La banda de los cuatro

Hubo una época, a caballo entre los siglos XX y XXI, que en Cataluña, en la Comunidad Valenciana y en las Baleares gobernaban, respectivamente, Jordi Pujol, Eduardo Zaplana y Jaume Matas. Esto, en una España que tenía al rey Juan Carlos I al frente de la jefatura del Estado.

Aquel mundo se ha acabado. Jordi Pujol está imputado, junto con su familia, por graves delitos de corrupción y de evasión fiscal. El juicio se celebrará en los próximos meses en la Audiencia Nacional. Eduardo Zaplana también está procesado por los delitos de blanqueo de capitales y prevaricación y ya ha pasado ocho meses en prisión preventiva. Ahora, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha cuantificado en 16,2 millones de euros el “botín” que escondió en paraísos fiscales a través de testaferros.

Jaume Matas ha pasado largas temporadas en la cárcel, a causa de sus condenas en numerosos casos de corrupción, uno de ellos lo protagonizado por Iñaki Urdangarín, el yerno de Juan Carlos I. Y el “rey emérito” tiene que pasar la vergüenza pública de verse obligado al exilio voluntario en Abu Dhabi por las comisiones que cobraba y por sus cuentas secretas en Suiza.

El año 1975, después de la muerte del dictador, se abrió una etapa de libertad y de gran esperanza para la sociedad española y catalana. Pero estas ilusiones colectivas fueron secuestradas, prostituidas y saqueadas por una banda de miserables y de cínicos sin escrúpulos, capitaneada por Juan Carlos I.

Jordi Pujol, Eduardo Zaplana, Jaume Matas i Juan Carlos I no actuaban solo por libre. También hacían negocios entre ellos. Recordamos la participación conjunta de testaferros de Jordi Pujol y del rey emérito en la explotación de las loterías de la Generalitat. O la sociedad conjunta que tenían el hijo pequeño de Jordi Pujol, Oleguer, con el yerno de Eduardo Zaplana para hacer “pelotazos” inmobiliarios. O los negocios que hizo Iñaki Urdangarín con los gobiernos de la Comunidad Valenciana y de las Baleares de la mano de Jaume Matas y Eduardo Zaplana.

Jordi Pujol, Jaume Matas (cuando era ministro de Medio Ambiente) y Eduardo Zaplana se pusieron de acuerdo para hacer el gran trasvase del Ebro hacia tierras valencianas, cosa que tenía que permitir fabulosos negocios especulativos, con urbanizaciones y campos de golf. La gran movilización contra el Plan Hidrológico Nacional (PHN), que incluía el trasvase del Ebro, fue el detonante que derribó el muro monolítico de la hegemonía pujolista en Cataluña.

Han pasado 20 años de aquella época en la cual la “banda de los cuatro” gobernaba y robaba para llenarse los bolsillos. Hoy, Pere Aragonès es presidente de la Generalitat catalana; Ximo Puig, de la Generalitat valenciana y Francina Armengol, del gobierno de las Baleares. Afortunadamente, los electores se han dado cuenta que la corrupción es el principal enemigo de la democracia y han actuado en consecuencia, barriendo a estas “mafias” del poder y condenando sin tapujos el amoral comportamiento de Juan Carlos I, que ha quedado para la historia como un sinvergüenza y un malhechor.

Pere Aragonès, Ximo Puig y Francina Armengol tienen un amplio campo para correr si deciden trabajar y cooperar juntos, en beneficio de los 13,5 millones de ciudadanos que representan. Por ejemplo, unificando posiciones en el tema de la financiación o en uno de los grandes debates abiertos estos últimos días: la supervivencia y la promoción de nuestra lengua. Pero para eso hace falta que superen los recelos y las heridas que ha provocado el proceso independentista de Cataluña, sabiendo que los valencianos nunca renunciarán a su propia identidad lingüística y cultural y que los baleares nunca querrán saber nada de las aventuras secesionistas catalanas.

En el inicio de este 2022, nos tenemos que conjurar para generar marcos de futuro y esperanza para la sociedad, castigada y noqueada por el inacabable impacto de la pandemia. La clave es la colaboración y la transparencia entre las administraciones, que tienen que dar ejemplo de diálogo, empatía y voluntad de negociación para mejorar las condiciones de vida de la población.

Nunca tenemos que olvidar de dónde venimos, alegrarnos de las victorias conseguidas y fijarnos nuevos horizontes al alcance para seguir avanzando. La derrota de la “banda de los cuatro” la tenemos que mantener viva en la memoria, para evitar de caer en los mismos errores –nunca más- y saber que el espíritu de combate es imprescindible para poder conquistar nuevos objetivos pragmáticos.

Desde EL TRIANGLE, en el año 32 de nuestra existencia, me comprometo a continuar trabajando por una Cataluña limpia, tolerante, próspera, justa y armónica, compenetrada con todos los territorios y pueblos ibéricos y, de manera muy especial, con los vecinos, con los cuales compartimos intereses más palpitantes. Os deseo un gran año 2022. ¡Al trabajo (adoptando las precauciones necesarias para proteger nuestra salud y la de los demás)!

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