Can Serra, capital de los objetores

Pepe Beúnza, a pesar de saber que existía la objeción de conciencia por motivos religiosos, fue el pionero en plantearla por motivos políticos, para conseguir que la objeción de conciencia fuera plenamente un derecho. Él fue el primero en hacerla por motivos políticos. Cautivado por la comunidad francesa Arca, liderada por Lanza del Vasto, filósofo de la no-violencia, Beúnza decidió que sería objetor de conciencia, y por eso se fue preparando desde 1968 en dos sentidos: soportar prisión por cuando le tocase asumirla y preparar después una campaña a nivel estatal e internacional para amplificar su reivindicación.

Fue en 1971 cuando se negó a ponerse el uniforme, y cuando estaba en la cárcel se inició una campaña para hacerlo público en periódicos y revistas. En paralelo, se iniciaba una acción desde Ginebra, donde arrancó una marcha a pie hasta Valencia que cuando llegó a la frontera española integraba más de 800 personas. Finalmente, fue condenado a quince meses de prisión y posteriormente indultado. Al salir de la cárcel y volver a ser llamado para hacer el servicio militar, se fue al barrio de Orriols (Valencia), que en aquellos momentos tenía un 20% de niños analfabetos, y con la colaboración de estudiantes y de la parroquia del barrio montó una guardería e impartió clases nocturnas.

Lo detuvieron y fue condenado posteriormente a un año de prisión en un nuevo consejo de guerra -como desertor- y se lo llevaron a un batallón de corrección de la legión en el Sahara. Si Pepe Beúnza fue su inspirador, lo cierto es que no fue hasta que vuelve del Sahara cuando, conjuntamente con Gonzalo Arias, diseñan una nueva campaña que llaman Voluntariado para el Desarrollo y pasan un año haciendo charlas.

Este paso es muy importante porque se salta de acciones individuales a una demanda colectiva, y es en este contexto, en una sociedad en la que hay siete millones de analfabetos, cuando establecen, en abril de 1975, vínculos con Can Serra. En este barrio de Hospitalet de Llobregat había un fuerte movimiento vecinal en torno a la Casa de la Reconciliación de la comunidad parroquial, donde se hacían actividades para los vecinos. Ellos comienzan a prestar servicios de alfabetización, acompañamiento a personas mayores o un servicio de guardería para madres trabajadoras; editan un libro donde explican los motivos de la objeción y un documental, y el 24 de diciembre del mismo año, en la misa del gallo, leen en iglesias catalanas un manifiesto que se titulaba Camino hacia la paz, donde anunciaban que se negaban a hacer el servicio militar y que, en contrapartida, llevaban ocho meses de proyecto social en el barrio de Can Serra. Seis jóvenes que estaban dispuestos a ir a la cárcel lo escuchaban. Esa noche no sabían si serían detenidos, cosa que sucedió un mes después, con lo que consiguieron la repercusión que buscaban.

Si Beúnza fue el inspirador de los objetores, el grupo de Can Serra fue el precursor de que los grupos de objetores aparecieran en toda la geografía española; enseguida en ciudades como Madrid o Bilbao proliferaron sus grupos. En la década de 1978-88 el movimiento hace una eclosión. Si bien el derecho constaba en la Constitución, no había ley ni reglamento que lo desarrollase, pero finalmente, en 1988, se aprueba una prestación social sustitutoria de la mili, aunque esta requería el doble de tiempo para hacerla. En paralelo a la implementación de la prestación social sustitutoria, nace una apuesta más radical para defender los valores del pacifismo, el antimilitarismo y la no-violencia que es la de los insumisos.

Es el 20 de febrero de 1989 cuando 57 jóvenes se niegan a hacer el servicio militar ni ningún tipo de prestación. La gran sorpresa fue la gran cantidad de jóvenes que empiezan a declararse objetores. El movimiento no paraba de crecer y los objetores ya eran miles, y también las cárceles se empezaban a llenar de insumisos. Posteriormente, como respuesta a la reforma del Código Penal de 1996, el movimiento sube otro peldaño y comienza a haber insumisos en los cuarteles.

Es en 2001 cuando se aprueba la abolición del servicio militar, y en 2002 salen los últimos presos insumisos. Así termina el movimiento de desobediencia civil más grande de Europa, que, en palabras del profesor Martí Marín, fue una experiencia plural de convivencia de jóvenes de orígenes y de ideologías diversas que tenían como único nexo común su juventud y sus ideales de paz.

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