Perfil de los ‘riders’: Sin papeles, en negro y mileurista

CCOO denuncia los casos de acoso que sufren las mujeres repartidoras

Llueve, es sábado por la noche y tienes ganas de comer japonés. La solución está a golpe de teléfono y de pedal. En un momento, un rider te llevará la comida a tu casa. Pero esta comodidad tiene una contraprestación: precariedad laboral, acoso sexual, accidentes no reconocidos y jornadas interminables para cobrar unos 1.200 euros brutos mensuales.

Gabriel es brasileño, no tiene papeles y trabaja como rider desde hace dos años con una cuenta alquilada. “Trabajo para Glovo y parar Uber, pero si alguno de los dos supiera que estoy bajo la cuenta de otra persona, nos cerrarían”, asegura. Gabriel trabaja nueve horas en el día, y sábados y domingos, una más, hasta diez horas. “Llevo así dos años, y hace solo seis meses que puedo decir que me gano la vida. Cobro unos 1.200 euros brutos en el mes”, explica.

Este es el retrato robot de un rider: inmigrante sin papeles que trabaja en “negro” durante muchas horas. Un perfil que nos insiste Franz, venezolano de 38 años: “Estoy aquí sin papeles mientras se resuelve mi proceso de asilo político”. Igual que Gabriel, también tiene una cuenta alquilada: “Es a través de un familiar que me deja la cuenta y yo le pago los impuestos”. Franz cobra unos 1.100 euros brutos mensuales: “Cada día me saco entre 20 y 40 euros, y los fines de semana entre 50 y 70, depende de los pedidos que puedas tener”, dice.

Las vidas y los pedales de estos riders los controla un algoritmo que no entiende de bajas laborales, ni de acosos, ni de accidentes de tráfico. Todo se mesura por horas trabajadas, pedidos entregados y comentarios positivos.

Según explica Carmen Juares, responsable de nuevas realidades del trabajo y precariedad del sindicato CCOO en Cataluña, esto quiere decir que “los riders están conectados una media de seis días en la semana entre ocho y diez horas diarias, y los sueldos corresponden a los que están dados de alta de autónomos. En el caso de los trabajadores inmigrantes, la gran mayoría cobran un salario menor, puesto que tienen que dar un porcentaje de sus ingresos a quienes les alquila la cuenta. Las empresas se sustentan sobre estas personas y se aprovechan de su vulnerabilidad y su necesidad de trabajar”.

La esclavitud del siglo XXI va sobre ruedas. Y unas ruedas que esperan no pinchar, porque como asegura Gabriel: “Si tienes un problema o un accidente, es cosa tuya. La empresa no se hace cargo de nada. Solo te penaliza si no puedes trabajar, y la bici lo tienes que arreglar tú”. Siniestros, accidentes y también acoso sexual, según refleja el informe que radiografía la actividad de los riders.

Los casos de acoso a las repartidoras se incrementan, aseguran desde CCOO: “Los clientes los piden que entren a casa, las reciban desnudados y se les insinúan, siempre con la coacción de poner una mala crítica que penaliza la trabajadora”. Carmen Juares relata el caso de una de las riders entrevistadas para el informe: “Una de las chicas subió el encargo y el cliente se le insinuó. Cuando la chica se negó, el cliente enfadado la puntuó mal y aseguró que no había entregado el pedido, cosa que provocó que la mujer fuera sancionada y no pudiera trabajar durante tres días por qué tenía la cuenta bloqueada”.

Glovo y Uber aseguran que tienen una política de tolerancia cero contra el acoso y la discriminación de género, pero, como asegura Juares, “no hay manera de probar que tienes delante un cliente desnudo que te hace insinuaciones porque no lo puedes grabar, y la plataforma se desentiende de las situaciones de acoso”.

Parece que las penalizaciones tienen los días contados, o esto es el que se espera de la llamada Ley Rider, una dura negociación que ha acabado con el consenso de patronal, sindicatos y Gobierno, y que contempla que muchos de los trabajadores pasarán a ser asalariados. Es famosa la frase de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz: “Una persona que va en bicicleta no es un emprendedor, sino un trabajador”. Pero lo más esperado de la ley es hacer salir a la luz los algoritmos que regulen la actividad de los riders, y que, según el ministerio, garantizaría neutralizar los castigos de estos procesos matemáticos.

Pero como dice el dicho, nunca llueve a gusto de todo el mundo y hay voces discrepantes, como nos asegura Franz: “Los que son autónomos quieren la ley, pero la mayoría somos gente sin papeles o con cuentas alquiladas, que nos quedaremos sin trabajar. Y este es el único trabajo al cual tenemos acceso, cobrando en negro. Pagan muy mal y se aprovechan de nosotros”. Un pez que se muerde la cola, pero que continúa pedaleando.

LEE EL ARTÍCULO ENTERO EN EL TRIANGLE EN EL NÚMERO 1.436 DE LA EDICIÓN EN PAPEL.

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