La ley del péndulo

La humanidad sólo lograremos que avance con amplios consensos, fruto de un diálogo sincero y profundo entre los representantes de las partes. Este es el camino de la paz, la concordia y la prosperidad para todo el mundo. La antítesis es la desconfianza, el conflicto, la confrontación y la violencia que, cuando es masiva, degenera en guerra y destrucción.

Desgraciadamente, en Europa y en la península Ibérica -desde tiempos inmemoriales y hasta hace sólo 30 años, con la guerra de los Balcanes- hemos estado subyugados, reiteradamente, por el grito de la sangre y el estrépito de las armas y de las bombas. En el caso de Cataluña, la desgraciada aventura independentista nos ha llevado, por instantes, al filo del enfrentamiento civil.

Pero parece que, en esta etapa del siglo XXI que ahora vivimos, la racionalidad se impone y asistimos al triunfo del espíritu inteligente de la negociación y del pacto y a la supresión de la palabra “enemigo”. Es una expresión de ello la mesa de diálogo que reúne a los gobiernos español y catalán para trabajar conjuntamente en la recuperación de la confianza mutua y en la solución definitiva a la delimitación y el encaje de competencias, en el marco de la subsidiariedad federal vigente en la Unión Europea (UE).

Pedro Sánchez y Pere Aragonès tienen la obligación de superar la pésima página de la historia que protagonizaron Mariano Rajoy y Artur Mas y abrir un nuevo periodo de relaciones entre España y Cataluña, con la voluntad de restablecer una plena colaboración, pensando en el bienestar del conjunto de la población. En este contexto, tal como exige ERC, hay que encontrar y articular el marco legislativo que garantice el uso y la pervivencia de la lengua catalana.

También es motivo de alegría y de esperanza que España y Portugal hayan renovado y ampliado el Tratado de Amistad y Cooperación, en la cumbre de jefes de gobierno y de ministros que se ha celebrado esta semana pasada en Trujillo. La primera versión de este tratado fue firmada en 1977 por los entonces presidentes Adolfo Suárez y Mario Soares y ahora se ha procedido a su actualización y profundización, en un contexto en el cual los dos países forman parte de la UE.

En esta coyuntura histórica tiene más sentido que nunca que España y Portugal, que están separadas desde el año 1640, colaboren intensamente para recuperar la dimensión ibérica. La península es un “hub” único que une cuatro continentes y esta privilegiada posición geoestratégica, si la sabemos aprovechar, es la clave de nuestro futuro y el de nuestros descendientes.

En paralelo a la “cimeira” de Trujillo, también se ha celebrado un encuentro muy importante en Zaragoza: la de los empresarios de Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, con la presencia de los presidentes Javier Lambán, Ximo Puig y Francina Armengol. La voluntad empresarial de vertebrar el espacio de la antigua Corona de Aragón es un hito de gran trascendencia, después de años de estar alejados por absurdos y enconados rifirrafes políticos e identitarios.

Estos cuatro territorios, que basculan sobre el eje mediterráneo, representan el 34% del PIB del Estado español y han sido las víctimas históricas del modelo centralista que, inspirado en Francia, nos trajo la dinastía borbónica, instaurada en el siglo XVIII. Obviamente, el Estado de las autonomías ha servido para revertir, en gran parte, esta situación heredada, pero todavía quedan muchas inercias del pasado que hay que vencer y, en este sentido, el encuentro empresarial y político de Zaragoza es un primer paso para reaccionar en positivo ante la pulsión centrípeta de Madrid, más fuerte que nunca por la dinámica que impone la actual fase de concentración del capitalismo.

El presidente Pere Aragonès no estuvo en Zaragoza, pero sí en la Seu d’Urgell, para asistir el pasado viernes al encuentro empresarial que promueve la revitalización de los Pirineos, destinados a dejar de ser frontera por devenir la columna vertebral del gran espacio económico occitano y catalán-aragonés. Las comarcas pirenaicas, que sufren despoblamiento y envejecimiento, son la “cenicienta” de Cataluña, pero, a la vez, son el gran foco donde hay que operar para lograr el necesario reequilibrio territorial y demográfico que predica el gobierno de la Generalitat.

En este sentido, el proyecto para la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno del año 2030 puede ser el gran revulsivo que devuelva a estas comarcas la vitalidad y el dinamismo perdidos y de esto se habló en el encuentro de la Seu d’Urgell. Desgraciadamente, ERC, el partido del presidente Pere Aragonès, se coge este proyecto con pinzas y la CUP, directamente, se opone de manera contundente.

Cataluña siempre se ha hecho “de arriba abajo” y la agonía del Pirineo –que ya hace décadas que dura- es el síntoma de la decadencia general que sufre el país. Si devolvemos la energía a las altas montañas, éstas tendrán la calidad y la capacidad de revitalizar las tierras bajas y el litoral.

Trujillo, Zaragoza, la Seu d’Urgell… Encuentros de alto nivel que dibujan un horizonte de esperanza. Es justo esto lo que necesita la sociedad, perdida, preocupada y desarmada: políticos y empresarios con ideas y proyectos de futuro. Y Glasgow, donde los líderes mundiales se reúnen estos días para abordar la gran amenaza del cambio climático y acelerar la transición energética para salvar a la humanidad de su autodestrucción.

Estamos saliendo de una época dominada por la pulsión del “nosotros solos” (Donald Trump, Brexit, los populismos identitarios, como el caso del proceso independentista catalán…) y entramos en otra, opuesta, que aboga, con voluntad de concordia y fraternidad, por el diálogo entre diferentes, la negociación y el pacto: la ley del péndulo.

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