del delantero francés.

Con independencia del partido de ayer, el Barça se enfrenta un mes de febrero determinante en el que se enfrenta al At. Madrid en el Camp Nou, clave para asegurar una posición de Champions, visita el RCD Stadium del Espanyol, debuta en casa frente al Nápoles en la Europa League antes de un doble desplazamiento a Mestalla y Nápoles para rematar febrero recibiendo en el Camp Nou al Athletic, su implacable verdugo en la Copa. Lo que necesitaría el vestuario sería poder contar con los mejores jugadores y la máxima estabilidad. No debería ser tan difícil.

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