Hipocresía ambiental

Recientemente un ingeniero de Girona, articulista, ha publicado lo que nos parece una batería de medias verdades, mentiras y fakes en relación con el proyectado (y no aprobado aún) parque eólico marino de Roses. El listado de impactos que relaciona, en caso de que se haga este parque, es tan alarmista que parecería que estemos cerca de un cataclismo de proporciones gigantescas. Es sorprendente la exhaustiva y radical lista de agravios, cuando este proyecto ni ha pasado los trámites del ministerio, ni está en proceso de información pública, ni se conocen todavía las compensaciones para el territorio que parecer tiene previstas la empresa.

Así y todo, todavía le supera en nivel alarmista y digno de pasar a los anales de la demagogia, en este caso un investigador científico del CSIC, cuando afirma (aprovechando la presentación de un libro en Roses), y transcribimos literalmente, que «los impactos ambientales del parque eólico marino serán superiores a los impactos del cambio climático en este lugar mediterráneo»(!!!). Esta colosal tontería, no desmentida por ninguna institución científica, ni Generalitat, ni partido político, etc., nos hace pensar que el nivel de intoxicación, manipulación, propaganda contra este parque, y la energía eólica en particular, está llegando a extremos que pueden generar dinámicas de confrontación, que podrían bordear la ilegalidad por apología del odio y que, con el tiempo, podrían abrir la puerta a escenarios de ecofascismo (no juguemos con fuego con la polarización).

Pero volvamos a los impactos. Según el articulista, este parque provocará «impactos en el entorno marino, bajo el mar (…), en el espacio aéreo (…), en la actividad de la navegación, la mercantil, la de recreo, la de pesca (…), sobre el paisaje y el patrimonio natural (…), en el entorno terrestre (…), una catástrofe natural (…), social, sobre el territorio, impactos económicos y turísticos, sobre la producción de energía (…)». En fin, el listado es extenso y magnificado generosamente. En otros países europeos y nórdicos, con tradición eólica marina, se quedarían estupefactos y desconcertados con estas afirmaciones. Lo que nos sorprende de estos articulistas, algunos científicos y otros empresarios y organizaciones, es que sean tan radicales, casi revolucionarios, y en cambio durante años, muchos años, no hayan dicho ni hecho nada, absolutamente nada, sobre los disparates y los impactos del «no hacer nada» en la bahía de Roses, en muchos lugares del Empordà o en la Costa Brava.

Susana Alonso

Es un gran contraste observar el silencio más absoluto durante años sobre el nivel de emisiones de CO2, el nivel de impactos del cambio climático en este territorio, y de la cuota de responsabilidad en la causalidad de este cambio climático, de la degradación del litoral, de la masificación turística (en la que han colaborado por acción u omisión), de un urbanismo especulativo y depredador, de convertir algunas localidades en auténticos parques temáticos, de abandonar a su suerte al sector primario (agricultores y pescadores), de mirar hacia otra parte con los impactos visuales a 100 metros (no a 25 kilómetros mar adentro, donde parece estaría ubicado el parque), de no haber hecho, ni durante años, ni ahora, ninguna crítica radical a la inacción por parte del conjunto de las administraciones en relación con las políticas de adaptación al cambio climático (las urgentes), por más que ahora, hace cuatro días, se hayan tomado en serio las de mitigación (aprovechando los fondos europeos). Ya fueron un grave e importante aviso los impactos del Gloria. De hecho es el aviso más serio y nítido de cómo se va concretando en nuestro entorno costero la conjunción de aumento del nivel del mar, tormentas cada vez más virulentas, vientos huracanados, etc., y las medidas de adaptación y resiliencia al cambio climático que se deberían estar implementando, ¡ya!, a lo largo de la costa, y en concreto, en la bahía de Roses, para proteger playas, puertos, infraestructuras turísticas y hoteleras en primera línea de mar o de costa.

Pues bien, estos referentes tan radicales, una pequeña muestra de los muchos que últimamente proliferan por el Empordà, de eso no dicen nada. No hacen ninguna crítica a los ayuntamientos, Diputación, Generalitat, ni tampoco ninguna crítica a la inacción de otros organismos de la sociedad civil, incluso de tipo «reivindicativo» o «ecologista», como SOS Costa Brava. No dicen nada sobre la inacción en relación con los dispositivos y las infraestructuras que deberían estar construyendo, nuevas normativas de zonas inundables, sistemas de alerta anticipada, diques de contención, planes de emergencia, zonas de evacuación, etc.

Inaudito. Esto no merece ni crítica, ni alarma social.

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